Un fósil hallado en China muestra que algunos dinosaurios tenían espinas huecas en la piel hace 125 millones de años y obliga a replantear su evolución
Las formas que cubren el cuerpo de un animal pueden decidir si sobrevive a un ataque o si logra escapar a tiempo. Las estructuras de defensa en dinosaurios adoptaron soluciones muy distintas, desde armaduras pegadas al dorso hasta prolongaciones que sobresalían de la piel y alteraban la silueta del animal.
En algunos casos actuaban como barrera física frente a mordiscos, y en otros añadían volumen que hacía más difícil agarrarlos. También podían influir en la temperatura corporal cuando estaban huecas o muy irrigadas, porque ofrecían superficie para liberar calor. Esa variedad obliga a fijarse en cómo estaban hechas por dentro para entender qué problema resolvían exactamente.
Las espinas pudieron frenar ataques y también ayudar a refrescar el cuerpo
En ese marco de adaptaciones, un equipo internacional identificó en el este de China a Haolong dongi, un iguanodóntido juvenil que vivió hace unos 125 millones de años y que conserva en la piel unas púas huecas nunca descritas en otros dinosaurios. El ejemplar apareció en sedimentos del Cretácico temprano y su estudio muestra tejidos blandos fosilizados con un nivel de detalle microscópico poco habitual.
Las espinas no proceden del hueso, sino de la propia epidermis, y su presencia obliga a revisar la idea de que las innovaciones cutáneas estaban limitadas a otros linajes. El hallazgo abre una revisión sobre cómo evolucionaron estas cubiertas corporales en este grupo herbívoro.
La primera función que se plantea para esas púas es la protección frente a depredadores. Haolong dongi era más pequeño que otros miembros posteriores de su grupo y compartía entorno con carnívoros activos de menor tamaño, por eso una superficie cubierta de espinas rígidas podía disuadir un ataque.
Las comparaciones con mamíferos actuales indican que no hacía falta una agresión activa para que resultaran útiles, bastaba con que el mordisco acabara en heridas dolorosas o en infecciones para que el riesgo dejara de compensar. Además, el hecho de que fueran huecas sugiere que también podían ayudar a disipar calor en climas cálidos, y su conexión con la piel abre la posibilidad de que transmitieran vibraciones cuando algo se acercaba.
El análisis de estas estructuras fue posible gracias a escaneos por rayos X y a cortes histológicos de alta resolución aplicados al fósil. Esa combinación permitió observar capas cutáneas completas y hasta células individuales atrapadas en el proceso de fosilización.
Las púas presentan una arquitectura interna hueca que recuerda a materiales formados por queratina en animales actuales, y eso confirma que no eran placas dérmicas como las de los anquilosaurios ni cuernos óseos como los de los ceratópsidos. Se trata de una adaptación distinta dentro del repertorio conocido hasta ahora en dinosaurios.
La juventud del ejemplar abre dudas sobre cómo cambiaban estas estructuras al crecer
El ejemplar estudiado corresponde a un individuo joven, y ese dato complica la interpretación. No está claro si los adultos de Haolong dongi mantenían esas espinas, si las perdían con la edad o si las desarrollaban aún más al crecer.
En animales actuales las defensas cambian entre etapas de crecimiento, por eso surge la duda de si estas púas eran una estrategia propia de juveniles en un entorno hostil o una característica permanente de la especie que aún no se ha documentado en ejemplares adultos. Cada nuevo fósil responde preguntas y a la vez abre otras sobre desarrollo y supervivencia.
El fósil se conserva y analiza en el Museo Geológico de Anhui, en la ciudad de Hefei, una institución que ha ganado proyección internacional por la calidad y variedad de sus colecciones. La publicación científica que describe a Haolong dongi marca un punto de inflexión en el estudio de la piel de los dinosaurios, porque hasta ahora se asumía que muchas innovaciones aparecieron más tarde o estaban restringidas a grupos muy concretos.
Este caso obliga a revisar colecciones antiguas y a examinar restos que pudieron interpretarse de forma incompleta cuando no se disponía de técnicas de imagen tan precisas como las actuales.
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