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Elecciones europeas: todo por decidir

¿Qué votaron aquellos partidos que se presentan? ¿Qué proponen? ¿Cuáles son sus retos para el futuro?

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Elecciones europeas

En estas páginas se ha hecho un especial esfuerzo por analizar las elecciones del 25 de mayo en clave europea. Reflexiones sobre la participación, el bipartidismo, las encuestas, los programas, las innovaciones después del Tratado de Lisboa… A lo que se suman las novedades mediáticas, en particular la celebración por primera vez de varios debates entre candidatos ‘paneuropeos’ a presidir la Comisión.

Es significativo que a pocos días del domingo electoral estos comicios sigan marcados por la pregunta de ‘¿sabe usted a quién va a votar?’. Las últimas encuestas apuntan que entre aquellos que ejercerán su derecho a voto, solo la mitad tienen clara su papeleta, apenas algo más del 20% de los españoles. Tal vez tenga que ver con la desconexión informativa sobre la UE (aunque algunos países bastante informados sobre la eurocámara como Rumanía o Eslovaquia siguen absteniéndose masivamente). Tal vez venga dado por la falta de resultados y la incapacidad de ofrecer una narrativa inteligible a la peor crisis en años. O tal vez, al apostar por la lógica parlamentaria en estas elecciones también se ha empoderado una ciudadanía que hasta hace dos días seguía rodeada de una versión edulcorada del poder que han ido acumulando las instituciones comunitarias. Dudar, en estas condiciones, ya es mucho.   

Se disipe o no la neblina, el reto es formarse una opinión clara sobre los proyectos políticos a nivel europeo. Era la responsabilidad compartida de esta campaña. Escudriñar qué votaron aquellos que se presentan, qué proponen y cuáles son las perspectivas. Pasado, presente, y futuro.

1. ¿Cómo votaron?

Los análisis en profundidad sobre cómo votan los eurodiputados escasean y los medios de comunicación son poco proclives a ejercer esa presión. La paradoja es que la información disponible es relativamente transparente y más legible que la de muchos parlamentos. Comparar la web del Parlamento Europeo con la del Congreso de Estados Unidos, o la del Bundestag, puede deparar alguna sorpresa. Votewatch, la organización que compila la totalidad de las votaciones registradas en la eurocámara ha publicado en los últimos meses dos informes de interés. El primero, un resumen de los 10 votos que han ‘marcado la séptima legislatura’ (en inglés) y donde se analizan, por ejemplo, el permiso de maternidad (que se extendió por una mayoría ajustadísima de 14 a 20 semanas), el futuro de la energía nuclear en Europa (continuada), el impuesto sobre transacciones financieras (aprobada) o el mantenimiento de los subsidios agrícolas (aprobado). El segundo, un informe siguiendo la misma metodología con los 10 votos más importantes para los jóvenes en Europa, desde el mantenimiento del programa Erasmus hasta el intento de oficializar un programa de ayuda al desempleo (el cual no contó con el respaldo suficiente). Una metodología que cualquier periódico podría utilizar para mejorar la rendición de cuentas, como se hizo aquí por ejemplo para el ámbito de política internacional.    

Existen otros instrumentos para hacerse una idea de cómo votaron los eurodiputados de forma más rápida aunque incompleta a través de las simulaciones de voto. VoteMatch; MyVote; Electio2014; y EUVox 2014 son las cuatro aplicaciones que cuentan con una metodología clara así como con información para profundizar en cada tema. Las cuatro herramientas tienen versiones en castellano y la última (EUVox) permite establecer preferencias paneuropeas. ¿Corresponde la visión los socialistas españoles con la de los socialistas alemanas? ¿Votaría también al Partido Popular un ciudadano inglés que vota al Partido Conservador británico?

2. ¿Qué proponen?

Propuesta UE

Fuente: Elaboración propia, base Tratados. Copyleft

El elemento fundamental sobre el que muchos partidos pasan de puntillas es que la política europea tiene sus límites. Hay competencias exclusivas (como el devenir de la eurozona), pero muchas otras son competencias compartidas (como la energía) o simplemente competencias de apoyo (como la educación). En la mayoría de competencias compartidas los Estados pueden seguir legislando en todos esos aspectos que no hayan sido tratados a escala europea. Por ejemplo, si la UE no legisla sobre un tema en una competencia compartida como podría ser la fracturación hidráulica, el reparto de tareas permite a los estados tener su propia legislación al respecto.

Para las competencias de apoyo es mucho más simple: apoyar sin legislar. Por ejemplo, el Parlamento Europeo aprobó durante esta legislatura varias resoluciones sobre las capacidades lingüísticas de los más jóvenes y la importancia para el devenir económico y cultural del continente. A priori, como la educación primaria y secundaria es una competencia meramente de apoyo, los Estados son los únicos responsables - y solo si así lo consideran oportuno - para poner en marcha las políticas necesarias para acercarse a ese objetivo. 

Conocer quién hace qué puede ser un punto de partida útil para juzgar la viabilidad de un programa político para las elecciones europeas. Pongamos un último ejemplo, el de las políticas sociales. En un contexto de crisis como el actual conocer la forma en la que se coordinan las medidas para luchar contra el desempleo cobra una relevancia particular. Ese ámbito no es una competencia exclusiva, sino que es una competencia compartida y además tiene la característica que para ese campo específico los estados tienen la voz cantante. La UE se limita a generar directrices, objetivos y coordinar los diferentes estados a través de lo que se conoce como ‘ método abierto de coordinación’. En ese sentido, a la luz del reparto competencial, algunas de las propuestas ambiciosas que presentan partidos nacionales para luchar contra el desempleo podrían haber sido implementadas ya directamente a nivel nacional. Poner en perspectiva lo que puede y no puede hacer la Unión Europea es además uno de los ejercicios que permiten darse cuenta de los beneficios prácticos que conlleva la integración. En particular en aquellos ámbitos que dependen de procesos transnacionales poco propensos a ser regulados o protegidos.

En ese sentido un programa político europeo con recorrido es el que sintoniza con las posibilidades y las limitaciones que tiene la UE, o en su caso, que reclama cambios ambiciosos siempre y cuando vayan de la mano de la reivindicación de dotar a la UE de los poderes necesarios para llevarlos a cabo. La plataforma DebatingEurope ha resumido en cinco infografías las propuestas de los partidos europeos aquí (en inglés). En castellano, Cristina Ares publicó un estudio comparativo brillante en estas mismas páginas. Una lectura transversal de ambos documentos es suficiente para percatarse que algunas propuestas no corresponden con lo expuesto en este párrafo.

3. ¿Qué retos?

La noche del 25 de mayo se cerrará una etapa y empezará otra en la que la política europea se enfrentará a su particular Cerbero. Un desafío por partida triple: legislativo, institucional y constitucional.

A nivel legislativo la octava legislatura deberá transitar por textos con implicaciones a largo plazo. En el ámbito de las libertades públicas los eurodiputados deberán decidir si crean una fiscalía europea, si aprueban un registro de nombres para los pasajeros de la UE, o si apoyan nuevas medidas para proteger/limitar/modificar las leyes sobre la protección de datos y la privacidad. A nivel económico, se pondrá a prueba el calendario para la Unión Bancaria (la cual está prevista que esté en funcionamiento en 2018-2020) y se cuestionará la capacidad del Parlamento Europeo de jugar un papel activo en la mitificación y resolución de la tremenda crisis social que está viviendo Europa, en particular los más jóvenes. A nivel comercial la eurocámara tendrá en sus manos la potestad de volver a cerrarle la puerta a Estados Unidos como hizo con el Tratado ACTA, o si esta vez considera oportuno firmar un tratado comercial y de inversión. Será también la legislatura que debata si sigue apoyando un sistema de cuotas para la igualdad de género en las empresas públicas y/o privadas, además de debatir sobre el futuro de los organismos genéticamente modificados. Y si los estados no se oponen, será la legislatura que acabe con todo un símbolo como los costes de roaming

A nivel institucional, el Parlamento librará de aquí a diciembre su particular gran batalla contra el Consejo Europeo por ver quién lleva la iniciativa en la elección del próximo Presidente de la Comisión Europea. Una oportunidad para el parlamentarismo en Europa y también un puzle político colosal, y más si las encuestas cumplen con su vaticinio matemático y arrojan un Parlamento donde el margen de alianzas quede algo amedrentado por 90 eurodiputados euroescépticos; electos precisamente para asediar la agenda legislativa y bloquear la formación de mayorías.

Y finalmente, será una legislatura donde el reto constitucional vuelva a la ágora pública, casi diez años después del fallido Tratado Constitucional de 2005. Es probable que el posible referéndum en Inglaterra en 2017 cambie la faz de la Unión, si es que el referéndum escocés en otoño no la empieza a cambiar ya. En cualquier caso, la presión incesante de las lógicas de la globalización llevará a la Unión a preguntarse si la integración es su apuesta de futuro, y qué naturaleza (democrática, intergubernamental, plural), es la realizable.   

En Europa, está todo por decidir. 

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