Así piensa Kanzi: el bonobo que acerca la frontera entre la mente humana y la animal

Bonobos

Ada Sanuy

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La ciencia vuelve a mirar hacia los grandes simios para comprender mejor el origen de la mente humana. Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B ha mostrado que Kanzi, un bonobo de 42 años que vive en la Ape Cognition and Conservation Initiative de Iowa (Estados Unidos), es capaz de mantener en su memoria no solo la ubicación sino también la identidad de varios agentes u objetos ocultos al mismo tiempo. Esta habilidad, considerada clave en la cognición social de los humanos, permite anticipar dónde se encuentran los demás y quiénes son, incluso cuando están fuera de la vista. El hallazgo sugiere que estas capacidades podrían tener un origen evolutivo mucho más antiguo y compartido con otros simios.

Kanzi no es un bonobo cualquiera. Es uno de los últimos grandes simios enculturados, habituado durante décadas a interactuar con humanos mediante símbolos, gestos y un sistema de comunicación que le permite comprender instrucciones complejas. Su experiencia lo convierte en un candidato único para estudios de cognición avanzada, pues puede señalar fotografías, interpretar consignas y mostrar elecciones de forma clara. Para los investigadores de la Johns Hopkins University Luz Carvajal y Christopher Krupenye contar con un sujeto como Kanzi es una oportunidad irrepetible para explorar los límites de la mente animal.

Cómo se diseñaron los experimentos

El estudio consistió en una serie de pruebas cuidadosamente diseñadas con barreras opacas a tamaño humano, detrás de las cuales se escondían dos cuidadores. Kanzi debía identificar, a partir de fotografías, quién estaba en cada lugar, aunque ya no pudiera verlos. Más adelante, los investigadores introdujeron variaciones que incrementaban la dificultad: desplazamientos invisibles de las pantallas, pruebas en las que solo disponía de información auditiva (reconocer la voz de un cuidador sin verlo) e incluso el reemplazo de las personas por objetos familiares como una cuchara o una llave. El objetivo era comprobar hasta qué punto podía sostener representaciones mentales de identidad y ubicación sin depender de la visión inmediata.

Los ensayos demostraron que el bonobo no se limitaba a recordar la última posición visible de un cuidador, sino que mantenía activa una representación mental integrada. Cuando escuchaba una voz, era capaz de asociarla con la persona correspondiente y señalar correctamente el escondite, sin necesidad de verla. Según los autores, esto indica que sus representaciones eran multimodales, es decir, que combinaban información visual y auditiva de manera flexible. En el caso de los objetos, aunque su rendimiento fue algo inferior al mostrado con personas, también fue capaz de localizar correctamente su ubicación tras movimientos invisibles, lo que sugiere un mecanismo cognitivo compartido para agentes sociales y elementos inanimados.

La capacidad de rastrear mentalmente la identidad y ubicación de individuos que no están a la vista es una habilidad central en la vida social. En grupos numerosos, como los que forman los bonobos en estado salvaje, resulta crucial saber quién está presente, dónde se encuentra y qué vínculos mantiene con los demás. Esta información permite decidir con quién cooperar, a quién evitar y cómo anticipar posibles conflictos o alianzas. El estudio refuerza así la hipótesis de la “inteligencia social”, que sostiene que la complejidad de la vida en grupo impulsó la evolución de capacidades cognitivas avanzadas tanto en humanos como en otros primates.

Una ventana al pasado evolutivo

Que un bonobo como Kanzi pueda rastrear la identidad y localización de varios individuos indica que esta habilidad no surgió exclusivamente en la línea evolutiva humana, sino que ya estaba presente en el ancestro común que compartimos con los grandes simios hace entre seis y nueve millones de años. Para Carvajal y Krupenye, el hallazgo revela “las ricas representaciones del mundo social que compartimos humanos y otros simios”, lo que obliga a replantear ideas preconcebidas sobre la singularidad de nuestras capacidades mentales.

Los investigadores insisten, no obstante, en la prudencia. Se trata de un estudio de caso con un único individuo excepcionalmente entrenado, por lo que no se puede generalizar automáticamente a todos los bonobos. La trayectoria vital de Kanzi, expuesto desde joven a un entorno humano, puede haber potenciado habilidades que no se reproducen de igual manera en congéneres sin esa experiencia. Aun así, el diseño experimental riguroso y la consistencia de los resultados ofrecen pruebas sólidas de lo que un bonobo puede llegar a conseguir cuando se le plantean los retos adecuados.

Una serie de experimentos con un bonobo llamado Kanzi muestra por primera vez que los simios pueden seguir mentalmente a múltiples humanos familiares a la vez, incluso aunque no los vea. Kanzi también podía reconocer a los cuidadores solo por sus voces, una habilidad nunca antes probada en bonobos

Más allá de la anécdota científica

El trabajo va más allá de la mera curiosidad. Comprender que los bonobos son capaces de mantener representaciones internas de quiénes son los demás y dónde se encuentran abre nuevas vías para investigar cómo piensan, predicen y deciden en su entorno natural. También permite entender mejor cómo se coordinan durante las interacciones sociales, cómo reconocen las relaciones jerárquicas y cómo transmiten información dentro del grupo. Todo ello aproxima la investigación en primatología a preguntas centrales sobre el origen de la mente humana.

Reconocer la complejidad cognitiva de los bonobos también tiene consecuencias prácticas. Estos grandes simios se encuentran en peligro de extinción y su futuro depende en gran medida de la protección de su hábitat en la cuenca del Congo. Mostrar que poseen habilidades cognitivas avanzadas similares a las humanas puede reforzar los argumentos éticos y políticos para su conservación, así como para mejorar las condiciones en zoológicos, centros de investigación y santuarios. Si son capaces de representar el mundo social de manera tan rica, el deber de garantizar su bienestar se hace aún más evidente.

Próximos pasos en la investigación

Los autores proponen continuar esta línea de trabajo con otros individuos y especies de grandes simios para determinar hasta qué punto esta habilidad está extendida. También sugieren explorar si existen límites en el número de agentes que los primates pueden rastrear mentalmente de manera simultánea o si priorizan a individuos clave en su vida social, como las hembras dominantes o compañeros cercanos. Con ello esperan delimitar mejor las fronteras cognitivas entre humanos y otros simios, así como comprender qué presiones selectivas pudieron moldear estas capacidades en el pasado.

El caso de Kanzi recuerda que la distancia entre humanos y bonobos es menor de lo que a menudo creemos. Que un simio pueda anticipar mentalmente dónde están los demás y quiénes son, sin verlos, revela una mente capaz de operar con abstracciones complejas. El hallazgo no solo ilumina el pasado evolutivo, sino que también nos interpela en el presente: al comprender mejor a nuestros parientes más cercanos, entendemos también hasta qué punto nuestras capacidades sociales están enraizadas en una herencia común que nos conecta con ellos.

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