Desde esta fortaleza, declarada Bien de Interés Cultural, se divisaba la línea fronteriza de castillos que separaba la frontera nazarí y la castellana
El imponente Castillo de Olvera se alza majestuoso a unos 700 metros de altitud sobre un escarpado cerro rocoso que domina el paisaje de la provincia de Cádiz. Esta fortaleza constituye un símbolo indiscutible de la arquitectura defensiva medieval y ofrece una estampa icónica que se divisa desde kilómetros de distancia en la serranía. Su ubicación no fue casual, ya que su emplazamiento estratégico permitía vigilar la antigua línea fronteriza que separaba los territorios musulmanes de los cristianos durante la Baja Edad Media. Hoy en día, esta edificación sigue atrayendo a numerosos visitantes que buscan comprender el pasado bélico de la zona. La roca sobre la que se asienta dicta su fisionomía irregular, integrando la piedra natural con los muros construidos por el hombre a lo largo de los siglos.
Los orígenes de esta construcción se remontan a finales del siglo XII, cuando fue erigida originalmente como una fortaleza árabe del Reino Nazarí de Granada. En las crónicas de la época musulmana, el enclave era conocido bajo los nombres de Wabra, al-Wabira o Uryawila, formando parte de una red defensiva crucial. Sin embargo, la estructura que se puede admirar actualmente es el resultado de profundas remodelaciones cristianas llevadas a cabo tras su caída definitiva. La toma de la plaza se produjo en el año 1327, tras un duro asedio dirigido personalmente por el rey Alfonso XI, quien logró la capitulación. Este monarca castellano valoró la posición de Olvera como un bastión fundamental para el avance hacia el Estrecho de Gibraltar y la consolidación de la frontera.
Tras su conquista, el castillo pasó a ser la principal avanzada cristiana frente al poder nazarí hasta la caída de plazas como Zahara y Ronda. El primer señorío de la villa fue otorgado al linaje de los Pérez de Guzmán, una familia noble de Sevilla que rigió el destino del castillo hasta principios del siglo XV. Más adelante, en el año 1460, la propiedad pasó de las manos de los Stúniga a los Girón por una suma de casi dos millones de maravedíes. Pedro Téllez Girón recibiría posteriormente el título de Duque de Osuna en 1562, vinculando la fortaleza a esta casa ducal durante más de tres siglos. Este periodo de dominio señorial dejó una huella imborrable en la organización social y económica del municipio hasta bien entrado el siglo XIX.
La arquitectura del recinto destaca por su planta irregular en forma de triángulo alargado, diseñada específicamente para adaptarse a la orografía del promontorio rocoso. Los muros se integran con el relieve natural, descendiendo en pendientes espectaculares que garantizaban una defensa casi inexpugnable ante posibles asaltantes de la época. De la fortificación original aún se conservan lienzos de muralla, varios torreones y la emblemática torre del homenaje, aunque predominan los rasgos cristianos del siglo XIV. La única puerta de acceso al recinto está protegida por una barbacana y presenta un escudo, reflejando el carácter puramente militar del edificio. Bajo sus muros nacía la muralla urbana que rodeaba la antigua población medieval, protegiendo lo que hoy se conoce como el Barrio de la Villa de Olvera.
Uno de los elementos defensivos más sofisticados que conserva la fortaleza es su característica entrada en recodo, situada tras la primera puerta. Este ingenioso sistema obligaba a los atacantes a realizar giros forzosos antes de acceder al patio de armas, facilitando enormemente la labor de los defensores. En este mismo sector se encuentra una acitara merlonada con saetera de cruz y orbe, un detalle arquitectónico que refuerza la seguridad del punto de entrada. El patio de armas, corazón de la actividad militar, servía como punto de distribución hacia las diferentes dependencias y torres de flanqueo. Además, el recinto contaba con un sofisticado sistema de abastecimiento de agua compuesto por dos aljibes, uno de uso común y otro anexo a la torre principal.
La torre del homenaje constituye el elemento más significativo y reconocible de todo el conjunto monumental de Olvera por su gran volumen. Situada en la zona sur, presenta una planta rectangular con vértices redondeados y está construida con mampostería e hiladas de piedras irregulares. La estructura se divide en dos plantas interiores, ambas cubiertas por bóvedas de medio cañón que garantizaban la solidez del edificio. Curiosamente, su acceso original se encuentra a más de cinco metros de altura para dificultar el asalto, requiriendo un patín de tambor posterior. Una estrecha escalera de caracol permite alcanzar la parte más alta de la torre, desde donde se realizaban las labores de vigilancia y comunicación visual.
Vistas de 360 grados
El dominio visual desde las torres del castillo era vital, ya que mantenía enlaces ópticos con otras fortalezas cercanas como Pruna, Zahara o Setenil. Esta red de comunicación permitía alertar rápidamente sobre movimientos enemigos a lo largo de la convulsa frontera castellano-nazarí durante los siglos XIII y XIV. En la actualidad, esa misma ventaja estratégica ofrece a los visitantes una perspectiva panorámica de 360 grados sobre varias provincias de Andalucía. Al norte se divisa la sierra de las Harinas y el Castillo del Hierro, mientras que al oeste destaca la imponente sierra de Líjar. También es visible el peñón de Zaframagón, un icono natural declarado Reserva Natural que rompe el horizonte con su silueta característica cerca de la Vía Verde.
La protección legal del monumento es integral, habiendo sido declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento en el año 1985. Esta distinción se complementa con su inclusión dentro de la delimitación de Conjunto Histórico-Artístico y el nivel de protección municipal otorgado en 1999. Recientemente, el castillo ha sido sometido a una restauración a fondo que ha permitido conservarlo en un estado excelente para el disfrute público. Además, desde el año 2019, forma parte oficial de la Red de Castillos y Palacios de España, consolidando su importancia patrimonial a nivel nacional y su valor incalculable.
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