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Turismo de reseteo: siete destinos tranquilos para despejarte tras la Navidad

El castillo de Trevejo, en la Sierra de Gata.

Roberto Ruiz

3 de enero de 2026 22:29 h

Enero suele llegar con cierta sensación de agotamiento. Después de semanas de comidas copiosas, encuentros encadenados y una agenda más llena de lo habitual, apetece bajar el ritmo. Parar un poco y cambiar de aires. No tanto para hacer cosas, sino para dejar de hacerlas.

En ese momento, viajar puede convertirse en una forma sencilla de resetear. No se trata de ir muy lejos, sino de elegir destinos tranquilos, donde el tiempo cunde más y no hay necesidad de llenar de planes cada día. Una escapada más pausada, que ayude a despejar la cabeza y a dejar atrás el exceso de estímulos propio de las semanas previas.

España está llena de lugares que encajan bien con esa idea de parón tras la Navidad. Comarcas rurales, valles verdes, islas alejadas del turismo masivo o pueblos pequeños donde el invierno se vive con calma. La Sierra de Gata, el Matarraña, el valle del Baztán, la Ribeira Sacra, El Hierro, la Alpujarra y Las Hurdes son siete buenos ejemplos de destinos pensados para desconectar y empezar el año con otra energía.

La Sierra de Gata (Cáceres)

La Sierra de Gata es uno de esos lugares que siguen funcionando a otro ritmo. En el noroeste de Cáceres, muy cerca de la frontera con Portugal, esta comarca extremeña conserva una calma que ya cuesta encontrar. En invierno esa sensación se acentúa: pueblos pequeños, carreteras tranquilas y un paisaje de sierras suaves que invita a no hacer demasiados planes.

El encanto rural de Robledillo de Gata.

Trevejo es un buen ejemplo de lo que se viene a buscar aquí. Una pequeña aldea coronada por un castillo en ruinas, con muy pocos habitantes y mucho silencio alrededor. Pasear por sus calles, asomarse al paisaje, disfrutar de la gastronomía tradicional y poco más. Alojarse en uno de estos pueblos, como también podría ser Robledillo de Gata, y moverse lo justo es, en sí mismo, una forma bastante efectiva de desconectar tras el ruido de diciembre. Y si quieres salir al campo a estirar las piernas, rutas no te van a faltar.

El Matarraña (Teruel)

El Matarraña es uno de esos destinos que encajan especialmente bien en enero. Aunque en los últimos años ha ganado popularidad, fuera de fechas señaladas mantiene ese aire tranquilo que lo ha hecho tan atractivo. Sus pueblos de piedra, rodeados de montes bajos y campos cultivados, invitan a una escapada sin grandes expectativas ni agendas cerradas.

La Plaza Mayor de Cretas

Localidades como La Fresneda, Cretas o Calaceite se recorren a paso tranquilo, a base de paseos cortos y paradas frecuentes. El plan aquí no va mucho más allá de caminar, sentarse en una plaza, comer bien y dejar que el día avance sin agobios. Un viaje sencillo, rodeado de naturaleza, de los que ayudan a recuperar cierta normalidad tras los excesos.

Valle del Baztán (Navarra)

El Baztán es de esos lugares que reconfortan casi sin proponérselo. En invierno, el verde sigue marcando el paisaje y los pueblos mantienen una vida tranquila, ajena al turismo más intenso de otros momentos del año. Es un valle pensado para alojarse con calma en un caserío, salir a caminar un rato y volver a disfrutar de una chimenea sin la sensación de haber ido corriendo de un sitio a otro.

Caseríos tradicionales del Baztan.

Sus carreteras secundarias, una gastronomía que reconforta sin necesidad de excesos, y el entorno natural hacen que todo fluya a ritmo tranquilo. Enero es un buen mes para disfrutarlo sin prisas, con paseos sencillos y pueblos como Elizondo, Urdax y Zugarramurdi que nunca fallan. Pero sinceramente, si de verdad buscas desconexión, lo mejor es que busques un alojamiento al final de una carretera poco transitada; el Baztán es un destino especialmente bueno para eso. Un lugar acogedor y muy fácil de disfrutar.

La Ribeira Sacra (Galicia)

En invierno, la Ribeira Sacra muestra una de sus caras más tranquilas. Los viñedos descansan, los bosques ganan protagonismo y los ríos Sil y Miño marcan las formas del paisaje. Todo se vuelve un poco más silencioso, más recogido, y eso encaja a la perfección con la idea de viajar para desconectar.

Monasterio de Santa Cristina de Ribas del Sil, en Ourense.

Aquí no hace falta tratar de abarcar mucho. Miradores que se asoman a un cañón que llega a alcanzar los 500 metros, monasterios escondidos como el de Santa Cristina de Ribas de Sil y pequeños pueblos donde el tiempo parece estirarse resultan especialmente agradables en este momento del año. La Ribeira Sacra funciona casi como un retiro, un lugar donde el silencio y el paisaje ayudan a poner orden tras semanas de ruido.

El Hierro (Islas Canarias)

El Hierro es una buena alternativa para quienes buscan desconectar sin renunciar a temperaturas más suaves. Lejos del turismo masivo de otras islas, mantiene un ritmo propio que se nota especialmente fuera de temporada. En enero, la isla ofrece tranquilidad, carreteras poco transitadas y una sensación constante de estar lejos de todo.

Faro de Punta Orchilla, en El Hierro.

Aquí el atractivo está en moverse despacio, enlazando pequeños pueblos como La Restinga o Sabinosa, miradores, y senderos cortos y agradables por el bosque de laurisilva de La Llanía o por el Sabinar. Eso sí, siempre sin dejar de lado el remoto faro de Orchilla, que fue referencia del Meridiano Cero antes de establecerse el de Greenwich. En El Hierro podemos desconectar sin agobiarnos con los planes, basta con dejarse llevar por el paisaje volcánico y el silencio.

La Alpujarra (Granada)

La Alpujarra granadina tiene en invierno un ambiente especialmente agradable. Al abrigo de Sierra Nevada, los pueblos blancos se viven con más calma, sin el trasiego de otras épocas del año. Enero es buen momento para recorrerlos despacio y disfrutar de esa sensación de refugio que ofrecen.

Uno de los rincones bonitos de Bubión, en Granada.

Pampaneira, Bubión o Capileira, que forman parte del conocido como Conjunto Histórico del Barranco de Poqueira, invitan a pasear sin rumbo fijo, sentarse al sol cuando aparece y dejar que el día avance sin preocuparnos por qué hacer en cada momento. No es un viaje para hacer kilómetros, sino para quedarse, observar y descansar rodeados de naturaleza y rutas que nos llevan por las montañas. Una escapada sencilla y muy efectiva para resetear.

Las Hurdes (Cáceres)

Las Hurdes siguen siendo uno de los territorios más auténticos del norte de Extremadura. En invierno, esa autenticidad se traduce en silencio, carreteras solitarias y pueblos pequeños donde la vida va a otro ritmo. No es un destino para quien busca grandes monumentos ni reclamos llamativos, y precisamente por eso funciona tan bien como viaje de desconexión.

Meandro del Melero, en Cáceres

Alquerías dispersas, paisajes de montaña, el peculiar meandro del Melero y una vida cotidiana que sigue otro ritmo hacen de Las Hurdes un destino pensado para desconectar de verdad. Municipios como los de Pinofranqueado, Casar de Palomero, Casares de Hurdes, Caminomorisco, Nuñomoral y Ladrillar son un buen ejemplo de ello. Un viaje sin expectativas, sin listas y sin prisas, ideal para cerrar este recorrido por lugares donde parar no es una excepción, sino la mejor opción.

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