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ARAGÓN

La convivencia entre lo urbano y lo rural, clave en la lucha contra la despoblación

El II Congreso Nacional de Despoblación, organizado por la Diputación de Huesca y la Federación Española de Municipios y Provincias el pasado mes de junio, abogó por un sólido equilibro entre ciudades y pueblos

El Presidente de la Diputación Provincial de Huesca, Miguel Gracia, lleva tiempo reiterando la urgencia de medidas destinadas a favorecer el asentamiento en el medio rural

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Vista de Castejón del Puente.

Vista de Castejón del Puente. DPH

Uno de los retos a los que se enfrentan los Gobiernos de las sociedades occidentales es el de proporcionar una asistencia equilibrada a todos los ciudadanos que conviven dentro de su área de responsabilidad. Equilibrio en los deberes que cada uno los habitantes tiene pero, cómo no, equilibrio también en los derechos –en los servicios- que cada Administración debe poner al alcance de la población.

Y estos derechos –estos servicios- llegan en función de la distribución que cada Gobierno hace de sus propios ingresos (que llegan vía impuestos, fundamentalmente). Pero es en este punto donde se genera la mayor de las dificultades: ¿Qué parámetros se deberían seguir para alcanzar la justicia absoluta en el reparto de la inversión pública? es más ¿Qué valores debieran prevalecer, a la hora de marcar esos parámetros? Y sobre todo, ¿cómo actuar para que todas las personas, independientemente de donde residan, tengan igualdad de oportunidades en el acceso a estos servicios?

Para la Diputación Provincial de Huesca, hay respuesta muy clara y definida: un territorio bien vertebrado y equilibrado facilitará la generación de actividad y, en consecuencia, la pervivencia del mayor número de núcleos rurales que elevarán, en conjunto, la riqueza de la provincia.

Vertebración contra despoblación

La permanencia de una población autosuficiente en la mayor parte del territorio. Este, hemos dicho, es el objetivo. La otra opción -lo contrario- equivaldría a la condena de una parte muy importante de nuestra provincia –el 75% de los pueblos- a una muerte lenta y, evitable o no, es algo que ninguna Administración debería permitir.

La solución, como ya se concluyó en el II Congreso Nacional de Despoblación, organizado por la Diputación de Huesca y la Federación Española de Municipios y Provincias en la capital altoaragonesa el pasado mes de junio, podría estar en un sólido equilibro entre lo urbano y lo rural, dos espacios complementarios que se necesitan. Equilibrio que deberíamos empezar a buscar porque, al menos en la provincia de Huesca, la densidad de población está muy por debajo del 10% en una zona nada despreciable de su territorio.

En ese mismo Congreso se pusieron sobre la mesa varias medidas que deberían ser primordiales en la España interior, entre ellas que la despoblación, además de estar en la agenda política, esté también en la agenda económica y legislativa; acabar con la brecha digital con el apoyo de instituciones superiores a las locales; plantear una fiscalidad directa diferente a la de los ayuntamientos de las grandes ciudades y promover la educación y la concienciación para que las nuevas generaciones, principalmente gente de la ciudad, conozcan y sepan de dónde vienen y que entiendan el mundo rural como un complemento.

Punto de partida

Hasta ahora han sido las administraciones más pequeñas las más sensibles y conscientes del problema de la despoblación. Es en las Diputaciones Provinciales, auténticos sostenes del mundo no urbano, donde los pequeños municipios han encontrado el soporte necesario para sobrevivir, y ello a pesar de que es ahí, en los pueblos, donde se produce una parte importante de los alimentos que consumimos.

Este II Congreso sobre Despoblación ha conseguido despertar las conciencias de Madrid y de los Gobiernos Autonómicos y ha logrado que, al menos, la despoblación se haya inscrito en la agenda política. El siguiente paso será lograr que entre en la agenda legislativa y, sobre todo, en la agenda económica.

Foros como éste ayudan a dar visibilidad a una cuestión tan preocupante como ésta, y que debería primar a la hora de debatir el modelo territorial de Estado. Los medios de comunicación, la literatura, las redes sociales... todos están contribuyendo a dar voz a este medio rural que languidece y para lo cual urge abordar medidas de carácter transversal y en todos los ámbitos.

La despoblación ya es una política de Estado -con la creación de un Alto Comisionado y el reciente reconocimiento en la Conferencia de Presidentes Autonómicos-, ahora es preciso trabajar desde el municipalismo europeo para que en el próximo periodo europeo 2020-2027 haya dinero comprometido para la lucha contra la despoblación en España, y además, por razones obvias, que parte de ese presupuesto esté gestionado por los poderes locales, auténticos conocedores del medio rural.

Medidas concretas

El Presidente de la Diputación Provincial de Huesca, Miguel Gracia, viene reiterando desde hace varios años la urgencia de medidas destinadas a favorecer el asentamiento en el medio rural.

Entre otras, arbitrar medidas fiscales, una legislación ad hoc, sin coste económico… ¿Por qué un señor que vive a 1.200 metros de altitud tiene que pagar un IVA de lujo por su vehículo cuando para él ese coche es una necesidad?, ¿por qué no pueden pagar menos los autónomos que trabajan en los pueblos?... Para el presidente de la Diputación de Huesca la gente de los pueblos está lejos de los grandes hospitales… lejos de las universidades, y esto supone un coste para ellos, por lo que propone discriminar positivamente a estas personas para que paguen menos de renta por residir allí.

Otro aspecto que debiera tenerse en cuenta son los servicios básicos, pieza vital para el asentamiento en el mundo rural y para fomentar, también, el emprendimiento en la mujer. Se habló en el Congreso de Despoblación de conciliación entre la vida familiar y la vida laboral: servicio de guarderías; escuelas próximas; atención a mayores... servicios que, de no existir, dificultan y mucho el asentamiento en zona rural.

Disponer de una oferta suficiente de viviendas a precios asequibles es otro de los reclamos para atraer población. No se puede olvidar que en los pueblos puede haber un 70 u 80 por ciento de viviendas vacías que solo se emplean algún fin de semana, o en vacaciones, pero que no salen al mercado, por lo que hay que buscar fórmulas. En este sentido, la Diputación de Huesca ayuda a que los Ayuntamientos transformen las antiguas viviendas de los maestros o antiguos edificios se transformen en viviendas para usar en la actualidad.

Otro asunto esencial es la igualdad de oportunidades. Desde la Diputación de Huesca se ha va a desarrollar un concurso de 6,5 millones de euros para llevar la banda ancha a todos aquellos núcleos de la provincia de más de 20 habitantes que -se calcula- son unos 300. Este aspecto, la conexión a la banda ancha es un principio básico hoy en día a la hora de plantearse un “cambio de rumbo” en la vida… un paso del entorno urbano, al entorno rural.

La convivencia necesaria

Si observamos con detenimiento la evolución de la población en la provincia de Huesca desde, por ejemplo, el año 1900 a la actualidad, sólo podemos preocuparnos e intuir que, a este ritmo, más de la mitad de esta tierra será un páramo a finales de este siglo: a inicios del siglo XX la población de Huesca era de 255.000 habitantes; en 2011, descendía hasta 225.971. Mientras, en ese mismo período de años, la de Zaragoza pasaba de 421.000 a 971.000 personas.

Igualmente, si observamos la evolución por comarcas, se define claramente un trasvase de población de las zonas rurales a las zonas urbanas, pues sólo suben la Comarca de La Hoya de Huesca, Cinca Medio y Bajo Cinca. El resto sufren una más que preocupante sangría poblacional.

El pueblo, lo rural, representa una estampa de lo que España fue no hace muchos años. En ellos se guarda un patrimonio inmaterial que es necesario preservar para que las generaciones futuras conozcan la raíz de la que provienen y, especialmente, para conseguir una verdadera vertebración territorial y poblacional que permita un desarrollo sostenible y equitativo de todo el territorio, el urbano y el rural.

Nuestra riqueza no puede apoyarse únicamente en el arte o en el paisaje. También debe hacerlo en la costumbre, en los gestos, en aquello que hace a una persona reconocible en un territorio determinado. Es obligación de todos, pero sobre todo de las Administraciones responsables, proteger la historia -preservar lo que fuimos- para así dar sentido a lo que seremos.

Cada pueblo que muere se lleva con él un trocito de nosotros. Y por desgracia hay muchos pueblos en la cuerda floja. Es deber de todos procurar que exista un ayer que nos ayude a construir un mañana.

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