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Espacio natural protegido, en este parque poblado de alcornocales se produce un tercio del corcho de toda la península

La mayor parte de su territorio se localiza en la provincia de Cádiz, abarcando municipios como Alcalá de los Gazules, Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera o Los Barrios

Alberto Gómez

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El Parque Natural de Los Alcornocales, situado en el extremo occidental de la Cordillera Bética, representa la mayor masa conservada y productiva de alcornocal de toda la península ibérica y una de las más importantes del mundo. Este espacio protegido, declarado como tal en julio de 1989, se extiende por un conjunto de sierras de fuertes pendientes formadas principalmente por roca arenisca, ofreciendo un paisaje de una exuberancia vegetal casi selvática. Con una superficie aproximada de 170.000 hectáreas, es actualmente el tercer espacio natural protegido de mayor tamaño en toda la comunidad autónoma de Andalucía. La mayor parte de su territorio se localiza en la provincia de Cádiz, abarcando dieciséis municipios, mientras que el borde noroccidental pertenece a la provincia de Málaga, representada en este caso por el término municipal de Cortes de la Frontera. 

Entre las localidades gaditanas que integran este entorno destacan Alcalá de los Gazules, Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera y Los Barrios, todas ellas ligadas históricamente a la gestión de este inmenso patrimonio natural. El relieve del parque está dominado por alturas como el Pico del Aljibe, que con sus 1.087 metros de altitud constituye el punto más elevado de la zona. Dentro de la economía rural de la región, el aprovechamiento del corcho se erige como la actividad estrella y el recurso forestal por excelencia de estas sierras. Las cifras que arroja este espacio son monumentales para el sector industrial español, ya que se estima que en el parque se producen anualmente unas 26.000 toneladas de corcho húmedo. Esta producción media anual es tan relevante que equivale aproximadamente a la mitad de todo el corcho generado en Andalucía y representa un tercio de la producción total de corcho en España.

El uso de esta corteza ha evolucionado significativamente a lo largo de los siglos, pasando de ser un material destinado a la artesanía comarcal, como la elaboración de colmenas o raseras, a ser objeto de una explotación industrial. Fue a partir del segundo tercio del siglo pasado cuando comenzó su extracción intensiva y planificada, impulsada principalmente por la creciente demanda de la industria vitivinícola para la fabricación de tapones. Hoy en día, esta actividad no solo es un motor económico, sino también una práctica regulada que garantiza la supervivencia del bosque. La labor de extracción del corcho, denominada técnicamente como “descorche”, es una de las tradiciones más vivas del parque y se realiza exclusivamente en la época estival.

Se estima que en el parque se producen anualmente unas 26.000 toneladas de corcho húmedo

Estas operaciones de pelado de los árboles se llevan a cabo durante los meses de junio, julio y hasta mediados de agosto, aprovechando el periodo en el que la corteza puede separarse del tronco sin dañar el árbol. De ahí que durante esta temporada sea común observar en los senderos las pilas de corcho esperando ser transportadas y los troncos de los alcornoques con su característica tonalidad rojiza tras el pelado. Sin embargo, el parque es mucho más que sus alcornoques, albergando una diversidad botánica que incluye acebuches, quejigos y robles andaluces en las zonas más húmedas. Un elemento único en Europa son los llamados «canutos», valles profundos y estrechos excavados por los ríos donde se mantienen condiciones de umbría y humedad constantes. 

Es en estos refugios donde se conserva la laurisilva, un bosque de ribera propio de la Era Terciaria con especies como el laurel, el rododendro y el durillo, que aprovechan la escasa luz que penetra en los barrancos. Toda esta riqueza biológica es posible gracias a una hidrología muy activa y a una climatología peculiar marcada por la humedad proveniente de la costa. Numerosos ríos como el Hozgarganta, el Barbate y el Guadalmesí riegan estas tierras, mientras que la niebla que se acumula en los valles permite la existencia de los bosques de niebla. Los suelos de arenisca, predominantes en el parque, son los que han favorecido históricamente la densidad y el vigor del alcornocal frente a otros tipos de vegetación.

Una fauna muy diversa

En cuanto a la fauna, su posición estratégica cerca del Estrecho de Gibraltar convierte al parque en un punto de referencia para las aves migratorias. Hasta 18 tipos de aves rapaces surcan sus cielos, incluyendo águilas calzadas, culebreras y buitres leonados que anidan en los tajos rocosos. En el interior de los bosques habita el corzo morisco, una especie autóctona considerada el emblema de la caza mayor en la zona, junto a otros mamíferos como el meloncillo, la gineta y el tejón. Debido a todos estos valores excepcionales, el Parque Natural de Los Alcornocales goza de múltiples figuras de protección legal que aseguran su conservación futura. Además de ser un espacio protegido por la ley andaluza, está catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y está incluido en la Red Natura 2000 como Zona Especial de Conservación (ZEC). También forma parte de la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo, un reconocimiento que subraya su importancia a nivel internacional.

La presencia humana en estas sierras ha sido constante desde la prehistoria, desarrollando actividades que hoy conviven con el turismo de naturaleza. Además del corcho, el parque es fuente por ejemplo de otros recursos como la apicultura, la recolección de setas en otoño o la cría de ganado autóctono como la vaca retinta. Estas prácticas tradicionales, sumadas a la obtención de brezo y piñones, han permitido el mantenimiento de un tejido socioeconómico rural que respeta los ciclos naturales del entorno. Para el visitante, la oferta cultural y deportiva es inmensa, contando con una red de una veintena de senderos señalizados y diversos itinerarios de cicloturismo. Además hay localidades que poseen un patrimonio monumental que incluye castillos medievales o antiguas fábricas de artillería. 

El ecoturismo, por lo tanto, se ha consolidado en esta zona de la provincia de Cádiz así como una alternativa sostenible para dinamizar los pueblos blancos que bordean y forman parte del corazón del alcornocal. Un espacio natural que se mantiene como un bastión de biodiversidad y un ejemplo de equilibrio entre la explotación forestal y la preservación del medio ambiente. El Parque Natural de Los Alcornocales no es solo un pulmón verde sino también la punta de lanza de la industria que logra poner el broche final a las botellas de medio mundo.

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