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PRISM: Cuando Big Data somos todos

Obama lee tus correos con la ayuda de un misterioso programa llamado PRISM y la colaboración desinteresada de Google, Facebook y Microsoft.

Hasta dónde llega la obligación legal de las empresas que manejan nuestros datos y cómo vigila Estados Unidos la información de quienes estamos fuera de sus fronteras.

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Obama leyendo tus correos con Justin Timberlake

Obama y Justin Timberlake en una visita del cantante a la Casa Blanca.

La legislación estadounidense obliga a las empresas norteamericanas a facilitar información sobre un ciudadano cuando un juez determina que hay razones suficientes para hacerlo, pero no están obligadas a trabajar para el Gobierno. Sin embargo, de todas las empresas involucradas en la operación de espionaje ciudadano más grande de la historia, sólo Twitter se negó a colaborar. Según The New York Times, el resto –Google (Gmail, G+, Youtube, Google Maps, etc), Microsoft (Hotmail, Skype), Yahoo, Facebook, AOL, Apple y Paltalk– se involucraron más allá de la orden del deber colaborando activamente con los espías al permitir que un misterioso programa llamado Prisma entrara en sus servidores para espiar a los usuarios en tiempo real.

Google y Facebook, aseguran fuentes del periódico, incluso han creado plataformas específicas para agilizar el proceso, una versión criptográfica del encuentro en un garaje desierto a las 3am, con los gigantes de Internet en el papel de Garganta Profunda. No tranquiliza saber que esos mismos servidores fueron hackeados en la famosa Operación Aurora, junto con los de 33 compañías más. Como advertía un informe de veinte especialistas sobre los peligros de dejar abiertas las puertas para los federales, “cuando nos comunicamos a través de servicios que tienen habilitadas estas opciones, existe la posibilidad de que un agente no autorizado y/o malicioso con conocimientos técnicos y acceso al sistema pueda hacerse con el contenido de las comunicaciones sin ser detectado”.  

¿Colaboracionistas o ciudadanos excepcionales?

Las compañías han negado inmediata y categóricamente su participación. Tanto Mark Zuckerberg como Larry Page aseguraron el viernes que no habían oído hablar jamás de un programa llamado PRISM hasta el día de la filtración. "El Gobierno de los Estados Unidos no tiene acceso directo ni puerta trasera a la información guardada en nuestros servidores”, aseguró el consejero delegado de Google. La transparencia es “la única manera de proteger los derechos civiles de todos y crear la sociedad segura y libre que deseamos todos”, dijo el de Facebook.

Obama ha respondido que “el espionaje masivo es crucial en la guerra contra el terror”, igual que la tortura fue crucial para la caza y ejecución (que no captura) de Osama Bin Laden y su familia en La noche más oscura. La Administración asegura que la operación ha sido autorizada por el Congreso y que es revisada frecuentemente por los jueces del Distrito Federal, aunque algunos miembros del Congreso le contradicen. Como senador, Obama fue muy crítico con la Patriot Act y el Gobierno de George W. Bush por plantear "una elección falsa entre las libertades que valoramos y la protección que nos ofrece". Hoy, sin embargo, asegura que “no se puede tener un 100% de seguridad y también un 100% de privacidad y ningún inconveniente”. Por eso hoy Obama lee tus correos.

Independientemente de lo de acuerdo que estén Zuckerberg y compañía, es importante recordar que la sección 215 de la Patriot Act “prohíbe a cualquier individuo u organización revelar que ha entregado datos al Gobierno federal” ni antes, durante o después de la investigación. Si quisieran incluirlo en sus informes de transparencia estarían quebrantando la ley. Es el riesgo que decidió correr Edward Snowden, el técnico informático contratado por la CIA de 29 años que hizo la filtración.

"La NSA ha construido una infraestructura capaz de interceptarlo casi todo" declaró en una entrevista a The Guardian donde revelaba su identidad. "Si quiere ver los correos de tu mujer, sólo tiene que pinchar en 'interceptar'". Paradójicamente, Snowden está ahora en Hong Kong, el único sitio que le pareció lo bastante seguro para esconderse de la CIA, pero no tiene grandes esperanzas. Cuando le preguntó qué cree que le va a pasar ahora, ha respondido: "Nada bueno".

Big Data somos todos

Que nadie se equivoque: cuando los titulares dicen que Obama espía a los ciudadanos norteamericanos no significa que los demás quedamos fuera de su jurisdicción. Todo lo contrario: la Foreign Intelligence Surveillance Act (FISA) autoriza desde 1978 la vigilancia indiscriminada sin orden judicial siempre y cuando el objetivo no sea un ciudadano norteamericano. Como presidente de los EEUU, Obama ha jurado defender a los suyos pero los demás somos, seremos y siempre hemos sido “juego limpio”.

Todo lo que hagamos, escribamos, digamos, compartamos o señalemos en la Red es susceptible de ser permanentemente archivado en una carpeta con nuestro nombre en el Centro de Datos de Utah de la Agencia Nacional de Seguridad, aunque sea como “registro accidental”, como cuando sale uno a pescar atunes y se lleva unas docenas de delfines. El mapa filtrado por Snowden al Guardian muestra que sus redes llegan a recoger 3.000 millones de documentos en un mes en todo el mundo. Los documentos publicados confirman que esa ha sido siempre su intención pero que no cunda el pánico: el secretario de Asuntos Exteriores ya ha dicho que los ciudadanos que no hayan hecho nada malo no tienen nada que temer.

Según IBM, los usuarios de la Red generamos 2.5 quintillones de bytes cada día. Para conseguirlos, los burócratas de los servicios de inteligencia sólo deben presentar en nuestras plataformas favoritas un pedido donde se demuestre que el objetivo es extranjero y que está fuera de las fronteras de EEUU. Todos los delfines (que en este caso significa ciudadanos norteamericanos) son enviados al FBI para que decidan qué hacer con él. En cuanto a nosotros, la Comisión Europea ha reaccionado con la suavidad que caracterizan nuestras relaciones con Washington: “Habrá una creciente resistencia a los acuerdos con los EEUU a no ser que haya ciertas garantías claras por su parte de que los principios europeos de protección de datos se respetan”, ha dicho la portavoz de la vicepresidenta. La Comisión lleva año y medio negociando la nueva reforma de la Ley de Protección de Datos y hasta ha publicado un vídeo para recordarnos que la intimidad es también una responsabilidad. Por su parte, el Gobierno danés ha declarado que la retención de datos no facilita en absoluto la lucha contra el crimen.

La noticia llega tan sólo dos semanas después de que Larry Page y Sergei Brin publicaran su libro sobre el impacto de la tecnología –especialmente la suya– en el mundo, con comentarios despectivos sobre el control antidemocrático que ejercen China, Corea del Norte o Irán sobre sus propios ciudadanos. Julian Assange los crucifica en un artículo para el New York Times titulado “ La banalidad del “no hagas el mal”, parafraseando el famoso ensayo de Hannah Arendt donde argumenta que los genocidios no los hacen monstruos y fanáticos sino ciudadanos ordinarios obedeciendo ciegamente los preceptos del Estado:

"Google se interpondrá –y por tanto el Gobierno de los Estados Unidos– entre las comunicaciones de todo ser humano fuera de China (malvados chinos). Los productos son cada vez más maravillosos; los jóvenes profesionales urbanos duermen, trabajan y compran con más rapidez y comodidad, la democracia va siendo sutilmente subvertida por las tecnologías de vigilancia, y el control es felizmente relanzado como “participación”; y nuestro orden mundial de dominación, intimidación y opresión sistematizadas continúa en la oscuridad sin sufrir rasguños o sólo vagamente molesto."

A Leon E. Panetta, sin embargo, le parece que todo se ha sacado un poco de quicio. Si estás buscando una aguja en un pajar –comentaba hace dos días el exdirector de la CIA y secretario de Defensa de Obama hasta el pasado febrero–, te hace falta un pajar. Pero para el que tiene un pajar, todo parecen agujas.

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