La fortaleza medieval a los pies de Sierra Nevada que conserva un patio renacentista en su interior

Castillo de La Calahorra

Elena Segura

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Parece una fortaleza medieval levantada exclusivamente para la defensa, pero su interior conserva uno de los patios renacentistas más singulares de España. Es el Castillo de La Calahorra, edificado sobre un cerro en el Marquesado del Zenete, a los pies de Sierra Nevada, en el norte de la provincia de Granada. Su silueta se dibuja imponente como un bloque de piedra con cuatro torres cilíndricas y muros levemente rasgados por vanos, las aberturas que permiten el paso de la luz al interior.

La obra se inicia a principios del XVI por iniciativa de Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, marqués del Zenete e hijo del cardenal Mendoza. Apenas habían pasado el tiempo desde la conquista de Granada, y la región todavía se reorganizaba tras siglos de frontera militar.

En ese momento, muchas fortificaciones empezaban a perder su función estrictamente defensiva y el prestigio se medía por otras variables que no se limitaran estrictamente a la fuerza. La nobleza sufría transformaciones y empezaba a reflejar una preocupación por manifestar cultura y gusto. Es considerado la primera obra relevante del Renacimiento en nuestro país, al tiempo que marca el fin de la estética gótica.

El exterior de este Monumento Nacional es típicamente el de un castillo con torres robustas, muros gruesos y pocas ventanas, aunque en el interior la impresión que causa es otra. El patio central, de dos pisos, hecho de mármol blanco de Carrara, sorprende por su simetría y su proporción.

Las columnas clásicas que sostienen arcos de medio punto y los capiteles que muestran un trabajo artesanal están inspirados en los modelos italianos que Rodrigo había conocido en sus viajes por Europa. Cada pieza fue transportada hasta Granada y ensamblada con precisión. En su construcción intervinieron el arquitecto Lorenzo Vázquez y el escultor genovés Michele Carlone. 

Vida cortesana en el Castillo de La Calahorra

Patio del Castillo de La Calahorra

El patio se convierte en el corazón de castillo, pensado para ser recorrido como escenario de la vida cortesana: allí tenían lugar reuniones, paseos y encuentros sociales. Después de atravesar los muros y las estancias cerradas, el patio se transforma en un espacio armónico y luminoso.

La ubicación del castillo también refuerza su singularidad, ya que desde lo alto del cerro se domina el altiplano del Zenete y se obtiene una visión amplia de los pueblos cercanos, como La Calahorra, Alquife o Jérez del Marquesado.

Las torres cilíndricas de las esquinas tienen saeteras y troneras que refuerzan su carácter defensivo, mientras que las cubiertas interiores y los techos de madera están realizadas con técnicas constructivas más delicadas de finales del siglo XV y comienzos del XVI.

Las escaleras, corredores y salones mantienen su trazado original, y en algunas de estas estancias se conservan molduras y detalles decorativos que reflejan la influencia italiana que el marqués quiso incorporar al edificio.

Las portadas de los salones interiores, de hecho, como la del Salón de los Marqueses, muestran una iconografía basada en la mitología clásica, con relieves de Hércules y bustos romanos.

El castillo también contiene restos de elementos funcionales de servicio, como cocinas, despensas y bodegas, que permiten obtener información sobre la vida cotidiana de sus habitantes.

Su estado de conservación lo convierte en un ejemplo excepcional de la arquitectura de su época. Además, las intervenciones recientes han priorizado la estabilización estructural y la protección de los materiales originales.

Literatura y derecho de otras partes de Europa

De entre todos los espacios la biblioteca merece que detengamos nuestra atención. Aunque pequeña, conserva estanterías y armarios originales, diseñados para alojar manuscritos y libros que reflejaban los intereses culturales y administrativos de la nobleza. Se cree que allí se reunían textos de historia, derecho, literatura y humanidades importados de otras partes de Europa, en particular de Italia.

Su conservación parcial permite apreciar la organización del espacio y los sistemas de almacenamiento de la época.

Castillo de La Calahorra

Tras la muerte del marqués, el castillo perdió protagonismo como residencia. Durante siglos, su uso fue irregular y entró en un prolongado periodo de abandono. A pesar de ello, la estructura se ha conservado notablemente bien, ya que la falta de modificaciones importantes ha permitido que el patio renacentista y otras zonas del edificio mantengan gran parte de su aspecto original.

El edificio estuvo cerca de sufrir un destino parecido al castillo de Vélez Blanco, en Almería, cuyo patio se conserva actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York. Ante el auge del coleccionismo estadounidense, su propietaria, la condesa de Benavente, hizo el intento de vender algunas de sus piezas. Pero la noticia llegó a los medios y su sobrino llegó a tiempo de paralizarlo. Aun así, algunos elementos sí salieron del edificio, como la portada de la capilla, que hoy se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

El impresionante conjunto formado por el castillo y su entorno ha llamado la atención de la industria cinematográfica y televisiva, que lo ha empleado como escenario en filmes como El viento y el leónLa casa del dragón —precuela de Juego de Tronos—Assassin's Creed. Además, en sus alrededores se rodaron escenas de clásicos como Doctor Zhivago y El bueno, el feo y el malo.

Adquisición del castillo

En 2025, la Diputación de Granada adquirió el castillo y puso fin a décadas de incertidumbre sobre su futuro. Desde esa fecha, se programan visitas guiadas con grupos reducidos.

Los recorridos son siempre guiados, de unos 40 minutos de duración, con un máximo de 30 personas por grupo y mediante un sistema de reserva previo de entradas. El horario de apertura será viernes y sábados de 10 a 14 horas y de 15 a 19 horas y los domingos de 10 a 14 horas y de 15 a 17 horas.

Punto de partida hacia la Alpujarra

La Calahorra es un pequeño municipio, de unos 660 habitantes. Su economía se centra principalmente en la agricultura, con cultivos de cereales, hortalizas y olivos, además de actividades ganaderas. El pueblo mantiene un trazado urbano tradicional, con calles estrechas y casas bajas de construcción sencilla, que conservan su aspecto histórico.

Más allá del castillo, este municipio granadino cuenta con varias iglesias y ermitas que muestran cómo ha evolucionado la localidad desde la Edad Media hasta el siglo XX. Además, sirve como punto de partida para rutas de senderismo y excursiones que recorren la comarca y la Alpujarra.

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