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Hablemos, ahora sí, de referéndum

La antigua CDC y la nueva ERC han estado gobernando para una minoría del país en términos de proyecto económico y cultural y no tienen legitimidad para hacer partícipes de su hoja de ruta a una mayoría que se siente excluida de su idea de Cataluña

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EFE

El "proceso" que hemos conocido hasta hoy se encuentra, a ojos de todos, en una situación de agotamiento. No lo está, sin embargo, porque el sustrato de aspiraciones que convirtieron la independencia en la principal utopía disponible en Cataluña haya desaparecido. Lo está porque el calendario y los hitos que han dirigido su desarrollo no han respondido a la necesidad de vertebrar un nuevo proyecto de país, sino a una misión de supervivencia cortoplacista propia de los contextos de crisis de los bloques de poder.

La capacidad de reinventarse de los actores que han ido configurando este calendario ha conseguido, sin duda, marcar la agenda del país y de la política catalana al resto de fuerzas políticas. Un relato que ha podido disputar de forma efectiva los significantes de "democracia" y "prosperidad" y que ha ido avanzando gracias a nuevos días D y acontecimientos históricos que situaban un muro opaco entre estas metas y el día siguiente.

El último giro: una nueva promesa de poner urnas que no será, claramente, el referéndum que ponga fin a la situación de bloqueo que vive el país. Más allá del pacto o la unilateralidad (marco que no comparto en absoluto), en mi opinión, una consulta que quiera llevar a cabo este Gobierno sin acuerdo con el estado no será nunca un referéndum por dos motivos inherentes de las fuerzas y los actores políticos que dirigen el proceso.

El primero, porque la antigua CDC y la nueva ERC han estado gobernando para una minoría del país en términos de proyecto económico y cultural (los últimos presupuestos son un buen ejemplo) y, por tanto, no tienen legitimidad para hacer partícipes de su hoja de ruta a una mayoría que se siente excluida de su idea de Cataluña.

El segundo, porque las coordenadas geopolíticas con las que el proceso, ERC y la exCDC leen el contexto internacional los ubican dentro del bloque del inmovilismo de un modelo de integración europea que se ha demostrado beligerante con las aspiraciones democráticas de los pueblos, especialmente, con las de los países del sur. En el lado opuesto, pues, de las potencias y fuerzas políticas que han hecho de la recuperación de la soberanía y un nuevo mundo multipolar su estandarte y que podrían ver con buenos ojos la celebración de la consulta.

Por tanto, más allá de los argumentos legales y jurídicos, el hecho de que este sea un Gobierno con una visión política que responde al viejo orden de las cosas los pone en una situación de inmensa dificultad si realmente tuvieran la pretensión de convertir este nuevo intento de consulta en un referéndum efectivo.

Y para terminar, hablamos, ahora sí, de referéndum. En mi opinión, si la independencia ha dibujado la utopía disponible, el referéndum ha sido, sin duda, la demanda aglutinante de las aspiraciones democráticas de una ciudadanía que sigue soportando la corrupción y el uso patrimonialista de las instituciones de manos de los mismos que no garantizan sus derechos ni sus aspiraciones.

En este sentido, si en el relato independentista el referéndum es una pantalla a ganar y superar, el debate de la moción de censura de estos dos días y, especialmente, la intervención de Xavier Domènech, ha inaugurado un nuevo relato capaz de disputar esta demanda desde el soberanismo: el derecho a decidir en clave constituyente, no sólo por una nueva Cataluña, sino como condición para un nuevo proyecto de estado plurinacional encabezado por las fuerzas del cambio.

En un contexto en el que Podemos, en Común Podemos y demás confluencias han conseguido volver a acelerar la marcha con la posibilidad de una mayoría alternativa en el horizonte, habrá que ver si este nuevo relato incipiente que estos dos días ha ocupado la centralidad del debate en el Congreso es capaz de vertebrar un proyecto de país en clave democrática también en Cataluña. Como siempre, será necesario no quedarse en la defensiva y mucho optimismo de la voluntad.

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