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El 26% menos

Se nos acumulan los factores que provocan las desigualdades, lo que, en el ámbito laboral y en un mercado altamente precarizado provoca la feminización de la pobreza

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El Observatori del Treball i Model productiu de la Generalitat acaba de presentar un estudio sobre la diferencia salarial entre mujeres y hombres en el mercado laboral de Catalunya. La diferencia no nos sorprende pero si que nos preocupa. Nos muestra que lo que muchas percibimos y lo que muchos otros estudios señalaban es una realidad lacerante: las mujeres cobramos, en promedio, el 26% menos de salario, teniendo en cuenta que este porcentaje sube mucho, muchísimo, 42,6% en las franjas salariales más bajas. El salario medio anual masculino es de 27.477 euros mientras que el femenino es de 20.324 euros, estamos hablando de una diferencia de 7.123 euros menos.

Se nos acumulan los factores que provocan las desigualdades, lo que, en el ámbito laboral y en un mercado altamente precarizado, provoca la feminización de la pobreza. En los análisis sobre la pobreza hablamos de working poors esta pobreza de las personas trabajadoras, tiene unos altos niveles en el caso de las mujeres trabajadoras.

La diferencia salarial entre mujeres y hombres, dicha brecha salarial, es consecuencia directa de las desigualdades sociales entre mujeres y hombres. Algunos factores que lo explican son las responsabilidades familiares y, por tanto, la necesidad de condiciones para la conciliación de la vida laboral, familiar y personal-, los trabajos feminizados, lo que llamamos segregación horizontal, la infrarepresentación de las mujeres en niveles salariales altos - en los puestos de dirección, es decir, la segregación vertical fruto del techo de cristal- y, finalmente, la infravaloración de los trabajos y las capacidades de las mujeres.

No hay nada nuevo, es lo que las mujeres hemos sufrido siempre: infravaloración, techo de cristal -o de plomo- rol social asociado al cuidado, falta de igualdad real de oportunidades... que produce pobreza. El estudio nos muestra la realidad laboral, una realidad que no deja de ser la realidad social a la que nos somete el patriarcado. No hay nada nuevo? Sí, y no es menor. Los datos que nos muestran son de una importancia central en las políticas laborales. La visibilidad, traducida en estadísticas y porcentajes, nos muestra las dificultades y la necesidad de superar estereotipos que nos cierran oportunidades sociales, económicas, culturales, políticas, laborales. Una sociedad justa es aquella que se mide por el grado de satisfacción y felicidad de sus ciudadanas y sólo es posible construirla desde una perspectiva de género.

Las políticas no pueden ser neutras. Este estudio nos indica que, sin desagregar los datos, sin aplicar una mirada diferenciada en el análisis entre hombres y mujeres, las generalizaciones nos harán errar. Saber que está pasando con un análisis desagregado por sexos nos hace ver la situación de desigualdad profunda que sufrimos las mujeres. Las políticas y los indicadores, aparentemente neutros conllevan desigualdad para las mujeres. Imaginemos por un momento que las tareas domésticas y de cuidado fueran igualitarias, ¿no estaríamos hablando de otra situación?

En el ámbito laboral es necesario que las empresas apliquen los planes de igualdad. Actualmente en el registro público que tiene la Direcció General d’Igualtat del Departament de Treball, Afers Social i Famílies de la Generalitat hay 76 Planes de igualdad validados, 42 de los cuales pertenecen al 2016 y afectan a 26.826 trabajadoras y trabajadores. Es una buena noticia este avance, pero hace falta más implicación y cambios estructurales.

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