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La cultura de la inauguración y el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria

El coordinador de Izquierda Unida en Santander y candidato de la formación a la Alcaldía, Miguel Saro, escribe sobre la ubicación de esta instalación cultural básica para la defensa del patrimonio de Cantabria.

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Pedía el apócrifo machadiano Juan de Mairena una Escuela Popular de Sabiduría Superior que dependiera exclusivamente de sus maestros, donde lo superior no fuera la escuela sino la sabiduría que en ella se alcanzase, una herramienta en definitiva  útil a quien venera la cultura para entregársela al pueblo. ¿Dónde ha quedado esto en nuestra ciudad?

Ocurre en Santander, como en otras partes donde vivimos, que para el Gobierno municipal la cultura y el respeto y fomento de las formas de adquirirla no es el principal objetivo, sino los edificios que deberían albergar los medios para extenderla y el consiguiente efecto propagandístico de su levantamiento e inauguración. Un ejemplo de esto es el Centro Botín, de cuya programación y objetivos desconocemos casi todo y de cuyo programa nos preguntamos si realmente se dotará de medios para extender el conocimiento de todas las expresiones culturales artísticas a la población cántabra, o vivirá del exclusivo culto a la firma de artista.

Unas puertas se abren. Es el caso de la Cueva de Altamira, referente mundial del Arte y la cultura de toda una época como es el Paleolítico superior, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1985, que por la irresponsabilidad de un Gobierno basándose en intereses económicos y turísticos, e ignorando  los consejos de muchos investigadores nacionales e internacionales, se encuentra en la dinámica de volver a ser abierta al público, poniéndola en peligro tal vez de forma irreversible.

Y otras se cierran. El ejemplo más claro es el de la itinerante ubicación del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC), un centro que se había comprometido como delegación del Centro Internacional de Arte Rupestre de la UNESCO en el vacío edificio del Banco de España en Santander.

El MUPAC, fundado por el padre Carballo a mediados del siglo pasado, ha ido recogiendo las colecciones arqueológicas de la región al mismo ritmo que se ha fundado y progresado la ciencia para su estudio, en un lugar –no lo olvidemos– como Cantabria, donde se encuentran algunas de las más notables y mejor estudiadas creaciones de las primeras expresiones artísticas humanas, el arte paleolítico. Este estudio ha requerido y requiere no sólo espacio para exponer las colecciones, sino un lugar y medios para su catalogación y análisis científico.

Este centro lleva pidiendo una sede digna desde hace decenios y sus colecciones han pasado por varios lugares desde su fundación, algunos reales, como el Instituto Santa Clara, el inundable bajo de la vieja Diputación Provincial y hasta una notable exposición parcial en el sótano del Mercado del Este, otros imaginarios, como el proyectado en Las Llamas.

Al fin se encontraba un edificio que podría impulsar un salto cualitativo que llevase a la proyección internacional al museo y convertirlo en un centro de referencia mundial. Este proyecto permitiría al MUPAC dotarse definitivamente de una sede adecuada y a la altura de sus colecciones. No cantemos victoria, amantes de la cultura, el camino es largo y las cintas inauguradoras electorales son trampas difíciles de evitar.

Ocurre en Santander, como en otras partes donde vivimos, que para el Gobierno municipal la cultura y el respeto y fomento de las formas de adquirirla no es el principal objetivo, sino los edificios que deberían albergar los medios para extenderla y el consiguiente efecto propagandístico de su levantamiento e inauguración

 

El Archivo Lafuente, usando como depositario al Museo Reina Sofía, elige el edificio del Banco de España como sede para su exposición. Se trata de una notable colección que bien podría quedar acogida en el Museo de Bellas Artes de Santander o en la  Biblioteca y Archivo Central de Cantabria, pero el propietario elige y decide la ubicación y el Ayuntamiento se pliega, encantado con un proyecto que encaja en su modelo cultural que se agota en el edificio y no requiere de otra dotación.

Les es familiar el proceso, ¿verdad? Una colección ya suficientemente promocionada, un paquete completo que vender adornado con la figura de un depositario mimado por la administración –el Museo Reina Sofía– que encaja en la lógica de edificio noble, en este caso ya existente.

Aclaremos que el Archivo Lafuente que se instalará en el antiguo Banco de España de Santander no será una sede o una sucursal del Museo Reina Sofía, como se ha encargado de corregir en un comunicado dicho museo, sino una cesión en la que el archivo pasará a formar parte de los fondos del Reina Sofía corriendo por cuenta de Cantabria el coste de la adecuación, la conservación del legado y el personal a su cargo.

Mientras, se barría bajo la alfombra el digno proyecto que hubiera supuesto esa ubicación para el MUPAC ofreciendo a cambio un incierto futuro en el Mercado del Este, sin explicar de dónde se obtendrán los recursos para el tremendo coste que tendría tanto la reforma de un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural, como las indemnizaciones a los concesionarios instalados en el mismo.

El cambio de criterio es fácil de explicar: el MUPAC necesita de recursos para formación e investigación, cuyo resultado es más difícil de medir en minutos de repercusión mediática ni en cintas inauguradoras, requiere mucho esfuerzo la formación de sus especialistas y los resultados sólo se pueden ver con el paso del tiempo, a medio y largo plazo.  No llegan a tiempo a ninguna campaña electoral.

La historia de la itinerante ubicación del MUPAC no acaba aquí. La sede que éste museo tenía en la Avenida de Los Castros ha sido trasladada a las dependencias previstas pero nunca ocupadas para el Archivo Regional, en la segunda planta del edificio de la Biblioteca y Archivo Central. Una de las principales preocupaciones estriba en la aparente ausencia de proyecto museográfico, perdiéndose por el camino los 1,5 millones de euros invertidos en 2010 en la sede abandonada.

Con este traslado la administración autonómica se ahorrará 100.000 euros al año en alquiler, cantidad que supuestamente podría destinarse a otros proyectos y acciones que dinamicen y fortalezcan el tejido cultural de Cantabria, pero es algo que está por ver. Además, deberíamos preguntarnos: ¿Por qué se invirtió más de un millón de euros en un espacio que siempre se consideró transitorio? Muy sencillo, para favorecer a un destacado miembro del Gobierno que aprobó dicho proyecto. Pero, ¿de qué nos sorprendemos? Volvemos a lo de siempre, distintas agrupaciones políticas deshaciendo lo hecho por las anteriores y perjudicando, en este caso en particular, a la Cultura y el Patrimonio de Cantabria.

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