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REGIÓN DE MURCIA

Manu Riquelme: "La cultura basura une muchísimo"

Manu Riquelme (Murcia, 1983) no es sólo uno de los escritores más irreverentes que tenemos en Murcia. Este novelista de vocación relativamente tardía –si comparamos su trayectoria literaria con su vinculación precoz al mundo del cómic y el fanzine–, bien podría parecer una mezcla de Jay Leno, Seinfeld o Ricky Gervais.

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Manu Riquelme / Beatriz García Ros

Manu Riquelme / Beatriz García Ros Murcia

Con novelas como `Dos punto cero a la izquierda´ y `Videoclub 84´ Riquelme ha diseccionado a la perfección no sólo el narcisismo o adanismo de los adictos a las redes sociales, en el caso de la primera, sino también la nostalgia que apareja la pérdida de la adolescencia, en el caso de la segunda.

Hablar con Manu Riquelme es hacerlo con un tío que lleva más de una década en el mundo de la cultura en Murcia, bien a través del fanzine o el mundo audiovisual y ahora como novelista. En una tarde fría y desapacible en la terraza del Café Ficciones estuvimos charlando con él sobre sus inicios artísticos, romanticismo, cómo las superproducciones de Hollywood están matando la esencia del cine y, por supuesto, el humor y los límites de éste.

Empezaste estudiando Bellas Artes. ¿No le viste futuro?

Sí. Empecé estudiando Bellas Artes. Pero el futuro que a mí me imponían era hacer oposiciones. Comencé estudiando en Cuenca, luego vine a Murcia a acabarla y cuando finalicé, sí que me vi sin salidas. Hice cosas por mi cuenta, pero muy puntuales. Preparé unas oposiciones, me presenté y no se volvieron a convocar. Y así estamos hasta el día hoy. Por lo menos en Murcia.

¿Y la afición por el dibujo?

Como me gustaba mucho el cine,  dibujaba las películas que veía. Posteriormente, cuando tenía once o doce años, con los cómics de `Mortadelo y Filemón´ pasé a los superhéroes, y de ahí a intentar hacer mis propios cómics.

Y posteriormente al fanzine.                                         

Sí. Fui bastante precoz. Con catorce años entré como miembro de la Asociación de Amigos del Tebeo de la Región de Murcia. Cuando descubrí lo que era un fanzine, pensé que era una cosa maravillosa porque uno podía editar sus propios trabajos. Había pocos cuando yo empecé: `El Tío Saín´ y `El Saco del Tío Saín´, recuerdo. Allí empezaron muchos dibujantes que con el tiempo se han profesionalizado.

¿Cuándo te diste cuenta de que querías escribir narrativa?

 A los veinte y tantos. Comencé con relatos cortos que intentaba extrapolar al mundo del cómic, especialmente los que eran muy largos o que a lo mejor no tenían cabida en ciertas publicaciones.

¿ `Dos punto cero a la izquierda ´ es un homenaje a Bret Easton Ellis y a su novela `Menos que cero ´?

No lo pensé cuando lo estaba escribiendo. Posteriormente sí vi que había similitudes. Además, también fue la primera obra del propio Ellis. Si te soy sincero no fue un homenaje consciente, aunque me guste mucho todo lo que él escribe.

Hay mucho de la Generación X en ti.

Ha sido la literatura que más he consumido. También me gusta mucho Chuck Palahniuk. Pero cuando escribo no me pongo como meta el tener que parecerme a un determinado novelista, sino coger lo que más me gusta de cada  y volcarlo en mi forma de ver las cosas.

Manu Riquelme/ Beatriz García Ros

Manu Riquelme/ Beatriz García Ros Murcia

`Dos punto cero a la izquierda ´, por el cuadro de los personajes, es una sátira al mundo de los espejos de las redes sociales, ¿no?

Sí. Creo que es un tema que no se ha abordado mucho en lo que a ficción se refiere. No he querido elaborar una crítica abierta, porque considero que las redes sociales tienen sus cosas buenas. Pero sí quería desarrollar una trama que hablase de cómo Internet nos deforma.

Ibas mirando perfiles de Facebook, Twitter e Instagram y eso te servía de molde para romper los límites entre realidad y ficción.

Yo soy muy cotilla y creaba a los personajes a partir de las redes sociales. Que la realidad no te estropee una buena ficción, como dicen [ risas]. No siempre hace falta reflejarlo todo tal y como es. Por eso, en mis novelas, intento darle una vuelta a la realidad e intentar idealizar más, como se hace en el cine.

Por otra parte, el romanticismo en `Videoclub 84 ´, tu posterior novela, tiene trazas de letras de grupos como Blink 182.

Un romanticismo muy americano. Mi adolescencia fue feliz. Y la verdad es que no tuve ningún tipo de trauma, más allá de las tonterías que nos suceden a los jóvenes. Yo la recuerdo como un período muy soleado. Todo lo que acontece en la novela son pequeños dramas adolescentes.

¿En qué personaje femenino te inspiraste para elaborar a Selene?

En una chica que me gustaba mucho cuando tenía dieciséis años.

Estás tardando en contar esa historia.

Yo siempre he sido muy tardío para el tema de las mujeres y muy vergonzoso. Me eché una amiga, cogimos confianza y me acabó gustando. Pero no llegué a declararme ni nada por el estilo.

La chica que proyectaste en Selene fue para ti lo que Lisis para Quevedo [ risas].

¡Para nada fue tan hardcore! [ risas].

Selene  representa a los amores venideros, ¿no?

Sí, tanto al primer amor como a los posteriores.

En `Videoclub 84 ´ hay referencia a `Los Goonies ´ y `Regreso al futuro ´. Lo escribiste, sobre todo, para hablar de aquellas películas u obras que se podían disfrutar en familia.

En cuanto a calidad, no veo en el cine actual películas que evoquen ese sentimiento de alguna forma. Sí que se intenta, pero es que antes éramos más inocentes y veíamos la vida de forma distinta, así como el cine en general.

¿Corren malos tiempos para reivindicar la pausa?

Ya no hay tanta paciencia para ver una película con una trama mucho más pausada. Estamos en la generación de las series de televisión y de los vídeos de YouTube de cuatro o cinco minutos. Cada vez queda menos para pararse a pensar, sí.

Somos personajes de novelas de Ray Bradbury.

Todo muy `Black Mirror´. Es cierto que hay gente que está muy preocupada por el tema de las nuevas tecnologías porque, realmente, somos conejillos de indias. Redes sociales no había antes. Y los efectos de Internet en nuestra generación se van a notar muy a posteriori. Será muy interesante.

¿A ti te ha trastornado mucho Internet? ¿En qué sentido?

Yo creo que sí. No soy consciente todavía hasta qué punto. A lo mejor me he hecho menos social. Yo nunca he destacado por ser demasiado sociable, además. Siempre he sido muy introvertido.

  ¿Cuáles son tus márgenes de beneficios como escritor?

Depende mucho de las circunstancias de la editorial: si tiene una buena distribución, el tanto por ciento más grande es mayor, mientras que el autor ve menos. En el caso de editoriales más pequeñas, te llevas un tanto por ciento mayor porque no hay distribución, lo cual es un arma de doble filo ya que el libro se ve menos.

¿Qué me puedes contar de la tercera novela que estás escribiendo?

Está ya escrita. Es una sátira, también, del mundo de las páginas de contactos y va a estar protagonizada por chicas. También va a haber crítica social.

Siempre hay humor negro en tus novelas. ¿Por qué nos cuesta tanto asimilarlo? Yo creo que hay un doble rasero importante.

Es que hay que saber hacer humor negro y mucha gente no sabe. Pero luego también está el tema del `posthumor´: un término inventado para englobar a una serie de cómicos como, por ejemplo, los de La hora chanante. El humor basado más en la caracterización que en los propios chistes.   

Manu Riquelme / Beatriz García Ros

Manu Riquelme / Beatriz García Ros Murcia

No hay muchos escritores de humor, salvo Eduardo Mendoza o Kiko Amat en la actualidad. ¿Se considera un género menor?

El humor es una mina. La situación que tenemos ahora para la ficción es genial. Y para la literatura debería de ser también así.

También estamos en una época en la que somos más imágenes que palabras.

Pero yo creo que la palabra es muy poderosa. Siempre recurro al humor porque también es una forma de conectar con el lector. Teníamos más sentido de éste antes que ahora. Y es curioso porque ahora lo tenemos todo a nuestro alcance.

Sobre todo la Audiencia Nacional [ risas].

Eso por supuesto. Pero yo me refería a los lectores [ risas] .

¿Te expones demasiado al escribir y te gusta proyectarte en tus novelas?

Puede ser. Yo lo que tenía claro al escribir es que, al margen de hacer una novela coral  y  que cada personaje fuese independiente el uno del otro,  tenía que tener cierta unidad. ¿Proyectarme, dices? Se tenía que ver de cierta forma el autor y lo que piensa aunque no fuese de forma directa, si te refieres a eso.

Bea: ¿tú cómo escritor sientes la necesidad de no seguir una línea determinada?

Es muy importante desmarcarse o intentarlo. A mí, dicho esto, tampoco me molesta que me comparen. Hay mucha gente que lo ha hecho con Palahniuk. Pero, al fin y al cabo, escribir es tan personal que del mismo modo que no hay dos personas iguales, tampoco hay dos escritores iguales.

¿Has tenido la sensación de escribir algo y pensar: «esto lo ha escrito ya otro »?

Eso sucede en cualquier ámbito artístico. Si piensas que todo está hecho o que otro lo hizo mejor, acabas paralizado. Uno siempre tiene que saber insertar su estilo, su voz y su forma de pensar.

¿Para ti la literatura ha de ser subversiva?

 El mejor arte, normalmente es el que suele agitar conciencias. Pero no lo considero un requisito indispensable. Se puede hacer arte entretenido sin necesidad de ser incendiario. Tiene que haber de todo.

Se puede incomodar hablando de zombis en el SOS 4.8, que haciéndolo de zombis en la Comisión Europea

Claro. Hernán Migoya hizo una novela muy divertida titulada `España, una grande y zombi´, que era una novela política y en la que había una invasión zombi. Rajoy figuraba, de hecho.

¿Y no acabó esa persona en los tribunales?

No, con  `Todas putas´ sí tuvo problemas.

¿Seguro que no es de Salvador Sostres? [ risas].

Podría. Pero con la de los zombis no le pasó nada [ risas].

¿Uno se pasa toda la vida escribiendo el mismo libro?

Yo creo que tenemos temas o cosas interiorizadas que luego salen y, a lo mejor, se repiten. O fantasmas que de alguna forma siempre acaban apareciendo. Con esos fantasmas trabajamos.

Bea: este apartado de la entrevista ha hecho que me acuerde de Angélica Lidell. Es una artista muy introspectiva que hablaba sobre cómo conectar con esa parte oscura de uno mismo.

Tocar fondo de alguna forma, ¿no?

Bea: sí. Y que no te dé miedo. Creo que un artista ha de abanderar eso.

 Estoy completamente de acuerdo.

Virginia Woolf con `La señora Dalloway ´ se desnudaba completamente. Las mujeres lo hacen con más facilidad.

Claro. Es también la forma en que nos han educado. A mí, por ejemplo, gente que ha leído `Videoclub 84´, se extrañó al leer una novela más blanca. Tiene romanticismo y no pasa nada. No somos inmunes.

La mujer va a ser la gran protagonista de las novelas del siglo XXI.

Cierto. Me pongo a pensar en Caitlin Moran y en su humor y considero que eso son puntos añadidos a la hora de escribir. La psicología femenina va a dar mucho juego.  

¿Para el personaje de la bloggera en quién te inspiraste? ¿Moderna de Pueblo?

Es una bloguera famosa. Se llama Miranda Makaroff. Vi un vídeo de una entrevista que le hicieron y me hizo gracia porque decía que cuando la llamaban `It Girl´, se acordaba del payaso de la película de Stanley Kubrick [ risas].

¿Qué proyectos tienes?

Me hicieron hace poco una entrevista de trabajo en Madrid para una productora y no sé si me llamarán. Entonces estoy un poco en standby. Pero sí que me encantaría seguir escribiendo. Sobre todo, cultura basura.

Chimo Bayo decía que no había que fiarse de la gente que nunca había desfasado. Pues tampoco de los que no consuman  cultura basura.

Claro. Toda la gente la ha consumido o consume cultura basura. Une muchísimo.

¿Se folla escribiendo?

¡No! ¡Siguiente pregunta! [ Risas].

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