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Flattr: del “me gusta” al “ahí va un dinerillo”

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Flattr Street Artist (por flattrcom en Flickr con licencia CC BY 2.0)

Flattr Street Artist (por flattrcom en Flickr con licencia CC BY 2.0)

Uno de los primeros ejemplos que queremos compartir en este blog es el de Flattr, un servicio que arrancó hace un par de años, en marzo de 2010, como herramienta de micropagos mediante Internet. Consiste en un sistema de microdonaciones online que permite a sus usuarios disponer de un botón en su página web, blog, vídeo u otros contenidos para que la gente pueda hacerles llegar pequeñas cantidades de dinero con un sólo clic. Para ello, cada microfinanciador dado de alta en Flattr dispone de una cuenta personal a modo de cartera virtual, que recarga con dinero a medida que usa en aquellos proyectos que quiere apoyar con el crédito de que dispone.

Se trata de una iniciativa creada por Peter Sunde, uno de los cofundadores del motor de búsqueda de torrents The Pirate Bay, quien trataba así responder a la misma pregunta que con el conocido portal de acceso a descargas de contenidos, según sus propias palabras: “¿cómo puede ganar dinero la gente creativa cuando la propia Red es quien se queda el dinero?” Esto es, un modo en que a parte de las grandes operadoras y compañías de acceso a servicios, o intermediarios tradicionales como discográficas o editoriales, pueda fluir dinero entre personas de modo totalmente distribuido y descentralizado, con lógica de red.

Uno de los planteamientos interesantes del sistema es que ofrece la posibilidad de que otras herramientas y portales web lo integren, y que cualquiera pueda escribir aplicaciones basándose en su interfaz de programación abierta (o API). Incluso compartiendo con los desarrolladores de las mismas, a partes iguales, el 10% de lo que Flattr obtiene por cada transacción. También que la cantidad de dinero emitido por cada usuario a proyectos funcione mensualmente en relación a su actividad, de modo que si éste hace clic en muchos botones de Flattr el importe mensual se repartirá en proporción, mientras que si sólo hace en uno o en pocos proyectos estos recibirán cada uno mayor cantidad de dinero, siempre equitativamente. Otro aspecto a tener en cuenta es que hayan integrado la posibilidad de pago mediante códigos QR, y por tanto mediante fotos tomadas en el espacio público u otros lugares donde esté teniendo lugar aquello a lo que el usuario quiera apoyar, como por ejemplo música en la calle.

Obviamente, hay que dimensionar esta experiencia en su medida, como una solución que puede ayudar adicionalmente en la obtención de ingresos por ejemplo para bloggers (uno de los ámbitos en que más funciona) o también iniciativas fuera de la red (como sería el caso de un club de aficionados al punto de cruz, que lo usan para elogiar diseños inventivos). Supone por tanto ingresos en cierto modo simbólicos, complementando métricas como la audiencia o actividad en torno a diferente tipo de iniciativas. Pero todavía dista mucho de significar una alternativa con suficiente masa crítica y recorrido para que alguien financie de modo exclusivo y/o sostenido su actividad. Aún así, de ese cruce entre la filosofía de la tarifa plana, el apoyo monetario entre iguales y el decir “me gusta” pero aportando finalmente algo más que bits, creemos que pueden surgir aún desarrollos, experiencias y aprendizajes relevantes, ¿no os parece?

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