Un estudio descubre que el lamido entre gatos no siempre es una muestra de afecto

Dos gatos conviviendo juntos, en una foto de recurso

Raquel Sáez

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Los gatos gozan de mala fama. Esa reputación se achaca a su independencia, porque son animales autosuficientes y a los que les gusta marcar los límites de su territorio. También a sus movimientos silenciosos, que pueden generar cierto recelo, porque esconden sus intenciones hasta el último momento. No obstante, desarrollan vínculos afectivos, aunque a su manera, porque solo toleran el contacto físico cuando se sienten seguros y relajados.

Interpretar a los gatos no siempre es fácil y descifrar sus comportamientos tampoco. Una idea que cobra fuerza con un nuevo estudio, publicado en la revista Applied Animal Behavior Science, que cuestiona que las lamidas entre felinos sean un gesto amable.

Los autores precisamente llegan a la conclusión contraria: en algunos cuestiones, las lamidas entre gatos pueden ser una forma sutil de atormentar al otro y de molestarlo. Y no siempre se puede interpretar como un gesto de afecto, ni mucho menos. “El acicalamiento mutuo también puede utilizarse en contextos de tensión social”, sostienen.

Acicalamiento mutuo en muchos contextos

El acicalamiento mutuo en los gatos domésticos tiene múltiples funciones sociales, aunque siempre se ha interpretado como una forma de establecer y mantener vínculos sociales. Una forma de acercarse al otro animal, una muestra de entendimiento. Los autores quisieron averiguar si esto realmente era así o si los animales lo utilizaban en contextos diferentes.

Dos gatos juntos

Realizaron un estudio observacional basado en vídeos para inferir inductivamente las funciones sociales del acicalamiento mutuo felino. También para saber si eran una o varias. Se analizaron videos de 53 parejas de gatos (106 gatos) durante el acicalamiento mutuo con un etograma de 23 ítems.

Los análisis identificaron dos contextos de acicalamiento mutuo, también conocido como allogrooming: el vínculo o la afiliación social y la tensión social. En primer lugar, el acicalamiento mutuo vino cuando los felinos querían establecer vínculos emocionales. Ahí, es cuando se observó una sincronización de posturas corporales (sentados, tumbados) y un contacto físico mutuo y prolongado (principalmente, acurrucándose).

El acicalamiento mutuo también se observó en contextos hostiles

Sin embargo, el acicalamiento mutuo también se observó en contextos hostiles, recuerdan los investigadores del estudio liderado por la Universidad de Gante. En estos casos, los gatos con tensión social mostraron posturas asimétricas (un gato inclinado sobre el otro), orejas hacia atrás y comportamiento de desplazamiento (lamido de labios, sacudidas de cabeza).

“Estos resultados resaltan la importancia potencial de la sincronía conductual o postural más amplia para comprender la función del acicalamiento mutuo”, concluyen los autores.

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