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Es cada vez más urgente parar la mina de Touro en Galicia

Por la abundancia de las lluvias invernales, los ríos bajan con visible contaminación. Las plataformas vecinales difundieron en redes sociales numerosas imágenes y vídeos de aguas color cobre amarronado anegando las calles de Touro

El rechazo al proyecto minero de Touro es tal, que en junio del pasado año llegó a reunir 50.000 personas en el corazón de Santiago de Compostela

Mina no

El grave accidente acontecido en Brasil el pasado 25 de enero 2019, (una presa de residuos mineros cedió convirtiendo la región en un mar de lodo que acabó con la vida de un número no menor de 60 personas permaneciendo desaparecidas en torno a 300) pone en primera línea las preocupaciones por las potenciales consecuencias de muchos proyectos. Si hay algo que causa oposición a cada vez más proyectos mineros en todo el mundo es la preocupación por el agua y el temor a los accidentes, más que posibles. El caso del proyecto minero para la extracción de cobre a cielo abierto en Touro y O Pino, en Galicia, provincia de A Coruña, constituye un ejemplo paradigmático de la tendencia extractivista que se está extendiendo en toda España, en toda Europa y en todo el mundo.

La retórica de la restauración.

El actual proyecto minero de Touro es la herencia de una antigua mina que nunca fue adecuadamente restaurada y en torno a la cual se han llevado a cabo chapuzas especulativas diversas que no mejoran para nada la situación, que incluyen negocios inmobiliarios o proyectos “innovadores” que conjugan la restauración de espacios afectados con la gestión de residuos y que parece que más vienen a añadir problemas que a solucionarlos.

Las mencionadas plataformas vecinales Aldea Viva, Cornado Mina Non y la Plataforma Mina Touro O Pino NON, que conocen la situación actual y la pasada, están frontalmente en contra de la mina, y reclaman auténticas medidas de restauración que nunca se dieron. Además afirman de manera contundente que el nuevo proyecto es totalmente inviable, más a la luz de la falta de voluntad para solucionar los graves problemas ya existentes que derivan directamente de la minería del pasado. La mina de cobre estuvo activa entre 1973 y 1986 y desde entonces siguió produciendo áridos. Actualmente es una de las dos operaciones mineras que tiene en España la empresa Atalaya Mining.

Sobre el estado en el que ha quedado el medio circundante se han llevado a cabo numerosas denuncias ante organismos competentes diversos, pero las autoridades no han tomado medidas suficientes, negando a menudo la existencia del problema o simplemente evitando hablar del asunto. Todas las plataformas vecinales están de acuerdo en que no es posible aprobar la mina con la numerosa información negativa disponible. Tampoco lo es en virtud del principio de precaución, de la legislación europea y española, de la falta de licencia social y por qué no decirlo, del propio sentido común.

Autoridades se lavan las manos de las aguas contaminadas

La prueba más evidente de la falta de restauración saltó a la vista una vez más en las últimas semanas. Por la abundancia de las lluvias invernales, los ríos bajaban con visible contaminación. Las plataformas vecinales arriba mencionadas, difundieron en redes sociales numerosas imágenes y vídeos de aguas color cobre amarronado anegando las calles de Touro. Tales imágenes son habituales en la zona por las constantes lluvias, sin ir más lejos el mes pasado se desbordó una balsa minera por enésima vez. La calidad de las aguas de los ríos Pucheiras, Brandelos, Angumil, Portapego y Felisa es deficiente según análisis de Augas de Galicia (Aguas de Galicia) y no existen autorizaciones de vertidos. Tras las repetidas denuncias ha habido algunas multas por estos incumplimientos de la ley, aunque tan insuficientes y pequeñas que hacen cierto el dicho de que es más barata la multa que el beneficio de delinquir.

Defendiendo el agua, la vida, la naturaleza y el patrimonio

Este tipo de minería contaminante viene a superponerse de manera negativa a la misma vida, las actividades que se llevan a cabo por excelencia de la zona, que son la agrícola ganadera y también cada vez más el turismo vinculado al Camino de Santiago. Preocupa la calidad de las aguas de consumo humano y animal. Las 689 hectáreas que ocuparía el proyecto comprenden 492 de terrenos agrarios y zonas forestales. Un reciente informe de ICOMOS, alerta del grave riesgo que supondría la mina para el Camino de Santiago como bien cultural de valor universal, así como para otros elementos del patrimonio histórico y cultural de los municipios afectados. La amenaza llega hasta el punto de que el Camino Francés podría llegar a quedar excluído de la Lista de Bienes Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Destacan además desde la misma plataforma los efectos adversos del proyecto minero sobre las aguas del río Ulla -espacio natural de Red Natura y en el que desembocan ríos arriba mencionados- y de la ría de Arousa en la que va a desembocar aquél,   que es el epicentro de la actividad marisquera de la región. Otro motivo de gran preocupación está en la desaparición de hasta 20 manantiales de agua y de las reservas que abastecen por lo menos a unas cien viviendas y a las explotaciones ganaderas.

Ya es por sí mismo insólito el hecho de que a una empresa se le ocurra planificar un proyecto minero de estas características en una zona poblada y productiva como ésta. Entre otras calamidades, proponen un depósito de estériles entre las aldeas de Arinteiro y Vieiro para los residuos estériles de la mina. En caso de fallas o roturas de los diques de en torno a 3000 metros, las potenciales consecuencias serían muy graves. Esto lo reconoce el propio estudio de impacto ambiental del proyecto de Touro. La solvencia y garantías de las empresas para hacer frente a posibles accidentes o destrucción patrimonial parecen bastante dudosas .

Paralelismos mineros con Brasil y más cerca.

La historia mundial accidentes mineros y rotura de diques de relaves o balsas mineras, muestra cómo a menudo estos accidentes causan la muerte a muchas personas, la destrucción permanente e irreparable de sus comunidades y de los ecosistemas, además de incalculables pérdidas económicas. A demás son los estados -su ciudadanía- los que tienen que hacer frente a través de sus presupuestos a muchas de las indemnizaciones por "desaparición" de las empresas verdaderas culpables. El horrible accidente de Brumadinho los pasados días en el estado brasileño de Minas Gerais sólo viene a confirmar estas afirmaciones. También dice mucho este accidente -el segundo tras una rotura similar también en Brasil en el mismo estado de Minas Gerais en 2015 , en Mariana, que afectó gravemente al recorrido del Rio Doce hasta llegar al océano Atlántico- sobre la responsabilidad de las mineras, que atienden a maximizar los beneficios, pero no a los riesgos de manera adecuada. Ni siquiera se utilizaron posibles aprendizajes del primer accidente para llevar a cabo actuaciones que previnieran el segundo accidente, ambos responsabilidad de la misma empresa, la gigante de la minería Vale.

No es ninguna broma. Los accidentes pasan. También en España todavía nos queda el recuerdo de Aznalcóllar y el desastre que causó la mina de la empresa Boliden en el Parque Nacional de Doñana.

Con respecto a las operaciones mineras de la empresa Atalaya, desde Ecologistas en Acción llevan advirtiendo por activa y por pasiva de los graves riesgos que comportan las balsas de relaves de otro proyecto que la minera tiene en Andalucía, concretamente en Huelva. Es el proyecto minero también de cobre Río Tinto, y con respecto al mismo, temen la posibilidad de una rotura similar, sin que las autoridades tomen cartas en el asunto.

La oposición a la minería está en la calle.

El rechazo al proyecto minero de Touro es tal, que en junio del pasado año llegó a reunir 50.000 personas en el corazón de Santiago de Compostela, la emblemática plaza del Obradoiro para manifestarse en contra de la minería. Un coro al unísono cantaba que “Galicia NO es una mina”.

El objetivo de la manifestación era parar el proyecto minero. Numerosos informes científicos arrojaban ya en ese momento datos negativos sobre el proyecto, además de la oposición social creciente. Touro es el proyecto minero que mayor preocupación y mayor atención pública capta en estos momentos en Galicia, aunque no es el único. Se localiza a escasos veinte minutos de Santiago de Compostela, a menos de 10 del aeropuerto internacional de Lavacolla, y en pleno Camino de Santiago en su última etapa del Camino Francés, justo antes de llegar a Santiago. La decisión está en manos de la Xunta de Galicia que en vez de hablar claro y denegar el proyecto de una vez, prefiere jugar al gato y al ratón, contestar con evasivas a preguntas claramente formuladas sobre sus intenciones y minimizar los problemas, cuando no los niega.

En la calle, la minería preocupa porque al analizar con la lupa el proyecto de Touro y a pesar de los beneficios prometidos, lo que se revela es que la actividad es terriblemente destructiva tanto de la tierra, como del agua, como del tejido social, como generadora de residuos y contaminación. Además interfiere de manera negativa con las otras actividades económicas de la región y encima conlleva un riesgo de accidentes tal que en Galicia cada vez más personas no queremos asumir. 

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