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Yo me acuso

El Congreso aprueba la quinta prórroga del estado de alarma, pero con más votos en contra que nunca

Odón Elorza

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Me acuso, en la parte que me toca, al considerar que en general los políticos no salimos bien parados tras el confinamiento. La actitud ejemplar y el buen trabajo de muchos profesionales –desde enfermeras y médicos hasta el personal de supermercados y farmacias–, y el comportamiento disciplinado y solidario de la inmensa mayoría de la ciudadanía, me lleva a reflexionar sobre la actuación de políticos y partidos en esta crisis provocada por la COVID-19.

Afrontar una situación que deja miles de víctimas, muchas de ellas fallecidas en soledad, y a millones de familias sufriendo de ansiedad ante la incertidumbre de su futuro laboral y sus planes de vida, requiere de quienes nos dedicamos a la política un trabajo ejemplar y eficaz así como empatía social en las decisiones.

Las formas cuidadas de hacer política, la transparencia de cada uno de nuestros pasos, las tomas de posición pensando en el interés general, la rendición de cuentas y un diálogo para el entendimiento configuran un modelo de democracia parlamentaria exigible para superar una crisis múltiple, consecuencia de esta pandemia global. ¿Practicamos ese modelo?

Como político me pregunto si el liderazgo consiste en acertar a la hora de excitar la fibra emocional de “los nuestros” y si el ejercicio de la representación política se centra en manipular las cosas y lanzar discursos solo para desacreditar al adversario. Pensaba que, por el contrario, la política debía responder con ética desde la verdad que conocemos y llevar la calma y la confianza a propios y extraños.

También debo preguntarme si en todos nosotros prevalece la defensa del bien común frente al interés partidista, la responsabilidad política en la toma de decisiones por encima del cálculo electoral y la pura estrategia de poder, la negociación con rigor en lugar del cambalache como resultado de chantajear con el voto a la salud pública, la búsqueda de la unidad en vez del cultivo de la confrontación y el odio.

Las circunstancias nos obligan a trascender por un tiempo los papeles de gobierno y oposición ante la envergadura de los problemas surgidos, conscientes de que todos los gobiernos, no importa su color, tienen responsabilidades en la gestión del coronavirus.

No somos útiles si la gente está hoy más enfrentada y desconfía más de los partidos que antes del confinamiento. Porque sería una catástrofe para el sistema democrático si tras esta dramática experiencia no cambiáramos de actitud y no ofreciésemos credibilidad suficiente para sacar juntos a España del agujero. Por eso debemos dar continuidad a los acuerdos del Gobierno sobre las medidas sociales para las personas más vulnerables y las ayudas para la recuperación de los sectores económicos afectados.

Hay que reconstruir la política. En aplicación de las fases de la desescalada, quiero pensar que los políticos no seguiremos autoconfinados ni aumentará la distancia entre los partidos ni con los anhelos de la ciudadanía. En la comisión parlamentaria para la reconstrucción del país tenemos la última oportunidad.

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