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GALICIA

"La huelga de Bershka no sale en casi ningún medio. Es increíble el control"

Las 65 trabajadoras de la cadena en Pontevedra deciden continuar con la huelga, que ya dura una semana. Transi Fernández (CIG) cree que la empresa teme "un efecto dominó"

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Concentración ante una de la tiendas de Bershka en la provincia de Pontevedra

Concentración ante una de la tiendas de Bershka en la provincia de Pontevedra

Las 65 trabajadoras de Bershka en la provincia de Pontevedra han decidido continuar con la huelga iniciada hace ya siete días y apoyada por la totalidad de la plantilla. La representación de las empleadas mantuvo este martes una larga reunión (desde la una del mediodía hasta casi las nueve de la noche) con personal directivo de Inditex, pero el encuentro terminó sin acuerdo. En la base del conflicto están los bajos salarios que cobran (unos 130 euros mensuales menos de lo que reciben las empleadas de las tiendas de la provincia de A Coruña por el mismo trabajo) y la generalizada precariedad, con un 90% de contratadas a tiempo parcial, horarios que les impiden conciliar con la vida familiar y vacaciones inferiores a los 13 días en verano.

De momento, las trabajadoras de Pontevedra ya han conseguido un incremento de 80 euros, pero siguen 50 euros por debajo del objetivo de igualar el salario que reciben sus compañeras de otras provincias. Este martes, la empresa se limitó a ofrecer un aumento de 10 euros el año que viene, otros 10 euros en el 2019 y otros 10 euros en el 2020, hasta un total de 30 euros más al mes para las jornadas completas. Las trabajadoras comunicaron que, para desbloquear la situación, aceptarían un aumento de 25 euros a partir del 1 de enero, pero esta contraoferta fue rechazada por la multinacional gallega. Una asamblea celebrada este miércoles por la mañana en Vigo ha ratificado la negativa a aceptar las condiciones ofrecidas por Inditex.

"Las compañeras están muy motivadas. Vamos a continuar la huelga y vamos, además, a endurecerla", señala Transi Fernández, secretaria de CIG-Servicios en Pontevedra. "Mañana vamos a estar un día más en la puerta de las tiendas y el viernes vamos a ir a Arteixo otra vez [a la sede de la empresa, donde ya se manifestaron este lunes]. Estamos diseñando nuevas acciones. Vamos a hacer todo lo posible para que se visibilice el conflicto", añade.

Fernández explica que "la gente está muy quemada, enfurecidas por el poco caso que nos están haciendo desde la empresa y los medios de comunicación". "El paro no está apareciendo en casi ningún medio de comunicación: ni La Voz de Galicia, ni Faro de Vigo, ni Atlántico Diario, ni la TVG, ni la Radio Galega... A pesar de que las cinco tiendas llevan ya seis días cerradas y de que el 100% de la plantilla, todas mujeres, están en huelga", dice. "Esto no ha pasado nunca, ni en las huelgas del metal. Es increíble el control informativo", señala.

"Efecto dominó"

Sin embargo, la representante de CIG-Servicios sí destaca que "la huelga se está siguiendo con atención a través de las redes sociales desde otros territorios del Estado". "En este sector, las primeras que hacen una huelga son un ejemplo a seguir. Todas nuestras compañeras en otras provincias están esperando a ver como sale", destaca Fernández, que cree que la negativa de Inditex a aceptar las demandas de las trabajadoras de Bershka en Pontevedra se debe a que "temen un efecto dominó". Es decir, que otros territorios y tiendas también reclamen mejoras en sus contratos y condiciones.

Las trabajadoras de las cinco tiendas de Bershka en Pontevedra (tres en Vigo, una en Vilagarcía y otra en la capital provincial) destacan la "importancia de la lucha colectiva". “No nos regalan nada, y si nos lo pueden quitar, lo hacen. Por lo tanto, es imprescindible el compromiso de lucha de cada una de las trabajadoras y trabajadores de Inditex en defensa de los derechos conseguidos hasta ahora y por mejorar condiciones laborales totalmente asumibles por absolutamente todas las marcas del grupo textil”, subrayan.

Denuncian que "la temporalidad, la flexibilidad, la carga de trabajo, los bajos salarios, en resumen, la precariedad, son el pan de cada día en nuestros centros de trabajo”. Y exigen que "las empleadas y empleados del comercio, un sector ampliamente feminizado, dejemos de ser trabajadoras y trabajadores de segunda y tengamos unas condiciones laborales dignas".

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