¿Cuándo empezó Italia a producir aceite de oliva realmente? Los estudios lo sitúan antes del auge del Imperio romano

Asaja aboga por esperar a cómo responden los olivos en primavera  para determinar el futuro del aceite de oliva

Héctor Farrés

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La producción de aceite a gran escala no depende de una única causa ni responde a un patrón universal. Algunos países destacan por sus condiciones climáticas, otros por la extensión de sus suelos cultivables y otros por una acumulación de conocimientos agrarios que se transmite durante generaciones. En estos casos, el aceite aparece como resultado de combinar especies adaptadas, técnicas eficaces y una demanda sostenida. Esa suma explica por qué ciertos países concentran buena parte de la producción mundial.

Sin embargo, esa posición no se entiende solo desde el presente, porque suele apoyarse en procesos largos que dejan huellas materiales. De ahí que la explicación completa requiera acudir a registros históricos y arqueológicos que documenten cómo se construyó esa especialización productiva.

La arqueología reciente ha documentado que Italia participó de forma continuada en la explotación del olivo y la producción de aceite desde la prehistoria hasta época romana, según estudios publicados en American Journal of Archaeology. Los análisis combinan registros polínicos, restos de carbón vegetal y evidencias botánicas que permiten seguir ese proceso a lo largo de milenios. Ese conjunto muestra que el cultivo y aprovechamiento del olivo no fue un fenómeno puntual ni importado de forma tardía, sino una práctica adaptada a distintos contextos ecológicos. Además, esos datos sitúan a la península itálica como un territorio activo en la construcción de paisajes agrarios vinculados al aceite.

Los registros arqueológicos sitúan a Italia como actor principal desde épocas tempranas

Las evidencias más antiguas proceden de contextos prehistóricos y muestran el uso del olivo silvestre como recurso forestal. En regiones como Sicilia, Apulia, Calabria y Cerdeña se han identificado restos que indican su explotación desde el Mesolítico y el Neolítico. A partir del Neolítico medio, el aumento de huesos de aceituna y de carbón de olivo apunta a una gestión más selectiva de estos árboles. Ese proceso no implica una domesticación plena, pero sí una intervención humana continuada que modifica el entorno vegetal y anticipa prácticas agrícolas posteriores.

La época romana integró el aceite en sistemas económicos de gran escala

En época romana, la producción de aceite alcanzó una escala mucho mayor y se integró en sistemas económicos complejos. Las excavaciones documentan molinos rotatorios, prensas, suelos impermeables y depósitos de decantación repartidos por Campania, Lacio y Apulia, entre otras zonas. Estas instalaciones reflejan una secuencia técnica estable que permitía transformar grandes volúmenes de aceituna en aceite. Aunque las importaciones provinciales tuvieron peso en el abastecimiento, la evidencia indica que Italia mantuvo una producción relevante, incluso en fases imperiales avanzadas, con adaptaciones locales y variaciones regionales.

Los primeros indicios claros de producción de aceite aparecen ya en la Edad del Bronce. En el sur de Italia se han localizado grandes contenedores cerámicos y residuos orgánicos compatibles con aceite vegetal. Estos hallazgos sugieren una producción a pequeña y media escala integrada en sistemas agrícolas mixtos. El olivo convivía con la vid y los cereales, sin una especialización exclusiva, pero con un conocimiento técnico suficiente para transformar el fruto. Esa diversidad explica la ausencia de un único modelo productivo en la península.

Durante la Edad del Hierro, el cultivo del olivo se intensificó y se expandió territorialmente. Los registros polínicos muestran aumentos significativos en Toscana, Lacio y Apulia entre los siglos VIII y VI a.C. Ese avance coincide con procesos de urbanización y reorganización del territorio. El olivo se cultivó más allá de su área bioclimática óptima, lo que implica una selección progresiva de variedades y una mejora de las prácticas agronómicas. En ese contexto, el aceite pasó a integrarse de forma estable en la dieta, la iluminación y los rituales, consolidando una tradición productiva que explica la posición posterior de Italia entre los grandes productores históricos.

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