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Rita Barberá no llegó sola a su escaño

Ritaleaks, Nóos y Taula: muchas de las cuestiones que hacen a Rita Barberá indeseable para el Senado ya se conocían cuando Rajoy la puso y mantuvo allí

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Mariano Rajoy : “Rita Barberá ya no es militante y por tanto el presidente del PP no tiene ninguna autoridad sobre ella como no la tengo sobre muchas otras personas"

Autoridad tal vez no. Pero sin duda Rajoy tiene la completa responsabilidad. Rita Barberá no llegó sola a ese escaño en el que ahora se ha atrincherado. Fue el PP que Rajoy preside quien allí la refugió cuando ya estaba claro que Barberá estaba muy lejos de ser una política ejemplar.

Cuando el PP mandó a Rita al Senado, ya se sabía que la alcaldesa mejor pagada de España (156.000 euros anuales) también se había gastado  otros 278.000 euros en cuatro años en hoteles de lujo, marisquerías o viajes, todo a costa del presupuesto municipal. Solo en el alquiler de un coche con chofer en Londres pagó 4.912 euros. Solo en una comida con 26 invitados se pulió otros 2.087 euros –a 80 por cabeza, ostras y gintonics incluidos–. Solo en una noche de hotel de cinco estrellas despilfarró 771 euros más. Solo en naranjas regaladas por navidad a miembros de su partido empleó otros 32.494 euros más. Solo en España algo así puede salir gratis, porque  la Fiscalía argumentó que en este constante despilfarro no había delito alguno que rascar.

Cuando el PP mandó a Rita al Senado, también se sabía que solo su aforamiento le había librado de sentarse como imputada en el juicio de Nóos. Iñaki Urdangarin se llevó 2,6 millones de las Islas Baleares y por eso Jaume Matas se enfrenta a una petición de pena de 11 años de prisión. Con los mismos métodos y las mismas empresas, la trama Nóos recaudó 3,6 millones de las administraciones valencianas, un millón más. Tanto Barberá como Camps se libraron del destino Matas porque, al ser aforados, el juez Castro no les pudo imputar. Su caso acabó en el Tribunal Superior de Justicia de Valencia que no vio delito alguno. Casualmente, muchos de los jueces de este tribunal habían sido nombrados por el PP.

Y cuando, en la primavera de este año, el PP decidió nombrar a Rita Barberá para la diputación permanente del Senado y así blindarla como aforada cuando llegase la repetición electoral, también se sabía ya que todo su grupo municipal estaba imputado por blanqueo, y que “la jefa” más pronto que tarde iba a pringar. Sobre la corrupción del PP de Barberá dejó entonces Mariano Rajoy una frase para enmarcar: “No teníamos ni idea. Habíamos oído alguna cosa”. No tenía ni idea pero, tras conocerse el escándalo, decidió mantener el aforamiento de Barberá.

En aquel momento, cuando estalló el caso Taula en marzo de 2016 y todo su grupo municipal fue imputado por blanquear mordidas con las que pagar la campaña electoral, Rita Barberá emitió un comunicado negándose a dimitir y argumentando que iría voluntariamente a declarar. Rajoy respaldó a su amiga: “Es un paso muy importante, y a mí eso me deja tranquilo”. Salvo blindarla en su aforamiento, Rajoy se quedó tranquilo y no hizo más.

Hoy Mariano Rajoy  se refugia tras los plasmas y tira balones fuera cuando le preguntan por Barberá. Y  las encuestas apuntan para su candidato en Galicia, Alberto Núñez Feijóo, un resultado electoral espectacular. Este domingo, el PP gallego, presumiblemente, volverá a ganar. Y con esto quedará enterrado lo de Soria, lo de Guindos y lo de Rita Barberá.

La culpa es nuestra. De los votantes. De nuestra falta de autoridad.

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