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I vespri siciliani: una prensa sometida a un poder invasor y tiránico

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I vespri siciliani: una prensa sometida a un poder invasor y tiránico

I vespri siciliani: una prensa sometida a un poder invasor y tiránico

La producción de I vespri siciliano (Las vísperas sicilianas), de Giuseppe Verdi, la ópera con la que el Palau de les Arts ha inaugurado la temporada 2016-17 ha puesto en entredicho el sometimiento de la prensa a un poder tiránico que quiere aplastar el espíritu patriótico de un pueblo invadido.

Frente a la adulación del poder y la frivolidad con que los medios de comunicación convierten la reivindicación de un pueblo en un show televisivo, y frente a los engaños y manipulación del propio poder emerge finalmente la soberanía del pueblo, aunque sea a costa de las muertes no sólo de quienes lo han invadido sino también de los que lo han traicionado.

La puesta en escena, obra de un Davide Livermore militante (que es también intendente y director artístico del Palau de les Arts), permite tres lecturas simultáneas de esta obra poco representada dentro del amplio repertorio verdiano pero que nos muestra la faceta más política del compositor de Busseto.

La primera de estas lecturas es la narrada por Verdi sobre la ocupación francesa de Sicilia en 1282 como traslación del Risorgimento de la nación italiana a mediados del siglo XIX; una segunda es la concebida por Livermore en 2011 (cuando se estrenó esta producción en Turín) como denuncia político-social tras el asesinato de los jueces Falcone y Borsallino a manos de la mafia siciliana, y una tercera que enlaza con la actualidad, con el foco puesto en el papel de unos medios de comunicación sometidos a la dictadura del poder y que dejan de lado (o frivolizan) las reivindicaciones ciudadanas.

A lo largo de los cinco actos se van deslizando también otras críticas mordaces, como el parlamento convertido en el plató de un reality show, el sometimiento de las minorías (a través de la violación de las mujeres nativas), la violencia utilizada por el poder para imponer su tiranía, y unos medios de comunicación más pendientes de la alfombra roja que de la objetividad informativa.

Dentro de esa preponderancia mediática no podían faltar guiños a modas de actualidad, como los "maniquí challenge" del coro y los comprimarios mientras que el o la protagonista cantan sus arias o dúos que van conformado una trama salpicada de fervor patrio nacionalista, tiranía, traición e infamia, pero también de amores imposibles por su incompatibilidad con los ideales políticos.

La escenografía recurre tanto al paisaje devastado tras los atentados como a la arquitectura racionalista (con el negro de las columnas sobre blanco de las paredes) y la indumentaria de reminiscencias fascistas.

Y en medio de este paisaje, el drama humano de Arrigo (interpretado por el tenor americano Gregory Kunde), que se debate entre el sentimiento de venganza contra el invasor y el amor a su padre, pero que, al ser él un hijo bastardo, le convertirán en traidor a su pueblo.

En una obra muy exigente, Kunde estuvo soberbio y pletórico de facultades, y aunque tuvo algún altibajo momentáneo, protagonizó momentos de gran belleza musical, en una combinación perfecta con el barítono Juan Jesús Rodríguez, que dio vida a Guido di Monforte, el gobernador francés.

Como tercera opción (tras la baja de Anna Pirozzi y el intercambio de fechas con Sofía Soloviy), la soprano Maribel Ortega cumplió ampliamente como Elena, la heroína que clama venganza por el asesinato de su hermano y que, tras ser acusada de desleal, es capaz de renunciar a su amor por Arrigo para mantenerse fiel a los ideales de su pueblo.

En el papel de Procida, líder de la revuelta siciliana contra el invasor francés, el bajo ruso Alexánder Vinogradov estuvo excepcional con una voz poderosa y de gran expresividad dramática.

La dirección musical de Ricardo Abbado al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana fue brillante y eficaz, al igual que la actuación del Coro de la Generalitat, que cumplió de forma más que notable.

Casi lleno en este primer concierto de bono de la temporada, con el conseller de Educación y Cultura, Vicent Marzà, en el palco de autoridades y, entre el público, Alfonso Grau y su esposa María José Alcón, ambos imputados en varios casos de corrupción durante su gestión como concejales del PP en el Ayuntamiento de Valencia.

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