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Cuando no te puedes fiar ni del apuntador

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Dominic West y Ruth Wilson, en 'The Affair'

Dominic West y Ruth Wilson, en 'The Affair'

Estamos acostumbrados a que nos cuenten historias, nos gustan que nos cuenten historias. Pero qué pasa cuando precisamente el narrador es el personaje menos fiable. Akira Kurosawa puso en práctica en su película  Rashōmon uno de los recursos narrativos más difíciles de ejecutar, que en la actual temporada seriéfila ha sido utilizado por tres series con resultados que han aumentado su relevancia, aunque para una de ellas también hayan resultado polémicos.

Vamos a empezar por la última en llegar. The Affair se ha estrenado como compañera de parrilla de la renacida Homeland en EE UU. Su historia no es demasiado original pero la forma en la que está la contando ya le ha valido ser uno de los estrenos más interesantes de la temporada de otoño (en enero llegará a Movistar Series). También por su reparto lleno de caras televisivas pero sobre todo por el relato que está llevando a cabo de una infidelidad contada desde dos puntos de vista.

Noah (Dominic West, The Wire) es un escritor con bloqueo creativo que se va con su familia a pasar las vacaciones de verano en la mansión de sus suegros.  Allison (Ruth Wilson, Luther) es una camarera traumatizada por la muerte de su hijo de cuatro años. Cuando se cruzan saltan chispas y un tiempo después relatan la historia de su romance a un policía que está investigando un suceso presuntamente relacionado con él. Los dos prestan declaración por separado y dan detalles que solo sirven para dejarlos en buen lugar. Al espectador le toca intentar armar el puzzle de lo que pasó en Montauk aquel verano.

La primer estreno en utilizar este año el recurso del narrador no fiable fue True Detective. Lo hizo para distanciarse todavía más de los dramas policiales que se multiplican cada temporada en la ficción que exportan EE UU y Reino Unido.  Quiso dejar claro desde el principio que el caso que centraba su primera temporada era lo menos importante y que lo que iba a hacer de True Detective una serie diferente, además de sus comentadas referencias literarias, filosóficas y sus propias metarreferencias, era el viaje emocional Rust y Marty a lo largo de 20 años persiguiendo al monstruo de las orejas verdes. Los policías que interrogaban a los personajes de Matthew McConaughey y Woody Harrelson estaban más perdidos que los espectadores durante el proceso de comprender un relato complejo y fragmentado a través de dos declaraciones abiertamente manipuladas sobre el qué y el cómo de un caso que solo era una cortina de humo.

La gran sorpresa, que terminó convirtiéndose en cabreo para muchos de sus fans, ha corrido a cargo de Cómo conocí a vuestra madre.  El narrador no fiable era el motor de su historia, construida a partir de los recuerdos que Ted le contaba a sus dos (muy pacientes) hijos en el futuro. Era una premisa sencilla, adornada con las bromas, equívocos y dobles lecturas que tenían muchas de sus vivencias de treintañero con sus cuatro mejores amigos en Nueva York. Lo que nadie se esperaba es el que el narrador de Cómo conocí a vuestra madre llevara la etiqueta de no fiable hasta sus últimas consecuencias. Bien jugado, Ted Mosby.

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