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Gestionar es hacer las cosas posibles

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melania

Eso de ser gestor de I+D+I no lo decide uno, más bien es esa clase de profesión a la que se llega por casualidad, casi sin quererlo, animado por las ganas de solucionar problemas, de hacer bien las cosas. Luego, la realidad te sobrepasa como un tsunami: a veces se puede, a veces no. Y vamos guardando en el cajón de lo imposible cosas que creímos poder hacer posibles. ¿O no?

Después de trece años de experiencia como gestora de I+D, desde hace algo más de un año soy gerente del Instituto de Microelectrónica de Sevilla – Centro Nacional de Microelectrónica (IMSE-CNM), un centro de investigación dedicado al diseño de circuitos y sistemas integrados. El IMSE-CNM es un instituto mixto del CSIC y la Universidad de Sevilla, y tiene como peculiaridad que todos sus grupos de investigación están integrados por personal investigador de una y otra Institución. Por tanto, la sinergia institucional es una realidad que permite el desarrollo de actividades de investigación, docencia y transferencia de alto impacto, con aplicaciones en áreas estratégicas como Espacio, Seguridad, Salud y Transporte.

Me encanta ser gerente de este Instituto. Mi trabajo implica apoyar a personas prácticas, orientadas a la búsqueda de soluciones, ambiciosas y creativas, cuyo objetivo es crear, difundir y transferir conocimiento para nuestra sociedad. Tener la oportunidad de aportar un granito de arena en esta tarea imprescindible es un desafío y un privilegio.

Sin embargo, hay que reconocer que las reglas de la administración pública son un corsé demasiado apretado para la I+D+I, donde la eficacia y la eficiencia son indispensables para ser competitivos. Las dificultades y los retos de mi trabajo provienen fundamentalmente de esta realidad pues, a veces, el personal investigador entiende que lo que los gestores defendemos y propiciamos es, primordialmente, la propia gestión frente a la investigación.  Así, en nuestro entorno, es más común de lo que nos gustaría escuchar frases como “…esta gerente siempre dice que no…” o “…qué difícil nos lo ponen en administración…”, y otros comentarios de esta índole que suenan por los pasillos de los centros de investigación y de las facultades.

De este modo, a menudo se personifican las dificultades de desarrollar investigación en el ámbito público en el personal de gestión. Empero, yo creo firmemente que los gestores somos los mejores y más provechosos cómplices del personal investigador. Casi siempre, ayudamos a aflojar un poco el corsé y sacar el mejor de los provechos de nuestro sistema de I+D+I, reconociendo y sorteando las desventajas y aprovechando las ventajas de lo público. Esta complicidad entre investigación y gestión debe notarse cada día, en nuestra forma de hablarnos, de trabajar hombro con hombro y confiar los unos en los otros. Una cuestión imposible que debe hacerse posible.

"Y al final, nos encontramos con el monstruo de la burocracia"

Es cierto, de otro lado, que nuestra tarea no está profesionalizada, lo que favorece que haya diferentes tipos de gestores: con carrera, sin carrera, con idiomas, sin idiomas, analíticos y generalistas, expertos en legislación o con magníficas capacidades para las relaciones interpersonales. No están descritos oficialmente ni los conocimientos, ni las habilidades, ni las actitudes que necesita una persona para ser gestora de I+D+I ni gerente de un centro de investigación, profesiones fundamentales para propiciar una investigación de calidad en este país, que tanto lo necesita.

Personalmente, creo que gestionar bien en nuestro ámbito requiere conocer los sistemas europeo, español y regional de investigación, la legislación propia de la Administración Pública y saber inglés. También, creo que se necesita tener la habilidad de trabajar en equipo, creatividad, capacidad de análisis, autonomía y dotes interpersonales, además de una actitud proactiva y abierta. No todos cumplimos con estos requisitos, pero estoy convencida de que la mayoría intentamos honestamente hacer lo mejor para facilitar la investigación, en un sistema cambiante y poco estandarizado, en el que lidiar con la incertidumbre es inevitable. Otra de esas cosas imposibles que se hacen posibles cada día.

Y al final, nos encontramos con el monstruo de la burocracia. Como gerente, es lo que peor llevo y, desde luego, entiendo las quejas del personal investigador: cada paso de su labor debe quedar registrado, pasar por medios de control, firmas, vistos buenos, archivos diversos. Y, cuando todo está hecho, bien ejecutado y justificado, nos cambian las reglas del juego, ordenan auditorías y el miedo se apodera de todos nosotros. La burocracia puede llegar a convertirse en un monstruo terrible que hace que perdamos eficacia y eficiencia, y que, además, confunde: es innecesario que la propia administración se ponga trabas a sí misma.

Validar los sistemas internos de seguimiento y control de las entidades públicas debiera ser suficiente para ejecutar proyectos de investigación con garantías, sin que los mismos empleados públicos que generan la actividad y los ingresos estén bajo continua sospecha de incumplimiento. Es absurdo, se lleva demasiado tiempo y dinero público, e impide que seamos competitivos a nivel internacional. Centrémonos en conseguir objetivos científicos que generen conocimiento, formación y transferencia de alto impacto y, por otro lado,  garanticemos la transparencia con una gestión de calidad. La más importante de las cosas imposibles que debemos hacer posibles.

Por último, discúlpenme el uso del genérico masculino, en algunos casos, y del femenino, en otros. En esta profesión mía, las mujeres somos mayoría. No crean que es porque se nos da bien gestionar “la casa” (en eso de las habilidades todos nos caímos en alguna marmita, independientemente del género o el sexo), es una cuestión de horarios: ser investigadora o investigador conlleva muchos problemas de conciliación, ser gestor o gestora, casi siempre, comporta algunos menos. He de confesar que la que escribe es de las que dejó su tesis a medias porque eligió ser madre a los 28. Creo que ambas fueron buenas decisiones,  esencialmente, porque aún me quedan algunos imposibles que sacar del cajón. 

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