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A nosotros mismos

¿Vamos a callarnos porque no somos griegos?

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Grecia tiene razón y es quien en este momento mantiene en pie la poca, muy poca dignidad que le queda a Europa. Si Europa es capaz de gastar el dinero de todos para rescatar a la banca y deja hundirse a Grecia, Europa no merece existir. Si Europa tiene la desvergüenza de defender el pago de los intereses a una caterva de usureros por encima de la vida de los ciudadanos de Grecia, Europa debedesaparecer. Si, como dice Tsiripas, Europa confirma que quiere que haya dueños y esclavos, entonces Europa es una infamia.

Claro que, para infamias, la de la prensa española. El País aseguraba el domingo que un referéndum es “ una falsa salida. Los referendos los carga el diablo del azar y/o la pasión”.

La verdad es que, cuando el referéndum de la OTAN, en el que hasta Sánchez Ferlosio confesó (años depués) haber perdido el honor al apoyarlo, ese mismo periódico tenía en su editorial otra visión de los referendos (la que más le convenía entonces por supuesto): “ La realidad es que el referéndum ofrece a los españoles la oportunidad, escasa incluso en las democracias de mayor tradición y más estables, de pronunciarse por cuestiones que afectan a la política exterior y a la defensa, y esa oportunidad no puede ser desaprovechada de ninguna manera por quienes valoren el sistema democrático y confíen en las urnas”.

Ya sé, ya sé que ese diario no valora el sistema democrático ni confía en las urnas y, en consecuencia, desconfía de los referendos (si no favorecen a sus intereses); lo sé, pero no deja de alarmarme que hayamos llegado hasta aquí, que hayamos dado tantas vueltas para concluir que la democracia está muy bien, siempre que voten lo que nosotros queremos.

Tanto interés (o intereses creados) tiene El País en que triunfen los acreedores y Grecia quede humillada y empobrecida, que ayer lunes machacaban con otro editorial en el que, como el matón de patio de colegio, amenazan a los ciudadanos griegos: “ Ellos decidirán si les conviene correr el riesgo de apearse del euro y relegarse a un rincón irrelevante -y hostil- de Europa”.

Pero en fin, la cobardía interesada, el servilismo, la chulería pedante, la incongruencia cínica y en general la falta de escrúpulos de la derecha española ya la conocíamos, tanto en El País como en el PP o en el PSOE.

Mi pregunta va por tanto dirigida a todos los demás, a los españoles, a nosotros mismos: ¿vamos a dejar sola a Grecia?¿Nos vamos a callar puesto que no somos griegos?

Ha llegado el momento en que hay que decidir: o se está con la dignidad de todos y con Grecia o se está con eso que llaman Europa, es decir, los tipos que regatean cuántos inmigrantes van a aceptar, los que pretenden poner de rodillas a unos cuantos países para que sigan aumentando los beneficios de los inversores, los que defiende la libre circulación del capital, pero no la de las personas.

Por mi parte estoy del lado de Grecia y las instituciones europeas me importan un comino, aunque con la nueva Ley de Orden Público (más severa que la franquista) quizá también sea delito pasarse a la troika, sus pompas y sus lujos por el arco de triunfo.

Digamos algo, digamos que no, digamos que Grecia tiene razón y recordemos aquel poema que, como al parecer todo el mundo sabe, jamás escribió el bueno de Brecht:

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

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