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El Salado, in memóriam

En el año 2000 más de 300 paramilitares irrumpieron en el pueblo, asesinaron a 66 personas y cometieron todo tipo de atrocidades durante tres días

El Salado se ha convertido en un pueblo emblemático de Colombia por representar al mismo tiempo el horror del conflicto y la reconciliación

Ayuda en Acción trabaja en El Salado desde el año 2013 para fortalecer el proceso de paz y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes

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Ayuda en Acción trabaja desde el año 2013 en El Salado en el proceso de reconstrucción y construcción de futuro.

Cartel ubicado en la biblioteca de El Salado, donde Ayuda en Acción trabaja para mejorar las condiciones de vida de los retornados y para fortalecer el proceso de construcción de paz. Ayuda en Acción

Hace 17 años los vecinos del corregimiento de El Salado –ubicado en Los Montes de María, en el Departamento de Bolívar– sufrieron y fueron testigos de horribles acontecimientos que dieron lugar al abandono y la huida del pueblo en su totalidad. Conocida como La masacre de El Salado ’ es una de las más violentas y desgarradoras que han existido en la reciente historia del conflicto colombiano, pero no la única. Solo en la región de los Montes de María tuvieron lugar más de 50 hechos en condiciones similares.

"En el año 2000 más de 300 paramilitares irrumpieron en el pueblo de El Salado, así como en los caseríos aledaños y asesinaron a 66 personas indefensas con inverosímil alevosía y crueldad. Los paramilitares violaron y empalaron a las mujeres, decapitaron a los campesinos y jugaron fútbol con sus cabezas, extrajeron los instrumentos de música de la Casa del Pueblo para celebrar con un estrépito de tambores cada muerte y fundaron un verdadero reino del terror: durante tres días con sus noches, ese grupo de paramilitares se instaló en la plaza central, bebió licor hasta la desmemoria y obligó a los habitantes del pueblo a presenciar, uno a uno, cada asesinato. Los 7.000 moradores huyeron tan pronto como pudieron y se refugiaron como desplazados en las ciudades". Quien narra lo sucedido es Claudia Jaramillo, directora de Fundación Semana, organización colombiana aliada de Ayuda en Acción en el trabajo de reconstrucción de la región de El Salado.

Pocos años después de aquellos hechos, una decena de familias supervivientes tomaron la iniciativa de retornar, reivindicar y poner en pie un nuevo pueblo, una nueva ciudadanía, basados en los principios de la paz y la concordia. Muchas entidades públicas, privadas y organismos de cooperación se unieron para fomentar la paz y ponerse al lado de esta comunidad para trabajar conjuntamente en un proceso de reconstrucción y construcción de futuro. Fue así como Ayuda en Acción llegó a El Salado y sus veredas y empezamos nuestro trabajo en la zona. Hoy en día viven allí más de 1400 vecinos y cada año retornan más de 150 personas.

Es por esto que El Salado se ha convertido en un pueblo emblemático de Colombia que representa, en su pasado, el horror del conflicto armado y, en su presente, la reconciliación y la construcción de paz desde un enfoque territorial y comunitario.

No olvidar aquellos acontecimientos tan atroces, el sufrimiento por el que pasaron las víctimas, sus familias y las familias de desplazados es importante para que se forje una memoria histórica que rechace todo símbolo de violencia y de conflicto entre los colombianos. A su vez, perdonar es necesario para saber construir puentes de paz desde la base de una comunidad en la que gobiernen los derechos humanos, la justicia y la libertad.

El papel de Ayuda en Acción en la paz y la reconstrucción de El Salado

Ayuda en Acción trabaja desde el año 2013 en El Salado con un gran proyecto de intervención a medio y largo plazo. Nuestro empeño fundamental es el de apoyar a las personas que viven en Las Veredas de El Salado con proyectos que van más allá de satisfacer sus necesidades básicas. Las veredas son caseríos aislados y dispersos que carecen de todo, donde la población es muy vulnerable y vive en condiciones muy precarias. Desde Ayuda en Acción,  queremos mejorar el acceso a medios de vida dignos a través del desarrollo económico y del desarrollo del tejido comunitario. En este sentido y con el objetivo de que las familias generen ingresos, trabajamos con campesinos y asociaciones campesinas para fortalecer su capacidad no solo productiva sino de transformación y comercialización de cultivos y, en concreto, en El Salado y sus veredas, del cultivo del tabaco que tradicionalmente ha sido allí un medio de vida.

También hemos construido escuelas para atender a la primera infancia y garantizamos la alimentación equilibrada de los niños y niñas mediante refrigeradores instalados en las escuelas que funcionan con energía solar, pues allí no llega la electricidad.

El acceso al agua es otro de los grandes problemas en las Veredas, para resolverlo hemos construido jagüeyes o balsas y tanques de ferrocemento con el fin de cosechar el agua para que los campesinos puedan adaptarse al cambio climático y tengan garantizado el riego de sus cultivos de subsistencia y, por tanto, su seguridad alimentaria. También hemos realizado obras de infraestructura como el acueducto que hemos construido, con el apoyo de Ferrovial, para garantizar el acceso al agua potable a toda la población de El Salado.

Pero si hay algo en lo que queremos incidir a través de nuestro trabajo es en el hecho de que los vecinos de El Salado y sus veredas sean los protagonistas de su propio desarrollo y puedan ser parte en la toma de decisiones porque es en estos espacios de participación ciudadana donde pueden exigir sus derechos, generándose así los cimientos para la construcción de una nueva ciudadanía desde las raíces comunitarias. Y también es allí donde se tienden la mano el pasado, el presente y el futuro de Colombia.

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