El documento árabe hallado en Dongola que confirma que el legendario rey nubio Qashqash existió

Un escriba transmite instrucciones reales para realizar un trueque concreto

Héctor Farrés

13 de marzo de 2026 17:10 h

0

Los reyes no siempre aparecen en los registros históricos a través de guerras o conquistas. Qashqash, gobernante de Nubia, también se relaciona con decisiones administrativas y con el control de intercambios entre comerciantes y miembros de la élite local. En ese marco aparece su figura como dirigente que intervenía en operaciones económicas pequeñas y concretas dentro de su territorio.

La presencia de su nombre en documentos vinculados a transacciones comerciales muestra una forma de gobierno basada en la gestión cotidiana de recursos y relaciones sociales. Ese tipo de actividad quedó documentado de manera tangible en un hallazgo arqueológico realizado en el norte de Sudán.

Un pequeño manuscrito confirma por primera vez la existencia histórica del gobernante

Ese rastro apareció en Old Dongola, al norte de Sudán, dentro de uno de los grandes centros del antiguo reino cristiano de Makuria. Según la Universidad de Varsovia, el documento en árabe mide 10 por 9 centímetros, se fechó entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII y confirmó por primera vez la existencia histórica de Qashqash. El estudio, publicado por Taylor & Francis, sitúa la pieza en un momento de declive de Makuria, mientras crecían el Sultanato de Sennar y el Egipto otomano.

La fecha no venía escrita en el papel, y por eso el equipo cruzó varias pistas hasta acotar el reinado. En la misma sala aparecieron ocho monedas de plata acuñadas bajo Murad IV, que gobernó entre 1623 y 1640, y quizá también bajo Ibrahim, su sucesor entre 1640 y 1648. A eso se sumó una datación por radiocarbono hecha con restos orgánicos del vertedero, que situó el descarte de los papeles entre 1735 y 1778.

Para afinar aún más, los investigadores recurrieron a Wad Dayfallah y su Kitāb al-Ṭabaqāt, donde figura Kashkash como antepasado del entorno de Muhammad b. ‘Isa Suwar al-Dhahab. Evliya Çelebi citó la tumba de ese hombre santo en la década de 1670, y el artículo añade también las noticias de Poncet.

Ese cruce de fechas encaja con una imagen del poder muy distinta de la que había circulado durante siglos. León el Africano dejó escrito que el rey de Nubia estaba “siempre en guerra”, pero Tomasz Barański, Artur Obluski y Maciej Wyżgoł explican en Taylor & Francis que esta orden muestra al soberano ocupado en el gobierno diario.

Theodor Krump ayuda a leer ese mundo desde fuera, porque describió cortes donde circulaban ovejas, bienes valiosos y favores. Los autores hablan de “micropolítica” para explicar una operación en la que el monarca intervenía en relaciones de prestigio, protección y acceso a mercados. Esa lectura desplaza la vieja imagen del rey guerrero y lo coloca en tareas de mediación económica y social.

Las genealogías de aldeas cercanas recuperan la memoria del antiguo dirigente

La pieza también ha movido algo fuera del yacimiento. En las aldeas próximas a Old Dongola, como Ghaddar, Bukkibul y al-Ghaba, varias familias mantienen genealogías que enlazan su linaje con Qashqash. El estudio recoge que, tras conocerse el hallazgo, algunos descendientes empezaron a trabajar con los arqueólogos y a ordenar historias familiares.

Los propios investigadores dejaron escrita una frase sobre ese proceso al señalar que “las consultas comunitarias revelaron un conocimiento genealógico sobre los descendientes del rey Qashqash”. Esa colaboración no nació de una consigna académica, y sí de un nombre que volvió a tener apoyo material.

Un escriba real redactó una orden comercial con ovejas y textiles

Ese apoyo material se entiende mejor al leer el contenido del papel. Hamad, escriba real, redactó la orden para Khidr, subordinado del rey y encargado de mover una transacción cuando llegara el comerciante Muhammad al-‘Arab. El anverso dice que “cuando Muhammad al-‘Arab llegue, toma de él tres RDWYAT y dale una oveja y su cría”. Los investigadores discuten todavía el sentido de RDWYAT y barajan dos salidas, una tela usada como pago o una referencia al hilo de urdimbre.

En el reverso aparece otra instrucción para ‘Abd al-Jābir, que debía recibir tres piezas de algodón y “una cabeza”, mientras la oveja y el cordero volvían a su dueño original. Ahí se ve un trueque en el que circulaban textiles, ganado y rango social.

El lugar donde salió el documento también ayuda a entender a qué grupo pertenecía esa red. La orden apareció en la sala U128 de la Casa del Mekk, un edificio mucho más grande que las viviendas comunes de la época y ligado a gobernantes menores del Sudán precolonial.

Según el estudio, allí hubo fragmentos de lino, algodón y seda, además de zapatos de cuero, un mango de puñal de marfil o cuerno de rinoceronte, un anillo de oro, balas de plomo y un cuerno de buey que pudo servir como polvorín. Las leyes suntuarias del Sultanato de Sennar reservaban varios de esos tejidos para la aristocracia, y las armas de fuego circulaban entre hombres de confianza del poder.

Por eso la casa no solo guardó un papel, también dejó el rastro casero de una élite que administraba bienes, favores y autoridad en la Dongola de aquel tiempo.

Etiquetas
stats