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ARAGÓN

Feminismo, qué difícil eres

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Feminismo, qué difícil eres. Si los lectores de este diario creen que lo que antes se llamaba izquierda está dividido, no se pueden imaginar lo que pasa entre las personas que buscan la igualdad entre los géneros.

Un ejemplo rápido, la semana pasada se anunció una charla en La Morada de Arganzuela sobre feminismo y porno de la mano de la actriz Amarna Miller, figura que ya había dado su apoyo en diciembre a Podemos. Rápidamente hubo quién se ruborizó, quizás demasiado, ante la idea de que se hable de pornografía, feminismo y política en  una misma charla. Incluso hubo una autodenominada feminista del PSOE, Ángeles  Álvarez, que  afirmaba que “el feminismo debería tener otras prioridades”. Imagino que Álvarez estará preocupada por la violencia machista y la discriminación laboral, preocupación que no parece incluir la violencia machista o discriminación laboral que pudieran sufrir las actrices porno.

Más allá de decidir quiénes pueden ser las beneficiarias del feminismo lo que resalta aquí es la vuelta a una moralidad un pelín rancia por parte de gente supuestamente “progresista” y de izquierdas. Tras las muchas, muchísimas, luchas en torno a los derechos de la mujer, tras pelear contra Gallardón para defender el aborto voluntario, tras reivindicar nuestros cuerpos como nuestros, parece que hay una parcela de la mujer en la que ésta no puede ser dueña absoluta, ni siquiera para estas feministas: la sexualidad.

Defienden estas señoras, y señores (que alguno hay), que la pornografía favorece  la cosificación de la mujer, lo que es una premisa tremendamente triste y descorazonadora. Ese enfoque presupone que la mujer solo puede ser objeto sexual y no sujeto, que no hay consumidoras de pornografía y que las pornógrafas son automáticamente víctimas de una pérfida industria.

Siguiendo la regulación tradicional de la sexualidad, ésta es terreno vetado a las mujeres y todo lo malo que les ocurra en el ejercicio de la misma, ya sea por dinero o por placer, es culpa suya. Para estas feministas los males del trabajo sexual no son extrapolables al sistema en general, si no propios del medio, y por ello la única forma de erradicarlos sería eliminar el propio trabajo. Nadie puede negar que haya abusos y que los profesionales sexuales necesiten protección, hasta aquí como en todos los trabajos, pero la forma de obtener esa protección no es a través de paternalismos llenos de moralina conservadora (incluso viniendo por la izquierda) si no a través de sindicatos, activismo y convenios desde los propios trabajadores, no desde agentes externos que decidan por ellos.

Quizás esta gente tan moderna, tan roja y tan progre debería pasarse este martes por la sede de la Morada y aprender un poquito sobre la lucha feminista que, también, se da en la sexualidad, el deseo y los afectos y no sólo en las manifestaciones o en el Día de la Mujer.

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