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GALICIA

Entrevista - Cristina Palacios

"Si el alumnado ve 'raras' a las personas transexuales, ahí empieza el acoso"

Hablamos con Cristina Palacios, presidenta de Arelas, asociación gallega de familias de menores trans, sobre el suicidio de Alan y las medidas que se deberían adoptar en los colegios e institutos.

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Cristina Palacios, presidenta de Arelas

Cristina Palacios, presidenta de Arelas

El pasado sábado se conoció el suicidio de Alan, un joven catalán de 17 años, transexual, que decidió quitarse la vida por el acoso al que era sometido en el ámbito escolar. Alan había sido uno de los primeros menores  trans autorizado en Cataluña a cambiar oficialmente su nombre, un proceso que en los últimos meses también ha conseguido llevar a cabo un pequeño grupo de chicos y chicas en Galicia. Sin embargo, la presión y el bullying que sufría fueron insoportables. La madre de Alan, en entrevista publicada este miércoles en  El Mundo, denuncia que la muerte de su hijo fue "un crimen social". 

Cristina Palacios, madre de una niña transexual, constituyó este verano la  Asociación de familias de menores trans* Arelas, una entidad que defiende los derechos de estas personas y familias en Galicia promoviendo, entre otras cuestiones, acciones informativas en los centros de enseñanza y medidas concretas para hacer normal en los colegios y en la sociedad lo que en los cuerpos de sus hijos y hijas es también normal. En estos momentos Arelas trabaja con el departamento de Educación en la elaboración de un protocolo en este sentido.

¿Cómo valoras la muerte de Alan? ¿Qué conclusiones podemos sacar?

Lo que pienso estos días es que la sociedad ha fracasado como sociedad. Y la comunidad educativa está fracasando, igualmente, en lo referente al acoso y al  bullying, porque el acoso y el  bullying ocurren cada día en los centros escolares, en relación a los menores transexuales y en muchos otros chicos y chicas. Por desgracia, Alan no fue el primero y probablemente tampoco será el último. Se produce también un fracaso por el desconocimiento general que existe sobre este asunto y la habitual actitud de mirar hacia otro lado que encontramos. Vemos como en los colegios e institutos es francamente difícil para nosotros poder dar información o, al menos, solicitar que lo hagan los educadores y orientadores. Nadie quiere mojarse en este tema. Todo se hace de manera transversal, pero la vida no es transversal, la vida es el aquí y el ahora.

Aunque ya hemos conseguimos cosas, y poco a poco vamos consiguiendo más, queda muchísimo por hacer desde la educación. Se pasa de puntillas por este tema, no se habla de él y después pasa lo que pasa: los alumnos y alumnas ven  raros y  raras a las personas transexuales, como ven raro a todo lo que es diferente. Y ahí es donde comienza el insulto, el acoso, los silencios... A veces los silencios, ignorar una persona y arrinconarla, duelen más que las palabras. Queda mucho por hacer en los colegios, no se está trabajando realmente en la diversidad y en la igualdad. No se ha avanzado nada.

La muerte de Alan es terrible, pero entiendo que es sólo la punta del iceberg, que por debajo hay muchísimos casos de pequeñas violencias y sufrimientos cotidianos, ¿no es así?

El caso de Alan es, en primer lugar, un caso que llegamos a conocer, y lo hemos conocimos porque su familia estaba en una asociación y decidió hacerlo público. Pero muchos otros ni siquiera salen a la luz. Las estadísticas están ahí: el 81% de los adolescentes transexuales piensan en suicidarse y muchos lo intentan y, desgraciadamente, muchos lo consiguen. No todos tienen el apoyo de sus familias, por lo que muchas muertes son silenciadas. Otro dato es que el 40% de los y de las adolescentes trans han intentado quitarse la vida. Es una barbaridad. Yo podría contarte muchos casos de niños y niñas que cada día sufren acoso en centros de enseñanza de Galicia. Y la gente le quita importancia y mira para otro lado.

Estas cosas pasan todos los días. Ese sentimiento de no querer seguir viviendo ocurre con mucha frecuencia en los y las adolescentes transexuales, y eso es terrible. Y esto pasa porque la gente con la que conviven: familiares, compañeros..., cada día les hacen ver que son raros, que son anormales, que no entran dentro de lo que es esperable o deseable, que ser diferente es horroroso. Y, claro, acabas por convencerte de que no tienes espacio y de que la vida no tiene mucho sentido. Reflexionemos todos por qué pasa esto. Ser transexual no implica que tengas depresión o que sean menos feliz. Yo tengo una niña maravillosa que, afortunadamente, no sufre estas cosas, y que lo que quiere es vivir y hacer cosas todos los días. Ahí está la diferencia entre sufrir acoso y no sufrirlo, entre ser respetado y no serlo.

¿Qué se puede hacer? 

Pues, desde luego, dar mucha información. Pero claro, primero tienen que formarse los profesionales. Vemos cada día que los maestros, los psicólogos, los médicos... no tienen ni idea de transexualidad, sobre todo en los menores, que es una realidad diferente a la de los adultos. Hay poco conocimiento y lo que hay está muy basado en clichés y estereotipos y en prejuicios muy antiguos que nada tienen que ver con la realidad actual. Primero, formación, y después información, que se informe al alumnado en los colegios e institutos, donde tiene que comenzar a hablarse de una manera abierta y clara de lo que es la diversidad sexual.

Y no de una manera transversal. No, hablemos directamente del tema, pongámosle nombres y apellidos, no hay nada que ocultar. Cuando hay conocimiento y la gente ve que estas personas son tan hombres o mujeres como cualquiera, tengan lo que tengan entre las piernas, convivirán con ellas y ellos con toda la naturalidad del mundo. Notamos que en los centros de enseñanza quiere esconderse todo esto, como un tema tabú. Queremos que nuestros hijos no perciban que esto es un tabú. Mi hija hace año y medio que llevó a cabo el tránsito en su centro, pero yo aún no he conseguido dar ahí una charla. ¿Cuál es el miedo a que se hable de transexualidad?

Yo entiendo que para unos niños y niñas sea difícil asimilar que uno de sus compañeros, que durante años fue a clase vestido de niña y con nombre de niña, de pronto un día comienza a ir vestido de niño y con nombre de niño. Pues habrá que explicarles con normalidad lo que ha sucedido y seguramente lo entenderán perfectamente. Los niños y los adolescentes cambian el chip muy rápidamente y se dan cuenta de las cosas. Pero lo que no puede ser es que perciban que hay un tabú, que hay un miedo a explicar esto. Porque en este caso sí que verán que algo malo está pasando. Y como es malo y es diferente, pues vamos a ir a por él.

¿Qué medidas y acciones concretas proponéis desde Arelas?

Desde Arelas estamos trabajando en un protocolo educativo sobre diversidad con la Consellería de Educación, que probablemente se apruebe próximamente, en el que se habla de estas cuestiones. Cuando un niño diga que es un niño, pues habrá que respetarlo, llamarle por el nombre que él decida y tratarlo como un niño y, además, tendrá que utilizar los espacios destinados a los niños, ya que -tristemente- aún seguimos distinguiendo entre los espacios de niños y de niñas. Parece muy obvio, pero como de momento no se está respetando, pues por eso hemos tenido que redactar un protocolo. En algún centro han obligado a un niño transexual a emplear el baño de los profesores. En otro querían obligar a que una niña trans usara el baño de una hora a una hora determinada. Este protocolo va a ser muy importante. No hay ninguno en Galicia por ahora y, de hecho, en España sólo se aplica uno parecido en Andalucía. Sería muy importante que ya este mismo curso este protocolo pudiera llegar a todos los centros.

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