En esta pequeña localidad, conocida por sus alfombras y sus tortas de aceite, murió Hernán Cortés

Se trata de un municipio con historia propia que ofrece experiencias inolvidables para todos los sentidos

Alberto Gómez

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Conocer Castilleja de la Cuesta, una de las principales localidades del Aljarafe, es adentrarse en un pedazo de la historia de la provincia de Sevilla. Este municipio, de raíces romanas y andalusíes, ha sabido preservar su identidad, atrayendo a visitantes por su autenticidad y arte. Situada a pocos kilómetros de la capital, es famosa por ser el lugar donde murió Hernán Cortés. La localidad combina hoy un valioso patrimonio de iglesias con una intensa actividad industrial, comercial y de servicios. Caminar por sus calles es descubrir un pasado de alquerías y un presente lleno de vida en sus plazas monumentales. El enclave ofrece una puerta privilegiada hacia la hermosa zona del Aljarafe, rodeada de parques y haciendas olivareras.

Destino ideal para quienes buscan sumergirse en la cultura popular y disfrutar de una gastronomía tradicional única, su casco histórico mantiene viva la memoria de la realeza y de la nobleza que habitó sus grandes mansiones señoriales. Castilleja es el rincón donde el tiempo se detiene entre el aroma a aceite y el crujir de su repostería artesana. Pero sin duda uno de los nombres que más se repiten cuando se habla de esta localidad es el del conquistador de México, Hernán Cortés, vinculado de forma indeleble a la rica historia de este pueblo sevillano. El célebre personaje eligió este tranquilo rincón del Aljarafe para pasar sus últimos años de vida, lejos de las batallas coloniales.

El palacio donde murió Cortés en 1647 es hoy una edificación imponente e inconfundible que funciona como centro educativo

Concretamente fue en el año 1547 cuando el destino marcó el final de su camino en una vivienda situada en la Calle Real de la localidad. En aquel entonces, la casa pertenecía a Juan Rodríguez, un influyente funcionario y amigo cercano, que le brindó refugio y paz. Cortés falleció el 2 de diciembre a los 62 años, soñando con un regreso a las lejanas tierras mexicanas. Una placa conmemorativa y un busto en la fachada de su antigua morada recuerdan hoy aquel acontecimiento histórico tan relevante. Aunque sus restos fueron trasladados hasta nueve veces para acabar descansando en México, su memoria permanece viva en cada rincón del palacio. Su presencia otorgó a Castilleja una relevancia internacional que se mantiene vigente a través de los siglos en los libros de historia. Visitar su Casa Museo, por ejemplo, permite a los viajeros actuales asomarse a los enseres y recuerdos de un hombre verdaderamente legendario.

El palacio donde murió Cortés es hoy una edificación inconfundible que funciona como centro educativo. Este edificio de estilo neomudéjar destaca por sus gruesos muros de ladrillo y sus torres almenadas que evocan una fortaleza medieval. Originalmente construido en el siglo XVI, el inmueble sufrió profundas reformas en el siglo XIX para adquirir su bella apariencia actual. Durante una etapa de esplendor, sirvió como residencia de primavera y verano para los duques de Montpensier, Antonio y Luisa Fernanda. Incluso fue hogar temporal de la joven reina María de las Mercedes de Orleans tras su matrimonio con el rey Alfonso XII. Las monjas del Instituto de la Bienaventurada Virgen María adquirieron la propiedad a principios del siglo XX para su labor social. 

En el interior del palacio se conserva una capilla neogótica inaugurada en 1910 y detalles que evocan la agitada vida de la nobleza española. Los muros que antes guardaban intrigas y ambiciones imperiales ahora vibran con el bullicio cotidiano de los escolares del municipio. El palacio sigue siendo un testigo vivo del entrelazamiento de destinos que cambiaron el rumbo de España y de toda América. Pero, más allá de su peso histórico, Castilleja de la Cuesta es universalmente famosa por la elaboración artesanal de sus tortas de aceite. Este producto emblemático tiene sus raíces más profundas en la cultura andalusí, rescatado de antiguos recetarios familiares con gran maestría. Las tortas representan un símbolo de identidad para el municipio y han llevado el nombre de la localidad a rincones muy lejanos. 

Un prestigio reconocido

Se trata de una repostería sencilla pero exquisita que se ha convertido en una seña de identidad gastronómica de toda la península. La tradición se consolidó en el siglo XX, desplazando poco a poco a la antigua industria de los caldos y conservas. Hoy en día, saborear una de estas tortas mientras se pasea por las bellas calles del pueblo es una experiencia casi obligatoria para todo aquel que se acerque hasta este bello rincón de Andalucía. Su prestigio ha crecido tanto que la Unión Europea las ha reconocido como Especialidad Tradicional Garantizada por su método fiel. No se puede entender la economía local sin este dulce que ha endulzado el camino de viajeros durante más de cien años. La combinación de aceite de oliva y aromas tradicionales hace de cada bocado un viaje directo a la esencia del Aljarafe.

La historia de las tortas no estaría completa sin mencionar a la gran emprendedora Inés Rosales y su visión en el año 1910. Ella rescató la receta original y comenzó a venderlas en canastos de mimbre en la antigua estación de trenes de Sevilla. Con la ayuda de familiares y vecinas, logró que su producto acompañara a los viajeros, ganando un gran aprecio en toda la nación. Hoy, la marca Inés Rosales está presente en más de treinta países y cuatro continentes, manteniendo siempre el método tradicional. Aunque la fábrica principal se trasladó recientemente a Huévar, el vínculo emocional y comercial con Castilleja sigue siendo totalmente irrompible. Cada torta se sigue elaborando siguiendo fielmente la receta que ha pasado de generación en generación con absoluto y total respeto. 

Otro de los alicientes de Castilleja de la Cuesta es su histórica y prestigiosa industria de fabricación de alfombras artesanales. El taller de Baldomero Negrón, fundado en 1925, es el máximo exponente de esta tradición. En sus instalaciones, el trabajo manual y la meticulosidad son los protagonistas absolutos de una labor que roza la perfección artística. Este taller ha dado fama internacional a la localidad, demostrando que la artesanía de calidad no tiene fronteras ni fecha de caducidad. Ver a los artesanos de Castilleja trabajar es presenciar un oficio antiguo que se resiste a desaparecer en la era digital. Cada pieza que sale de estos telares sevillano es única y lleva consigo el esfuerzo y la dedicación de manos expertas. Esta industria ha sido, junto a la repostería, el motor que ha dado prestigio y nombre a la villa durante muchas décadas. La importancia de conservar este tipo de artes manuales es vital para la identidad cultural y económica de todo el Aljarafe. Es, en definitiva, una visita obligada para quienes aprecian el valor de las cosas hechas con mucha paciencia y sentido artístico gracias a un municipio con historia propia que ofrece experiencias inolvidables para todos los sentidos.

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