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Entrevista a Johan Galtung

Entrevistamos al reconocido sociólogo y matemático Johan Galtung (Oslo, 1930), considerado el padre de la investigación académica de la paz. Fundador de prestigiosas organizaciones como el International Peace Research Oslo (PRIO) o el Journal of Peace Research. Premio nobel de la paz alternativo en 1987. Mediador en más de 200 conflictos y autor de más de 160 libros y 1600 artículos académicos.

A él se deben conceptos como el de paz positiva, paz negativa o violencia estructural, que conforman los pilares fundacionales de los debates actuales en la materia. A sus 84 años sigue trabajando en TRANSCEND, una red global por la paz, el desarrollo y el medioambiente fundada junto con Fumiko Nishimura, su mujer, en 1993.

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¿Existe una fórmula “mágica” para conseguir la paz?

Para ello tengo una fórmula matemática. Hacen falta cuatro cosas:

Paz = (Equidad x Armonía o Empatía) / (Trauma x Conflicto)

Paz es igual a Equidad multiplicada por Armonía o Empatía y dividida por Trauma por Conflicto.

Equidad como cooperación en beneficio mutuo e igual. Armonía o Empatía es sentir la alegría y también el duelo y sufrimiento del otro. Hay que entender cómo los otros ven la situación. Por eso, en Afganistán había que hablar, además de con el Departamento de Estado y el Pentágono, con los talibanes y Al-Qaeda. Traumas derivados de la violencia. Por último, Conflicto, que no equivale a violencia. Un conflicto es una incompatibilidad de objetivos. Yo quiero algo y tu quieres algo y no vemos cómo podemos obtenerlo ambos. Con los traumas y conflictos hay que hacer algo. En el caso de los traumas se llama conciliación. No digo reconciliación porque no había necesariamente algo bueno antes. En los conflictos se llama solución. Entonces debemos construir equidad, empatía, conciliación y solución. Si se hace todo esto, se consigue la paz. El problema es entender cómo hacerlo, y eso no se consigue en un fin de semana.

¿Cuál es la regla principal en la mediación?

El dogma principal de TRANSCEND es que si quieres evitar la violencia hay que identificar el conflicto subyacente y tratar de resolverlo. Para ser mediador lo primero es hablar con todos, y hay que entender sobre todo lo que no están diciendo. Está en lo axiomático, lo que para las partes parece evidente. Pero una parte importante de la mediación es precisamente problematizar lo axiomático.

¿Cómo se pueden aportar soluciones a los conflictos?

He mediado en 200 conflictos, treinta con éxito. Muchas veces el éxito es parcial, que algo llegue a penetrar. Tener visiones es mi trabajo: visiones de solución. Las visiones son una combinación entre realismo e idealismo, que no se pueden materializar inmediatamente. Schopenhauer dijo que cuando uno tiene una sugerencia nueva ocurren cuatro cosas: lo primero es silencio; luego la sonrisa, ríen como locos; más tarde llega la sospecha: ¿pero qué quiere?; y por último, el político dice: “siempre ha sido mi opinión que…”. A mí me pasa lo mismo. Las visiones están en el aire, esperando a su portador. Es un poco metafísico. Son como pájaros tratando de encontrar a alguien que las saque a la luz. Cuando no tienes visiones hay dos opciones: “bombas” y “corrupción”. Poder militar y poder económico. Estados Unidos piensa que con estos dos medios lo puede arreglar todo. Por eso no puede desarrollar visiones basadas en las palabras. En Afganistán no estaban interesados por una solución, sino por la victoria. Sucede igual en España. Está inmerso en lo profundo de la cultura. Cómo uno cree que la sociedad funciona: a través de la fuerza, del dinero o de las palabras.

La democracia está basada en las palabras. En democracia la visión es imprescindible. Los portadores de visiones se llaman partidos políticos. Si lo hacen bien o mal ya es otra cosa. Existen visiones de Españas diferentes, pero hay fuerzas muy claras que están haciendo todo lo posible para impedir que se realicen estas visiones diferentes. Algunas fuerzas que quieren mantener el statu quo se llaman bancos. Y por eso el problema en el Congreso no es el nombre del partido, sino del banco lo financia. Por eso vivimos una perversión de la democracia debida al poder de los bancos.

¿Cuáles son los grandes retos a los que se enfrenta el mundo hoy en día?

Dentro de mi lista de los cinco problemas más graves del mundo hay dos que me preocupan especialmente: uno es el terrorismo y el terrorismo de Estado. Las guerras tradicionales están siendo sustituidas por este modelo. El terrorismo de Estado mata a 99 personas por cada una que matan los terroristas. Es lo que Noruega y España han hecho en Afganistán.

El segundo es el conflicto entre nacionalismo y estatismo. Nación es un grupo cultural con cuatro características: comparten más o menos el mismo idioma; tienen más o menos la misma fe, religión o visión; tiene una historia en común, es decir, un conjunto de mitos compartidos; y una geografía por la que sienten un vínculo de pertenencia. Si hay más de una nación que tiene un sentimiento de pertenencia sobre un mismo espacio geográfico, entonces tenemos un problema. Los poderes coloniales han trazado líneas dividiendo naciones o haciendo paquetes con naciones que se detestan.

¿En qué momento el concepto actual de Estado se ha convertido en problemático?

Hasta ahora se aceptaba la existencia de una nación dominante frente a otras que no dominan. Esto ya no es aceptable. Va en contra de los derechos humanos. Cada nación quiere salir a la luz y no estar a la sombra de una nación dominante. En el mundo hay 194 Estados miembros de Naciones Unidas. Solo veinte son Estados de una sola nación. Los 174 restantes son multinacionales y de entre ellos solo cuatro han resuelto este problema relativamente bien: Suiza, Bélgica, Malasia e India (con la excepción de Assam). Entre ellos no está España.

¿Podría hablarme un poco más del caso de España?

En el art. 1 de la Constitución española se habla de Estado español. Es en art. 2 donde se menciona “la nación española”. Los constituyentes crean una nación española que no está en el artículo anterior, dando un salto de Estado a nación que, en mi opinión, es muy infeliz. Y permítame que en este punto dé un salto a Afganistán. Cuando hablo con los talibanes, tengo dos preguntas como mediador: ¿cuál es el Afganistán donde usted quiere vivir?; y ¿qué es lo peor que a su juicio ha ocurrido en la historia de este país? En 1893 el Imperio británico trazó una línea de 4000 km entre su imperio y Afganistán. Allí estaba el pueblo pastún, que es la mayor nación sin Estado en el mundo. De un total de 50 millones, 30 quedaron en Pakistán (sucesor del Imperio británico), 12 en Afganistán y el resto en la diáspora. La mayoría de los talibanes son pastunes, por lo que para ellos éste es su mayor problema. El paralelismo en España con vascos y catalanes es claro. Hay vascos y catalanes a ambos lados de la frontera.

¿Cuál fue su propuesta de solución para Afganistán?

Mi sugerencia es crear una comunidad de Asia central con fronteras administrativas, pero totalmente abiertas para que los pastunes puedan cruzar libremente. En el caso español esa gran frontera abierta ya existe y se puede circular libremente sin ser contrabandista. Pero hay que hacer algo más.

¿Qué es ese algo más?

En la Constitución hay dos definiciones de España: "Comunidad de Naciones" (CDN) y "Una, Grande y Libre" (UGL). Está muy claro que para el PP España es UGL, pero la solución se llama federación: una CDN con tres detalles en relación con el País Vasco.

Primero, una autonomía avanzada que incluya el derecho de tener consulados en sitios clave en el extranjero. Se trataría de reconocer al País Vasco en Francia y España como una entidad política. Algo relativamente fácil de llevar a cabo en la Unión Europea.

Un segundo punto pasa por la conciliación del trauma de ETA y de la otra violencia. Hablo de reconocer culpas pero sin castigo. Son necesarios estos actos y España lo hace muy mal, de la misma manera que ha manejado mal la memoria respecto de la guerra civil y el franquismo. Hay un aspecto de reflexión en todo acto de conciliación. Preguntarse qué hemos hecho mal y cómo hubiéramos podido evitarlo; o qué no hemos hecho, los actos de omisión. Franco realizó sus últimas matanzas de manera pública, con orgullo, mientras que González lo ocultó todo. Ocultar matanzas se llama democracia y hacerlo públicamente se llama dictadura. Son palabras un poco duras, pero es así.

El tercer punto es utilizar una comisión imparcial y paritaria como órgano de resolución de conflictos entre Madrid y Vitoria. Podría ser el Tribunal Constitucional, aunque no es nada fácil.

Este tercer punto que plantea parece problemático. ¿No hay una alternativa?

Para mí, parece claro que históricamente falta una cultura de soluciones en España. Parece que los políticos españoles tienen más miedo a las soluciones que a ETA. Temen desvelar su posición y acabar en el lado equivocado, el que no gana. Al anunciar tu posición asumes el riesgo de perder, pero hay que verlo de otra manera, como una contribución al debate. Volviendo a la pregunta, se puede avanzar con los otros elementos sin necesidad de esperar a que cambie el TC si resulta demasiado complicado. Otra alternativa es la fórmula Suiza. Su truco es no tener un presidente con mucho poder. Su modelo es un comité de siete personas con dos normas. Primero, tres hablan alemán, dos francés, uno italiano y uno ladino. Segundo, dos son de izquierdas, tres de centro y dos de derechas. Este equilibrio es el que hace que funcione. Esto es más dramático que un TC como órgano de gestión de conflictos.

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