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ENTREVISTA | David Trueba

“La invención del amor tiene una sola finalidad: paliar la soledad y engañarnos sobre la proximidad de la muerte”

El cineasta y escritor presenta su última novela corta titulada Blitz, editada por Anagrama.

Su último relato cuenta la historia del fortuito encontronazo entre un joven arquitecto y su novia que rompe su relación.

VÍDEOPuedes ver la entrevista completa que Edu Galán hace a David Trueba al final del texto

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trueba

El mongol Edu Galán entrevista a David Trueba, autor de 'Blitz'

David Trueba dirige películas. La última, Vivir es fácil con los ojos cerrados (2014), ganó el Goya al mejor filme y él se llevó el premio al mejor director y al mejor guionista. David Trueba escribe columnas periodísticas. En el diario El País firma un espacio que se mueve entre la crítica televisiva y el análisis político, si es posible separarlos. David Trueba escribe libros. Después de Abierto toda la noche (1995), Cuatro amigos (1999) o Saber perder (2008, Premio de la Crítica), está ya en librerías la novela corta Blitz (Anagrama), que arranca con una ruptura: un joven arquitecto español acude con su novia a un congreso en Münich y un acto fallido, un whatsapp que ella no le debería haber mandado ("aún no le he dicho nada. me cuesta tanto. ufff. tq"), precipita el final de su relación.

¿Qué significa Blitz y de que trata esta novela?

“Blitz” es una palabra alemana muy utilizada que significa “relámpago”, asociada sobre todo a la expresión “Blitzkrieg”, la guerra relámpago. Pero en la novela tiene varios significados porque, por ejemplo, también es una cala de Mallorca. “Blitz” habla mucho de la actitud que tenemos con respecto al tiempo, cómo afecta a nuestro trabajo, a nuestra intimidad, a nuestras relaciones. El relámpago es probablemente una de las expresiones de tiempo más ricas: algo que tiene una luminosidad increíble y al mismo tiempo se apaga rápidamente.

Sin duda, el tiempo está muy presente: los treinta del protagonista, los veintisiete de su novia, los sesenta de su nueva amiga alemana, esos relojes de arena… Pero, ¿cómo ves tú tu tiempo? ¿Qué ha cambiado desde que tenías veinte o treinta?

El error más habitual de las personas es seguir pensando que tenemos veinte años. La realidad es que, no solo físicamente, has cambiado en muchas otras cosas. Sin analizarme demasiado trato siempre de dejar una constancia de esos cambios en lo que escribo y lo que hago. Lo más ridículo del mundo es seguir intentando tener la edad que no tienes porque crees que era mejor la vida entonces. El gran acierto es encontrar lo interesante que tiene cada época de tu vida y de la de los demás: qué es interesante de un niño, de un anciano, de una persona de veinte… eso es lo que trato de hablar en este libro y en todo lo que he hecho.

El tiempo está muy presente también en lo formal. Hay una parte inicial, tres días en el congreso, que ocupa gran parte del texto y otra posterior, un año, que ocupa menor espacio. Esta estructura me recordó una frase que me dijo mi maestro Domingo Caballero, que tiene 70 años ahora, "hay años en los que no me ha pasado nada".

Esa impresión quería dar. La importancia que tienen tres días y la poca importancia que tienen los nueve meses siguientes. Es una estructura un poco de relámpago, hay momentos que parecen eternizarse donde te suceden muchas cosas y, de pronto, meses de los que casi esperas que pasen. En el libro ocurre: considero Münich la capital de Europa actual para, probablemente, desgracia de Europa. Podría haber sido Berlín ya que todo el poder de Europa ha oscilado a Alemania: el económico, el político y el moral, porque al final la política impone su propia moral. La moral económica está planteada desde Münich, el paraíso de la burguesía alemana, porque Berlín es una ciudad en quiebra, sostenida como símbolo y que recoge a gentes de demasiadas partes. Eso sí, con respecto a París, Londres o Milán, Münich ha cobrado una importancia que no está representada en el imaginario colectivo.

Es una ciudad que conozco bien: me parecía el epítome de ciudad conservadora, donde su tiempo transcurre al gusto de los bávaros, con esa satisfacción del “ser de ahí”... Sueltas en ese lugar a un personaje español de treinta años, a un joven arquitecto que, en la España actual, está sin trabajo, tratando de vivir de concursos y accidentes. Me parecía que ese entorno podía estar muy bien para contar ese tiempo de orfandad de mucha gente de nuestro alrededor. Te puedes sentir huérfano de país, de gente a la que emular en tus campos artísticos, de contexto social donde desarrollarse…

Centras el desencadenante de la acción en un espacio aséptico, un lugar-nada, que podría estar en Münich, Sevilla o Barcelona: un congreso, ¡sitios donde uno sí que se siente huérfano!

Es un mundo que conozco mucho: he participado en congresos literarios, festivales de cine… y en todos he tenido la misma sensación de realidad virtual, paralela, de no lugar. Es clásico que en los festivales de cine se produzcan envidias, amenazas, presiones, capillitas,… y luego eso en la vida real, fuera de allí, a la gente le importa un carajo. El congreso de la novela es de Arquitectura Paisajística, una fantasía... y más para un español. Me divertí mucho escribiéndolo porque no me gusta escribir sobre mi mismo, sino hacer una proyección de mi. Por eso cuando pensaba lo que es dedicarte a un cine de autor en España me parecía que, en el fondo, eres como un arquitecto paisajista. Estás diseñando un jardín que nunca jamás las autoridades van a construir.

Tu libro se podría resumir con el verso de Emily Dickinson del inicio.

El verso de Dickinson que dice que a los niños hay que explicarles el relámpago gradualmente, igual que a las personas hay que explicarles así la verdad. ¿Qué es la verdad? La verdad son muy pocas cosas y muy conocidas por todos. La verdad de la vida nos la enseñan en el colegio con los primeros poemas, como el de Manrique: “avive el seso y despierte/ contemplando/ cómo se pasa la vida,/ cómo se viene la muerte/ tan callando”. Eso que aprendemos de memoria y sin reflexión, no lo procesamos entonces como niños. Lo que no nos gusta es que esa verdad venga de golpe porque nos haría profundamente infelices si alguien nos la pone de frente en la cara. Por lo tanto, nosotros tenemos que vivir entre relámpagos de verdad, dolorosísimos, entre aquellos momentos en la vida de una persona que sufre una iluminación.

En la novela se habla mucho de encuentros pero también de rupturas. Me acordé de Annie Hall cuando tu protagonista dice que su novia ya no se ríe de sus chistes, como si ellos fuesen el algodón para comprobar el estado de una relación.

En los feos, el sentido del humor es nuestra única posibilidad de resultar agradable a los demás. Descubrir que ya no eres gracioso para la otra persona es como, en otros casos, descubrirse una cana, unas arrugas… Se habla mucho de la pérdida de la juventud, de la inocencia, pero no se habla de la pérdida del sentido del humor y de la pérdida del sentido del esfuerzo, que creo que son dos cosas más importantes que perder el estado físico. A mí me da igual no poder correr la maratón de Nueva York, ya me la sudaba a los veinte: creo que debería preocuparnos más la pérdida del sentido del esfuerzo, eso de ponerlo todo en riesgo para volver a empezar, y del sentido del humor, que es lo mismo.

El sentido del humor consiste en levantarte por la mañana, reírte de ti mismo, darte cuenta de lo imbécil e impresentable que eres y, aún así, salir a la calle dispuesto a desenmascarar a todos los que no han hecho este ejercicio por la mañana. Reírte de ti mismo y no tanto de los demás: veo en redes sociales a mucha gente que se dedica a opinar de los demás. Me apetecería mucho que esa ironía se la aplicasen a sí mismos, como le dijo Fernán Gómez a mi querido Pablo Carbonell cuando le hizo una pregunta cómica para el “CQC”. Fernando, que era un provocador, le respondió: “Vaya, se cree usted muy gracioso, ¿verdad? ¡Pues vaya a hacer esas gracias a su madre!”. Pablo me llamó desolado al día siguiente pero le dije que Fernando le había hecho un favor: es maravilloso que alguien te diga que nunca hay que creerse gracioso con los demás, hay empezar siendo gracioso con uno mismo.

Leo Blitz: "la tragedia del español es que no puede ser feliz en ningún otro país del mundo".

España es su clima. Todo lo bueno que tenemos es por suerte: nuestra altura con respecto al ecuador y el estar en Europa. El español, educado en el judeocristianismo, es decir, una persona destrozada desde niño, cuando acaba el día, si no está borracho, que es una posibilidad muy española, está hundido anímicamente. Desde las noticias hasta el trato con los compañeros en el trabajo está pensado para machacarle, pero ese hombre se levanta al día siguiente, abre la persiana y hay un sol maravilloso y decide que no se puede suicidar, como haría un finlandés, que matarse sería una tragedia.

Leo más de Blitz: "La pareja es el único remedio contra la soledad, aunque no es perfecto".

Mucha gente va a interpretar el libro erróneamente y pensar que trata del amor y el desamor. Yo creo que es un libro sobre la soledad y la orfandad. El amor es la posibilidad de escapar de la soledad y la orfandad. La invención del amor, o del bar, o del cine, tiene una sola finalidad: paliar la soledad y engañarnos sobre la proximidad de la muerte.

Al protagonista le dejas huérfano de todo.

También él lo elige. Yo siempre lo he dicho: ¿qué resorte hay en el ser humano que cuando te pasa algo desgraciado en el amor, te dejan o dejas, vas a casa y pones la canción que más te hará llorar? El protagonista usa su dolor para limpiarse, aprovecha una decadencia del amor, de la edad,... para hacer una limpieza total de su vida. Por eso está tan solo. Después de una ruptura, los no inteligentes suelen ir a una discoteca a dar saltos o ligar con la primera o el primero que aparece.

Según Woody Allen, es mejor dejar que ser dejado porque solo te deja una cierta sensación de victoria culpable.

Yo creo que son las dos igual de malas pero me quedo con el poema de Auden: "If equal affection cannot be,/ Let the more loving one be me". Si amar igual no es posible entre dos, déjame ser el que más ama. En este caso, soy más Auden que Woody Allen, además no vivo con una oriental. 

Blitz: "Rajoy parece un muñeco de ventrílocuo abandonado". Lo dice el protagonista pero lo podrías decir tú.

Es verdad que cuando posas a un muñeco de un ventrílocuo en una mesa, adopta una posición como de atención, porque tiene los ojos abiertos, y de ausencia. Me da la sensación que Rajoy está esperando que alguien meta la mano o tire de los hilos para moverse, ese alguien puede ser la figura de Aznar en el último congreso, y que le rellene.

¿Bárcenas sería su némesis, su doble oscuro?

Bárcenas es un personaje profundamente hispánico: el talento, la inteligencia, la creatividad y la agudeza destinadas al mal. Esto lo aplico a los medios, si todo el presupuesto que dedica Antena 3 o Telecinco a pagar a esos concursantes descerebrados, a los que fuerza, prostituye y empuja a la humillación pública, si todo ese dinero destinado al mal se dedicase a algo constructivo y hermoso, tendríamos un país maravilloso.

Y seguimos hablando, porque después de Rajoy, Bárcenas y Telecinco hubiese sido una puñetera vergüenza parar. Charlamos sobre Podemos, la fragmentación de la izquierda, el dilema entre verdad e identidad, SYRIZA, el cine español, el duopolio de las televisiones… y de muchas otras cosas que podéis ver ya en el vídeo completo de esta entrevista aquí mismo, en eldiario.es.

 

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