Moby Dick parecía una leyenda exagerada pero la ciencia lo ha grabado: el cachalote usa su cráneo como ariete en pleno ataque

Las observaciones recientes cambiaron la lectura de viejas historias

Héctor Farrés

26 de marzo de 2026 15:57 h

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Una mole blanca avanzó contra la madera y el casco crujió sin margen para reaccionar. Moby Dick apareció y embistió con la cabeza hasta abrir la estructura como si fuera blanda. Los hombres apenas pudieron sujetarse mientras el golpe los lanzó contra la cubierta. El impacto se repitió con la misma dirección y terminó de romper la embarcación. El agua entró en segundos y dejó el barco condenado a hundirse sin opción de maniobra.

Las imágenes confirmaron un comportamiento del que apenas había pruebas

Esa imagen de un golpe frontal encaja con lo que ha logrado documentar ahora la ciencia. Un equipo de la Universidad de St. Andrews consiguió grabar por primera vez a cachalotes chocando entre sí con la cabeza, según datos publicados en la revista Marine Mammal Science.

El trabajo se apoya en observaciones reales captadas en el océano y confirma que ese comportamiento existe más allá de relatos antiguos. Aun así, los investigadores no han podido definir para qué sirve ni cómo encaja en su organización social.

Las grabaciones se obtuvieron con drones durante campañas realizadas entre 2020 y 2022 en las islas Azores y en el archipiélago balear. Las imágenes muestran varios choques frontales entre individuos que se acercan, aceleran y terminan golpeándose con fuerza.

El equipo que lideró el trabajo, en colaboración con la Universidad de las Azores y la Asociación Tursiops, logró registrar tres episodios claros del comportamiento. Alec Burslem, investigador que participó en el estudio, explicó que “fue realmente emocionante observar este comportamiento, que sabíamos que se había hipotetizado durante mucho tiempo, pero que aún no se había documentado ni descrito sistemáticamente”. Esa falta de registros había mantenido el fenómeno en el terreno de la duda durante décadas.

Los expertos debatieron si esos golpes ponen en riesgo funciones vitales

El uso de la cabeza como punto de impacto plantea preguntas sobre su seguridad. Algunos investigadores consideran que estos choques podrían formar parte de enfrentamientos entre machos por acceso a recursos o parejas, aunque esa actividad suele ocurrir bajo el agua y resulta difícil de observar.

Otros especialistas dudan de que sea una estrategia frecuente porque la cabeza del cachalote alberga estructuras necesarias para la ecolocalización y la comunicación. Un daño en esa zona afectaría a funciones esenciales para orientarse y relacionarse dentro del grupo. Aun así, estudios externos apuntan que la anatomía de estos animales incluye tejido blando y un órgano lleno de aceite que amortigua parte del impacto, lo que podría reducir lesiones graves.

Los relatos antiguos recuperaron sentido tras las nuevas pruebas

Los relatos históricos aportan ejemplos que ahora vuelven a cobrar sentido. El caso más citado es el del Essex, un ballenero de 27 metros que fue hundido en 1820 cerca de las Galápagos tras recibir dos golpes frontales de un cachalote. El episodio inspiró la novela de Herman Melville y quedó documentado por el primer oficial Owen Chase, que describió cómo el animal avanzó a gran velocidad antes de impactar.

Otros barcos como el Ann Alexander o el Kathleen también fueron señalados en el siglo XIX como víctimas de ataques similares. Durante mucho tiempo, muchos historiadores consideraron esas historias como exageraciones propias de la época.

Los vídeos mostraron que también participan ejemplares jóvenes

Las nuevas imágenes introducen un matiz que no encaja del todo con esa idea de combate exclusivo entre adultos. Los vídeos muestran que los choques no solo implican a grandes machos, sino también a individuos jóvenes, incluidos ballenatos.

En uno de los casos registrados, dos ejemplares pequeños se aproximaron y se golpearon de frente. En otro, un macho joven embistió el lateral de una hembra, mientras que un tercer episodio mostró impactos repetidos entre dos individuos. Esa variedad sugiere que el comportamiento podría incluir fases de aprendizaje o interacción social más amplia.

Moby Dick golpeó el navío y lo dejó sin salida

Aun así, el equipo no ha podido determinar si estos golpes cumplen una función definida dentro del grupo. Algunas hipótesis apuntan a que podrían formar parte de un entrenamiento temprano para enfrentamientos futuros, mientras que otras plantean que pueden alterar la convivencia dentro de grupos matrilineales.

Burslem, que ahora trabaja en la Universidad de Hawái, señaló que “es emocionante pensar qué comportamientos aún no vistos podríamos descubrir pronto”. También añadió que “más observaciones de cabezazos podrían ayudarnos a arrojar luz sobre las funciones que este comportamiento puede cumplir”.

No hay ataques a barcos, pero sí confirman que pueden golpear

Durante más de un siglo, los testimonios de marineros que hablaban de cachalotes golpeando barcos se interpretaron como relatos inflados por la experiencia en alta mar. Sin embargo, esos testimonios aparecen ahora alineados con imágenes reales obtenidas desde el aire.

Los registros actuales no muestran ataques a embarcaciones, pero sí confirman que estos animales pueden usar la cabeza para embestir con fuerza. Ese dato cambia la forma de leer aquellas historias antiguas y abre la puerta a revisar otros relatos que hasta ahora parecían imposibles.

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