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Terminator: el imperio de las máquinas

La consola de Skynet, ente con inteligencia artificial capaz de ordenar la rebelión de las máquinas

John Tones

Empezó con una modestia envidiable: una película de ciencia-ficción con un director prácticamente debutante, actores desconocidos y casi sin efectos especiales. El éxito fue de tal envergadura que, además de catapultar al estrellato a buena parte de los implicados, dio un par de volantazos al cine de acción y ciencia-ficción de los 80, replanteando entre otras cosas la naturaleza de los papeles femeninos en el cine de género. Se convirtió con su primera secuela en uno de los revientataquillas más carismáticos y reconocibles de los 90 y ha generado todo tipo de análisis y literatura, como el reciente ensayo Terminator-El Imperio de Skynet, publicado en nuestro país por Applehead. Y ahora es una de las franquicias más queridas por los fans del género, pese a sus altibajos. Revisamos qué tiene que ofrecer, hoy, la saga Terminator.

The Terminator (1984)

The TerminatorCuatro millones de dólares escasos fue el presupuesto con el que contó James Cameron para poner en pie su idea de película barata de ciencia-ficción. Cameron solo había dirigido la deliciosa y baratísima Piraña II: Los vampiros del mar para Roger Corman, y le estaba dando vueltas al fenómeno de La noche de Halloween. John Carpenter había dirigido una película extraordinaria de género con menos de medio millón de dólares y había sido un éxito internacional. Con esa inspiración, la ayuda de su amigo Bill Wisher y la oposición de su agente, que veía venir un fracaso seguro, Cameron comenzó a escribir el guión de Terminator.

En esta primera versión de Terminator había dos androides homicidas: uno similar al de la película y otro indestructible de metal líquido, tal y como acabaríamos viéndolo en la segunda parte. Cameron acabó desechando esa idea por obvias cuestiones monetarias (de hecho, ya el primer robot se les iba un poco de presupuesto). La idea cayó en manos de Gale Anne Hurd, otra vieja conocida de Corman, que compró los derechos a cambio de un dólar y su palabra de que el propio Cameron podría dirigir la película.

Schwarzenegger no era la primera elección para el robot asesino (antes de él estaban Lance Henriksen, que acabaría dando vida a uno de los policías que investigan el caso de Sarah Connor, y OJ Simpson, descartado porque Cameron no creía que pudiera dar la imagen de ser capaz de matar a alguien -¡sic!-). Sin embargo, cuando el director se reunió con el actor austriaco, quedó impresionado por su presencia física y lo puso a entrenar con armas durante tres meses. Total de líneas de guión que pronuncia durante la película: 18, incluido su icónico “I'll be back”.

La potencia visual y conceptual que exhibe Terminator gira en torno a dos engranajes temáticos: la ingeniosa idea de viajar al pasado para cambiar el futuro, pero por una vez no en sentido positivo, sino de forma que condene a la humanidad; y la rebelión de las máquinas, cuyos primeros detalles en cuanto a nombres y fechas se comienzan a dar aquí. Ninguna de las dos ideas era especialmente original: la literatura de género llevaba décadas explotando ambos conceptos y, de hecho, el mítico autor Harlan Ellison, pese a que la película le entusiasmó, amenazó con demandar a los productores por las tremendas similitudes entre el film y uno de sus relatos. La cosa se solucionó pacíficamente cuando se le atribuyó un crédito como inspirador de la trama. En cuanto a la rebelión de las máquinas, suele citarse Almas de metal de Michael Chrichton como precedente directo, y lo cierto es que el Yul Brinner frío y homicida del clásico de la sci-fi de los 70 tiene más de un punto en común -al menos en términos de determinación e implacabilidad- con el Terminator que todos conocemos.

Aunque caben dudas razonables acerca de si James Cameron ha obedecido alguna vez al prototipo de creador juvenil e irresponsable, lo cierto es que Terminator es una de sus películas más libres y desprejuiciadas, cosa que se advierte sobre todo en el tono. El arranque del film, con un Terminator devastador y que va siguiendo una línea recta de muerte y destrucción en pos de su víctima, la futura madre del líder de la resistencia contra las máquinas, tiene algo de psychothriller de la época, incluso de giallo italiano para todos los públicos y sin carga sexual. Hay un humor aún muy soterrado en el comportamiento irracional del androide (de hecho, el famoso “I'll be back” es un chiste, y uno de los mejores de la película). Y las escenas de acción son pura adrenalina espectacular, en la mejor tradición destrozona -y paradójicamente, pre-CGI- de la serie B de los ochenta. Esta aparente libertad de concepto, que se suma a secuencias desconcertantemente inquietantes y maduras para un director joven, como aquellas en las que el Terminator se repara a sí mismo, van de la mano de una obsesión por el control total de todos los aspectos del rodaje, y que caracterizarían al Cameron maduro. Por ejemplo, hay una secuencia en la que el Terminator se levanta del suelo, en la que Cameron indicó a Schwarzenegger cada uno de los microgestos que debía realizar en esa acción, desde los movimientos de las extremidades al orden en el que tenía que moverlas.

Donde sí fue decididamente innovadora esta primera entrega de Terminator fue en el papel que Cameron le dio a la heroína. Muy lejos de la típica damisela en apuros tan propia de la época, Linda Hamilton compuso una Sarah Connor que no es extraño que acabara convirtiéndose en un icono para los aficionados: desde su mismo concepto como personaje es pura feminidad (la Madre del Salvador) y, a la vez, alguien resolutivo y heroico, capaz de tratar de tú a tú al protagonista masculino. Por eso, precisamente, la historia de amor entre ambos es tan intensa y emotiva, y se distancia de los arrebatos de Síndrome de Estocolmo / adrenalina irresistible habituales del género.

Terminator 2: El juicio final (1991)

Terminator 2: El juicio final En los largos siete años que mediaron entre Terminator y su secuela, James Cameron se convirtió en uno de los principales creadores de Hollywood gracias al éxito no solo de la primera película del robot asesino, sino al aún mayor bombazo de Aliens y a The Abyss, mucho más discreta en taquilla pero revolucionaria a nivel técnico. Pero había otro problema que retrasaba año tras año la preproducción: el Terminator de metal líquido que Cameron había concebido era infilmable. The Abyss, sin embargo, avanzó en la dirección correcta a la hora de plantear soluciones visuales y el T-1000 se convirtió en una posibilidad.

Problemas legales por una disputa acerca de los derechos de la franquicia entre Hemdale Film Corporation (dueña de la serie) y Carolco Pictures (para quienes trabajaba Schwarzenegger) también retrasaron el inicio del rodaje, pero el actor austriaco presionó a la productora para que pagaran lo que hiciera falta para poder rodar la película (que fueron cinco millones de dólares). 94 millones de dólares hicieron falta para poner en pie el film, 15 veces el presupuesto de la original: muy publicitados fueron en la época los 12 millones que fueron al bolsillo de Schwarzenegger (más un jet) y los seis que fueron al de Cameron. Antes de su estreno ya había recuperado los costes gracias a la venta de los derechos en vídeo y televisión.

Buena parte de ese dinero se usó en los efectos generados por ordenador, en buena medida responsables del éxito, que se combinaron muy juiciosamente con efectos prácticos, maquetas y muñecos. Es decir, a diferencia de los impersonales, deshumanizados e intangibles efectos especiales de los blockbusters actuales, Terminator 2 no renuncia a un buen muñecazo tamaño 1:1 cuando es necesario (por ejemplo, en la imagen final de T-1000 reventado por un proyectil, como una especie de versión en papel de plata de La Cosa de Carpenter). Junto a estas maravillas (más los maquillajes y prótesis) de Stan Winston, Industrial Light & Magic se encargó de los efectos digitales, que muestran cosas literalmente no vistas nunca en pantalla: un equipo de 35 personas gastó a lo largo de 10 meses cinco millones de dólares en tan solo cinco minutos de metraje final. Por supuesto, la película ganó un Óscar a los mejores efectos especiales.

Sin duda es esa devoción por los efectos especiales tradicionales (las maquetas para mostrar el futuro post-apocalíptico de la raza humana parecen salidas de una serie B con posibles de los 70) lo que ha llevado a que Terminator 2 haya envejecido con dignidad, a diferencia de otros blockbusters de la época. Eso y el mimo con el que trata el lado humano de la historia: el reparto se configuró con una acertada mezcla de ausencias (falta el héroe de la primera, Kyle Reese –Michael Biehn-), regresos esperados (Linda Hamilton y Arnold Schwarzenegger), semi-novatos (Robert Patrick solo había hecho cosas como La Jungla 2 y fue escogido por su físico y versatilidad) y novatos absolutos (fue el debut de Edward Furlong). Juntos pusieron en pie un choque tradicional entre el Bien y el Mal, entre la Humanidad y lo Solo Aparentemente Humano que arrasó en taquilla y dejó un legado pop incuantificable: la presencia física de Schwarzenegger como motero robótico, la implacabilidad del T-1000, la banda sonora de Guns'n Roses -tan afín a la estética angelina de la película-, los efectos especiales que abrieron un mundo de posibilidades expresivas, las frases inmortales en los diálogos -“Sayonara / Hasta la vista, baby”- en cabeza...

Terminator 2 carece de la tosca contundencia de la primera parte, de su imbatible estructura de persecución de hora y media con muy pocos participantes, escenarios y consecuencias. Todo en Terminator 2 tiene una grandilocuencia que no siempre juega a su favor (la idea del T-800 como sustituto efectivo del padre es buena... pero no hacía falta que una voz en off nos la enunciara como si no tuviéramos ojos en la cara), pero sus virtudes son indiscutibles: convierte una serie B de pura explotación en un espectáculo nunca visto y para todos los públicos. Con robots y viajes en el tiempo. Qué más se puede pedir.

Además, el papel de Linda Hamilton se refuerza gracias a que la presencia masculina es protagónica pero asexual. Cameron perfila a Sarah Connor apoyándose en la previa teniente Ripley de Aliens, dando lugar a una heroína hipermusculada, pero sensible y emotiva, más preocupada por su hijo que por el futuro de la Humanidad. Una nueva fórmula de mujer de acción que es mucho más que una Rambo con bragas. La influencia de los dos primeros Terminator en la estética del cine de acción de los noventa es inabarcable, pero quizás sean detalles como ese lo que, con el paso de las décadas, las han convertido en películas tan actuales.

Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas (2003)

Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas La tercera entrega de la franquicia tardó, pese al monumental éxito de la segunda, más de una década en llegar. El motivo fue sumamente pedestre: Carolco Pictures entró en bancarrota y todas sus propiedades se subastaron. Entre ellas estaban el 50% de los derechos de la franquicia (el otro 50% pertenecía a la productora Gale Anne Hurd) y que James Cameron no terminaba de dar el punto final al guión. Cameron acabó apartándose definitivamente de la serie cuando la posproducción de Titanic se convirtió en un infierno.

Mientras tanto, los productores originales de las primeras películas, los míticos kingpinkingpin del cine comercial USA de los 80, Mario Kassar y Andrew G. Vajna, compraron los derechos de la serie que ya les habían pertenecido años antes. Adquirieron también la mitad de Gale Anne Hurd y encargaron un guión a Tedi Sarafian del que apenas quedó rastro en la versión final de la película y en el que John Connor trabajaba en una puntocom y el nuevo Terminator era femenino y se hacía invisible. Con un director a bordo que había dirigido las mucho más modestas pero muy estimables Breakdown y U-571, Jonathan Mostow, Schwarzenegger tenía sus dudas acerca de si debía participar en la película, sobre todo porque James Cameron estaba completamente fuera y podía darle problemas en su inminente carrera política. Finalmente, hizo campaña para gobernador de California durante la posproducción y promoción de la cinta.

El presupuesto de Terminator 3 fue de 170 millones de dólares, en su momento la película más cara de la historia. El caso es que no se nota demasiado... y eso es lo bueno. Quizás de forma involuntaria, la película prescinde de la grandilocuencia de la segunda entrega y vuelve a la discreción conceptual de la primera Terminator, planteando simplemente una persecución que no parece tener fin: un John Connor ya adulto (Nick Stahl) es perseguido por una nueva Terminator (Kristanna Loken), un nuevo cyborg multiforme devastador, y es protegido a su vez por el viejo modelo T-800 (Schwarzenegger). En medio de todo el trajín, una atemorizada humana (Claire Danes), que no termina de creerse del todo esta historia de robots asesinos que viajan en el tiempo. Terminator 3 plantea este sencillo argumento con apenas un puñado de escenarios (algunos tan peculiares como un cementerio) y una querencia por la concisión narrativa que deja poco espacio para los diálogos sensibleros, en un conjunto tan modesto a su manera como urgente y frenético.

La película se tropezó con el rechazo frontal de los aficionados, que exigían algo absolutamente imposible: una nueva Terminator 2. A la edad de Schwarzenegger se sumaba la ausencia de Cameron y Linda Hamilton, pero el resultado es estupendo, no solo por sus sensacionales secuencias de acción (la persecución con la grúa está entre los mejores momentos de la franquicia), sino por sus reflexiones de ciencia-ficción pura en su tramo final, que lanza algunas reflexiones fatalistas sobre el destino de nuestra especie inéditos en el resto de la serie, donde siempre hay espacio para la esperanza. Terminator 3 también triunfa al expandir la mitología de la saga: en este caso, se nos cuenta cómo tiene lugar el primer e inevitable ataque de Skynet, así como algunos datos sobre el futuro que nos espera. La única pega: el personaje femenino de Claire Danes, indigno de la tradición de mujeres fuertes que siempre ha exhibido la serie.

Terminator Salvation (2009)

Terminator SalvationComo suele ser habitual en las secuelas de Terminator, su rodaje se retrasó mucho más de lo previsto a causa de una preproducción turbulenta. Terminator 4 fue escrita por David C. Wilson, en teoría iba a rodarse al mismo tiempo que Terminator 3 e iba a continuar de forma directa lo que en aquella se veía: los primeros días del conflicto entre humanos y máquinas. Sin embargo, debido al éxito de Terminator 3, los productores Andrew G. Vajna y Mario Kassar decidieron volver a contratar a Nick Stahl y Claire Danes para que volvieran a interpretar a John Connor y Kate Brewster, y pagaron al director Jonathan Mostow para que desarrollara un nuevo guion que se rodaría en 2005, pese a que la participación de Arnold Schwarzenegger, ya Gobernador de California, debía ser limitadísima.

Para 2007, sin embargo, los derechos de la franquicia habían cambiado de manos: The Halcyon Company, nuevos dueños de la saga, querían rodar una nueva trilogía basada en las películas anteriores. Problemas con la compra de esos derechos retrasó un par de años más, sin embargo, el rodaje de la película, que finalmente cayó en manos de McG, responsable de las películas de Los Ángeles de Charlie.

Se fueron sucediendo una serie de escrituras de guiones entre los que destacaron las aportaciones de Jonathan Nolan -hermano de Christopher Nolan y co-guionista habitual de sus películas-, que subrayó la importancia de John Connor como héroe de la resistencia contra las máquinas. Se decidió introducir también un nuevo personaje, el de Marcus Wright (Sam Worthington) como un Terminator diseñado para infiltrarse entre los humanos pero que en última instancia acaba poniéndose del lado de estos, capitaneados por John Connor (Christian Bale), y del propósito de salvar a Kyle Reese, que en un futuro será muy importante en la lucha contra las máquinas... viajando al pasado.

El rodaje, con un presupuesto de 200 millones de dólares, también fue problemático: los dos actores protagonistas se hicieron lesiones severas y un especialista casi acaba mutilado. El resultado, por desgracia, no refleja el infierno de la preproducción ni tantos esfuerzos durante el rodaje: Terminator Salvation es una película anodina que no enriquece demasiado la mitología de la franquicia y se obsesiona con los rasgos críticos de la historia original, pero sin saber cómo darles vida más allá del papel. La idea del Terminator de sentimientos humanos traiciona la sintética simplicidad de las máquinas de Skynet hasta el momento, y lleva la franquicia en otra dirección, sin duda con posibilidades, pero que Salvation no aguanta bajo su endeble punto de partida.

Lo más interesante del conjunto, paradójicamente y a pesar de la aparición de Marcus, es la llegada de nuevos Terminators: Hydrobots, Mototerminators, Aerostats, T-600, T-700... y una fábrica de Terminators, donde tiene lugar el guiño más innecesario de esta secuela a las películas originales. Salvation también funciona bien cuando maneja conceptos de ciencia-ficción literaria en términos pop, algo en lo que la franquicia es experta: lanza al espectador algunas reflexiones sobre la inevitabilidad del futuro o cómo se decide quién es o no imprescindible que merecían, desde luego, un mejor vehículo.

Videojuegos, cómics series de televisión...

Entre unas películas y otras de terminator ha transcurrido tanto tiempo, inusual para una franquicia tan popular como esta, que su mitología se ha visto traducida a otros medios, especialmente después de la tremendamente exitosa segunda parte.

Hay casi 30 videojuegos distintos de Terminator, la mayoría producidos durante la década de los 90. Destaca como rareza el único que adaptó de forma fiel la primera entrega, un primitivo título sandbox para PC de 1990, desarrollado por Bethesda, futuros creadores de Skyrim. En un tosco mundo tridimensional el jugador podía dar vida a Kyle Reese o el T-800 bajo una mecánica que se anticipó a juegos tipo GTA. Bethesda volvería sobre la primera entrega, la única película de la que tenía derechos, a lo largo de esa década, con interesantes e innovadores juegos de acción en primera persona, como Skynet (1996).

Sin embargo, los juegos más recordados por los fans son los de acción y plataformas para consolas de 8 y 16 bits como Master System, Mega Drive y Super Nintendo. El más celebrado fue Robocop versus Terminator, basado en unos comics de gran popularidad que enfrentaban a un ejército de T-800 y otras máquinas al servicio de Skynet con el mítico policía del futuro concebido por Paul Verhoeven en Robocop. Un auténtico descerebre conceptual rebosante de gloriosa violencia pixelada.

En cuanto a los cómics, también hay una treintena de miniseries y especiales publicados, sobre todo en los años 90, por muy diversas editoriales. La más prolífica fue Dark Horse, que mezcló a las criaturas de Skynet con otras franquicias de la ciencia-ficción de la época como Robocop, Alien, Predator o incluso Superman. Muchos de ellos, como hicieron los videojuegos, expanden la historia de Reese, los Connor y toda la ralea de creaciones de Skynet, aunque rara vez han llegado a considerarse canónicos.

El producto más interesante que han generado las películas, sin embargo, es la serie de televisión Terminator: Las crónicas de Sarah Connor. Se trata de un spin-off de la franquicia fílmica que continúa las peripecias de Sarah y John Connor a partir de la segunda película, ignorando el resto de secuelas. Dura tan solo dos temporadas (2008-2009) que sumaron un total de 31 episodios, y en ellos se replica el esquema de la segunda película: John (Thomas Dekker) y Sarah (Lena Headey) huyen de un robot del futuro, Cromartie (Garret Dillahunt), y son defendidos por otro de aspecto femenino, Cameron (Summer Glau). No son los únicos personajes que viajan en el tiempo, pero la serie prefiere ceñirse al modelo de El fugitivo, con dos personajes en permanente huida. La interesante y muy valiente elección de Headey como Sarah Connor fue polémica en su día, al alejarse del físico agresivo de Linda Hamilton. Posiblemente es en esta serie donde más se indaga en el aspecto mesiánico de John Connor, lo que supone una interesante toma alternativa de los temas habituales de las películas.

La última entrega de la franquicia, que se estrena en España este viernes, ha tenido un desarrollo relativamente tranquilo para lo que suele ser habitual en la franquicia. Supone un regreso a los orígenes debido a la quiebra de The Halcyon Company tras el estreno de Terminator Salvation, frustrándose así sus planes de desarrollar una trilogía ambientada en el futuro. Tras la recompra de los derechos, la primera idea fue la de hacer un reboot animado en 3D de la franquicia que se titularía Terminator 3000.

Para 2012 se había desechado esa curiosa idea y una nueva película protagonizada por un Schwarzenegger libre de compromisos políticos estaba en preproducción. Ha contado incluso con la bendición de James Cameron, que la considera digna sucesora de las películas originales y que llegó a ser tanteado como posible director de esta entrega. Un curioso regreso a los orígenes para una película que desde el principio se ha planteado como una amalgama de guiños a las otras películas y que puede ser hasta difícil de digerir si no se tiene fresca el resto de la franquicia. Muy adecuado para una serie obsesionada con el viaje al pasado como único método de dar forma al futuro.

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