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‘Lady Macbeth’, de William Oldroyd: retrato de los confines del alma

Florence Pugh carga sobre sus espaldas este impresionante drama victoriano sobre la transformación para evitar el dolor

La película está basada en el relato 'Lady Macbeth de Mtsensk', del ruso Nikolái Leskov, escrito en el siglo XIX

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'Lady Macbeth', de William Oldroyd

'Lady Macbeth', de William Oldroyd

Inglaterra victoriana. Katherine (Florence Pugh) es una joven que vive en una enorme mansión del norte del país junto a un suegro, que la desprecia (Christopher Fairbank) y un marido (Paul Hilton) que es incapaz de tocarla. Katherine comenzará a buscar su libertad en pequeños gestos de desobediencia y en los parajes nublados, áridos del exterior del caserón donde vive encerrada. Lugares donde aprende a respirar y en donde también acabará descubriendo la pasión en brazos de uno de los siervos de su marido, Sebastian (Cosmo Jarvis). El aprendizaje de Katherine será rápido, voraz y su fría lucidez acabará convirtiéndola en una mujer implacable, dispuesta a cualquier cosa con tal de no perder el dominio sobre su destino.

' Lady Macbeth' es un cruel retrato de los confines del alma; un retorcido recorrido por un personaje que lejos de dejarse apoderar por el dolor, la humillación o el resentimiento, aprende que la supervivencia es un viaje libre de alforjas: sin conciencia ni retorno. El espectador pronto reconoce que algo no cuadra en la protagonista, al menos, ella se conduce fuera de lo previsto. Y esta intriga atrapa su atención de forma poderosa. Según avanza la historia, comprende que se encuentra ante una criatura que, en medio de su tragedia, ha dejado de sufrir. Katherine madura de forma abrupta, convirtiéndose en una mujer de voluntad implacable.

Se trata de la primera película del director de teatro y ópera británico William Oldroyd, y está basada en el relato 'Lady Macbeth de Mtsensk', del ruso Nikolái Leskov, escrito en el siglo XIX. Oldroyd y la guionista, Alice Birch, conducen la película con una inteligencia narrativa y una habilidad estética que sabe trascender los límites de la pantalla para rodear al espectador de una atmósfera viciada, enrarecida. Ayuda el suspense transgresor impreso en el metraje, su vocación de thriller que se queda a medio camino. Y es que no llega a materializarse con los mimbres acostumbrados del género…. porque esta es otra historia.

Oldroyd da muestras de su dominio del lenguaje cinematográfico, algo asombroso en un cineasta primerizo. Y es una habilidad que cautiva desde el primer momento. Como cuando habla de la soledad de la protagonista a base de pinceladas fugaces: a través de la boda de una niña distraída, de su somnolencia recurrente (un buen refugio), ya casada, de cuatro sillas vacías que se enfrentan, como ausentes… y de un diván. Un diván que ofrece en pantalla una bella y equilibrada composición escénica, pero también es el lugar desde el cual la protagonista aprenderá a disimular. A calmarse y coger aliento, enfrentándose a un mundo que es hostil, pero al que le ha tomado las medidas a tiempo.

La cámara juega a la indiferencia y suele mantener las distancias. Hay muchos planos medios o generales, escasos acercamientos a los personajes. Este punto de vista del cineasta provoca que resulte mucho más inquietante  y reveladora cualquier secuencia que reclama cierta fuerza emocional y, en especial, la poderosa y vulnerable mirada de su protagonista, Katherine. Y es que buena parte de la intensidad trágica que logra la película se debe a la magistral interpretación de la joven de 19 años Florence Pugh. Una soberbia actriz sobre la que descansa completamente la narración .

La película deja una huella difícil de borrar en la memoria. Como su clímax, que se alcanza de una manera aterradora. Es un momento cumbre donde el silencio y una acción, como en segundo plano, lo  cuentan todo. En los alrededores del desenlace de 'Lady Macbeth', esta escena acaba devolviendo al espectador a su realidad de forma brusca. No queda otra. Es el mismo impulso agónico con el que uno se despierta de una pesadilla imposible de respirar.

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