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Israel ante la FIFA: fútbol, racismo y apartheid

La Federación Palestina de Fútbol solicita la suspensión de su homóloga israelí al considerar que viola sistemáticamente los Estatutos de la FIFA en lo referente a la lucha contra el racismo.

La petición palestina insiste además en la vulneración de jurisdicción y derechos que supone que equipos radicados en las ilegales colonias israelíes en el territorio palestino ocupado jueguen la liga de Israel, el país ocupante.

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El próximo 28 de mayo se votará en la FIFA una propuesta presentada por la Federación Palestina de Fútbol para suspender a la Federación Israelí debido a sus violaciones al estatuto de dicha organización. Israel alega que la moción es meramente política y que no hace nada más que politizar la discusión en el seno de un ente deportivo. Esta explicación, propia de un régimen de apartheid que hace todo lo posible para continuar violando los derechos del pueblo palestino de forma impune, pretende simplemente hacer olvidar que también en el mundo del fútbol Israel se caracteriza por violar las reglas.

La propuesta palestina se basa en tres puntos principales:

1. Las restricciones de movimientos desde, entre y hacia Palestina por parte de Israel, la potencia ocupante.

2. El racismo en contra de palestinos, árabes y musulmanes presente en la liga israelí, principalmente por parte del equipo del primer ministro Netanyahu, el Beitar Jerusalem, y que se mantiene impune por parte de la federación israelí.

3. La presencia en la liga israelí de cinco equipos representativos de colonias israelíes situadas en la Palestina ocupada, un territorio que no le pertenece a la federación israelí, violando así la jurisdicción de la federación palestina.

Desde 2013, en el Congreso de la FIFA celebrado en Mauricio, Palestina ha intentado suspender a Israel por sus violaciones de los Estatutos de esta organización. Tanto en ese congreso como en el posterior de Sao Paulo (2014), la federación palestina aceptó propuestas de la FIFA y la UEFA para crear mecanismos que pudieran dirimir las diferencias y facilitar el desarrollo del fútbol en Palestina. Los mecanismos fracasaron, hasta el punto de que llevaron al encargado del mecanismo instaurado en Sao Paulo, el presidente de la federación de fútbol de Chipre, a renunciar a los seis meses debido a las constantes violaciones israelíes.

En ese proceso, la UEFA premió a Israel dándole la organización del torneo europeo sub-21, mientras la sede de la federación palestina era invadida por soldados armados; estadios en Gaza eran bombardeados; estadios en Jerusalén Este invadidos; jugadores, árbitros y otros profesionales del futbol atacados y arrestados; así como negado el acceso de jugadores palestinos de la diáspora, incluyendo el propio entrenador de la selección palestina.

¿Y que ha hecho la “inocente” federación israelí? No solamente ha callado frente a las violaciones al fútbol en Palestina, sino que también se ha esmerado en justificarlas. Dicho en otras palabras, la federación de fútbol es un instrumento integral de la empresa de colonización israelí en Palestina que, usándose para blanquear el apartheid israelí frente al mundo, incluso ayuda a legitimar la empresa colonial al aceptar entre sus filas a clubes de las colonias.

La semana pasada la federación israelí se negó a restarle puntos al Beitar Jerusalem, un equipo que por norma no escrita se niega a contratar a jugadores árabes/palestinos (más del 20% de la población israelí) mientras sus fanáticos levantan el eslogan de “Beitar siempre puro” para referirse a esa política. Ello tras un nuevo episodio racista, cuando un jugador palestino fue duramente atacado por su condición racial. El propio árbitro del partido le solicitó al jugador que “no informara” de lo sucedido para no levantar protestas. Entonces, la federación israelí decidió públicamente darle una “última oportunidad” a un equipo que durante décadas se ha acostumbrado a ser un santuario para los sectores más recalcitrantes de la sociedad israelí. Por cierto, ese equipo juega en la UEFA sin tener sanción alguna.

Si bien Israel alega tratarse de una discusión política, lo cierto es que la resolución palestina se basa única y exclusivamente en los Estatutos de la FIFA. Es decir, no califica a las colonias como lo que son, crímenes de guerra, sino que el conflicto se reduce simplemente a que aquellas participan en la liga israelí. De la misma forma que la FIFA hizo que Rusia no incluyese en su liga a los tres clubes de Crimea, bajo amenaza de sanción, a Israel no puede permitírsele tener equipos de un territorio que internacionalmente es reconocido como parte de otro país.

La semana pasada el presidente de la FIFA Joseph Blatter visitó Israel y Palestina. En un intento para que Israel no sea sancionado, intentó comenzar por el final e invitar a las partes a “jugar un partido de fútbol”. Algo que en algún momento podría ser un bonito evento deportivo, hoy es un insulto para los miles de deportistas palestinos que sufren las violaciones diarias de derechos ejecutadas por el gobierno israelí y legitimadas por su federación de fútbol. La FIFA debe simplemente actuar en conciencia con los antecedentes que ya maneja y, tal como hizo en los casos de Sudáfrica (1962) y Yugoslavia (1992), actuar de forma decisiva en contra de quienes violan los estatutos de la organización. Cualquier otra cosa sería vulnerar los principios éticos de la organización y permitir que el fútbol siga siendo utilizado por Israel como un arma para blanquear la ilegal ocupación y el inmoral régimen de apartheid, objetivos con los que la federación israelí está totalmente comprometida.

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