El censo de perros que mantiene limpias las calles de Ibiza: “Ayuda a que los amos seamos más cívicos”
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Una plaquita metálica cuelga del collar de Qundo. En mitad de la circunferencia tallaron el croquis de un perro. Encima y debajo del dibujo se lee: ADN canino. Hace tres años, un bastoncito de algodón tomó una muestra de la saliva de este macho de pastor alemán. La masa viscosa se guardó en una probeta que luego se analizaría en un laboratorio antes de pasar a un registro. En esa lista hay –además de Qundo– otros 2.500 perros. Todos tienen algo en común: son vecinos, viven en el municipio ibicenco de Santa Eulària des Riu. El control, aseguran desde el Ayuntamiento, ha servido para registrar a la mitad de los canes que –según calculan– hay en el municipio. También, para reducir en un tercio el número de incidencias por heces de origen animal en las calles.
Santa Eulària –gobernada con mayoría absoluta por el Partido Popular desde la restauración democrática– es uno de los ochenta puntos en el mapa de España que cuentan con un registro que permita identificar los excrementos abandonados en la vía pública y multar a los infractores. En las Illes Balears, el único. Sencelles, un pueblo de 4.000 habitantes situado en el Pla de Mallorca, está ahora desarrollando su propio censo canino, pero todavía no ha empezado a imponer sanciones.
“Al enterarme de que iba a empezar este proyecto me apunté de forma voluntaria. Sé que hay gente que lo ve como una medida recaudatoria, pero Eivissa está colapsada y saturada… también de perros”, explica Jose Marí Ferrer, el dueño de Qundo. “Cuando tenía veinte años podía pasear desde Cala Martina, donde está mi casa, hasta Santa Eulària y en una hora cruzarme con dos, tres, cuatro perros como máximo. Ahora, que ya tengo casi cincuenta, toda esa zona se ha convertido en un paseadero. Da igual a la hora que salgas. Hay muchísimas mascotas”, añade.
El entusiasmo de Jose por el proyecto de ADN canino no lo comparte, por ejemplo, la persona que pasea a un perro en el barrio de es Canar, no muy lejos de la casa donde duerme Qundo, situada a poca distancia de las ruinas de un acueducto romano del siglo I. Las muestras que recogen los celadores municipales han confirmado que hasta trece veces el mismo animal defecó en una zona muy concreta sin que su propietario limpiara el suelo. Al infractor no se le ha podido cazar porque su mascota no aparece en el registro. Si el Ajuntament de Santa Eulària diera con su paradero, podría enfrentarse a una multa de 3.900 euros. 300 por cada paseo con el perro en el que no cumplió con su deber. Entre el medio centenar de dueños reincidentes, esta persona se lleva la palma.
El Ayuntamiento busca al dueño de un perro que ha incumplido la norma 13 veces y puede enfrentarse a una multa de 3.900 euros
Los jardines públicos “no son pipicans”
“Creo que los datos demuestran que los que incumplen son unos pocos. No pienso que con esta iniciativa estemos entrando en la vida de nadie. Ya estamos acostumbrados a que se ponga un chip a los perros –y que esos datos los controle el Govern balear–; igual que cuando tienes un hijo lo censas, creo que con las mascotas debemos hacer lo mismo. Hemos, por ejemplo, sancionado a una veintena de personas que no tienen aún al perro registrado… y siguen sin hacer el trámite. De oficio, las contactamos de nuevo para instar a que lo hagan y no tener que sancionarlas otra vez. Ponerle la plaquita al perro cuesta 37,5 euros y es para toda la vida”, argumenta Mónica Madrid.
La concejala de Medi Ambient, Sostenibilitat i Benestar Animal considera que, tres años después, los datos acumulados están contribuyendo a que “los jardines públicos dejen de verse como pipicans” o que los técnicos de su departamento puedan disponer de “información georeferenciada para saber por qué zonas del municipio se pasea con más frecuencia a los perros”. “Y, además, hemos podido resolver un caso de abandono animal gracias al ADN canino”, explica Madrid.
No pienso que con esta iniciativa estemos entrando en la vida de nadie. Ya estamos acostumbrados a que se ponga un chip a los perros –y que esos datos los controle el Govern balear–; igual que cuando tienes un hijo lo censas, creo que con las mascotas debemos hacer lo mismo
En las paredes del salón hay fotos de yorkshires. También –estampadas–, en los cojines del sofá. Rosa Clapés vive con Shiva y Peka, dos hembras de esta raza, en un piso. Está dentro de Santa Eulària, el mayor casco urbano de un municipio que tiene dos almas. El interior: monte bajo, canteras, pueblos pequeños, casas diseminadas, fincas agrícolas y agroturismos. La costa: alguna cala virgen, un campo de golf junto a un vertedero, urbanizaciones y tal número de hoteles que suman casi tantas plazas turísticas –31.000– como habitantes. Las dos caras de Santa Eulària no están tan lejos una de la otra. A Rosa le basta caminar unos minutos desde su domicilio para alcanzar ses Estaques. En esta pequeña punta que se adentra en el mar resiste una pineda rodeada de cinco estrellas sólo para adultos. Por los senderos de este bosquecillo mediterráneo pasean con frecuencia las yorkshire. Las perras llevan –igual que Qundo– la placa del ADN canino “casi desde el primer día”.
Efecto disuasorio
“Te daban incluso una bonificación para animarte a participar en el proyecto de forma voluntaria y a mí me pareció genial”, cuenta Rosa, “porque, sobre todo para los que vivimos en el pueblo, nos gusta ver las aceras limpias”. “Me gustaría decir lo contrario, pero hay gente que no cumple con su deber por iniciativa propia. Ahora, o al menos esa es mi percepción, se nota el cambio. Saber que el ADN de mis perras está registrado hará que nunca me despiste. Y así, creo, con todo el mundo. Para llegar a ses Estaques atravesamos el paseo marítimo: ahora me da la sensación de que está mucho más limpio que hace un tiempo”, añade.
Me gustaría decir lo contrario, pero hay gente que no cumple con su deber por iniciativa propia. Ahora, o al menos esa es mi percepción, se nota el cambio. El paseo marítimo está mucho más limpio que hace un tiempo
Jose formula una reflexión parecida: “Algunos consideran que tener perro es darle comida, agua y poco más. No es así. Tenemos una responsabilidad. Igual que se hizo obligatorio atarlos con correa o llevar bolsas para recoger las caquitas, creo que este registro también ayuda a que los amos seamos más cívicos. Antes de Qundo tuve seis o siete pastores alemanes, siempre hubo un pastor alemán en casa. Pero, cuando yo era niño, nuestra casa prácticamente no tenía vecinos, vivíamos, como quien dice, en el campo y, ahora, alrededor hay mucho construido. Eso quiere decir que también hay más perros. De alguna manera se tiene que ordenar. Que podamos disponer de una plaquita con un código QR y que, escaneándolo, un técnico pueda saber muchas cosas de mi perro me parece fantástico”.
Algunos consideran que tener perro es darle comida, agua y poco más. No es así. Tenemos una responsabilidad. Igual que se hizo obligatorio atarlos con correa o llevar bolsas para recoger las caquitas, creo que este registro también ayuda a que los amos seamos más cívico
Para poner en marcha el proyecto, el Ajuntament de Santa Eulària des Riu sacó a concurso un contrato público por cuatro años. Hasta 2027 –como mínimo, hay posibilidad de un año de prórroga–, ADN Canino SL cobrará 114.700 euros. Sus servicios consisten en realizar los análisis –721 hasta la fecha, con un 10,5% de positivos–, investigar en el laboratorio –para determinar el fenotipo de cada animal: tamaño, pelaje, comportamiento…– y gestionar los datos recopilados.
Esta empresa valenciana estuvo en el ojo del huracán a finales de 2014. Enrique Perigüell, su impulsor, era a la vez el concejal de Medi Ambient de Xàtiva, la capital de la comarca valenciana de la Costera. Dejó el cargo cuando trascendió que había creado una sociedad de análisis canino un mes antes de que el ayuntamiento setabense hiciera obligatoria la identificación de los perros del municipio. El alcalde que aceptó la dimisión de Perigüell fue Alfonso Rus, pieza clave en el PP de Francisco Camps y condenado a cinco años en el marco del Caso Taula. ¿El motivo? Contrataciones ficticias en empresas públicas mientras presidió la Diputació de València. Actualmente, la sentencia está recurrida en el Tribunal Supremo.
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