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Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

¿Desmontamos un McDonald’s?

Cartel publicitario en Baviera en el que se lee la frase "Nuestra leche hace fuerta a Baviera".

Lucía López Marco

El otro día estaba dando una clase a ganaderos cuando uno de ellos estalló. Al principio no entendí a qué venían sus declaraciones, cuando no era ni el momento, ni el lugar, ni tenía nada que ver lo que dijo con lo que estábamos tratando. Luego comprendí que todo tiene que ver. El chico en cuestión empezó a vomitar su rabia en clase, ante el asombro de sus compañeros y el mío, y a decir verdades llenas de dolor, como duelen las cosas que nos parecen injustas y ante las que, aparentemente, no podemos hacer nada. Estaba molesto con el nuevo sistema de saneamiento ganadero en Cantabria, con que le matasen a vacas bajo la sospecha de tener tuberculosis y que luego diesen negativo, teniendo que contentarse con una indemnización, como si todo pudiese pagarse con dinero. Le dolía su oficio, ya que pasa más tiempo entre líos burocráticos que con las vacas, el olvido, las dificultades, la impotencia…

El caso es que yo lo oía hablar y no podía evitar acordarme de mi época de estudiante Erasmus, cuando iba por granjas cercanas a Múnich y veía unos carteles en las cuadras donde decía “Unsre Milch macht Bayern stark” (Nuestra leche hace fuerte a Baviera). Recuerdo que en Baviera, a pesar de que había un fuerte choque entre la sociedad urbana y la rural, los ganaderos de la región eran motivo de orgullo, ya que se les consideraba los conservadores de la cultura bávara. Es más, siempre me asombró del cartel que no pusiese “Unsere”, en alemán estándar, sino “Unsre”, como lo diría un auténtico bávaro, y que las gentes de la ciudad se enorgulleciesen de que sus ganaderos siguieran diciendo “Unsre” y luchasen porque esas peculiaridades de la lengua bávara no se perdiesen. Me pregunto de qué tacharían a la gente rural si mañana hiciesen publicidad de sus productos con un cartel en cántabru que dijera “La muestra lechi jaz juerti a Cantabria”, las burlas que tendrían que aguantar.

Quizás ese sea parte del problema, esa superioridad infundada con la que desde las ciudades se mira al medio rural, esa burla hacia su ancestral forma de hablar, descendiente de una lengua hoy en peligro de extinción, y a su forma de ganarse la vida: empiezo a sospechar que hay gente que cree que la comida la fabrica una máquina escondida en el almacén del supermercado, y que hay quien piensa que los prados son verdes por arte de magia, no porque haya vacas comiendo la hierba, diseminando semillas y abonando los campos.

El caso, volviendo a mi ganadero indignado, es que la otra (gran) parte del problema son los propios productores, y así se lo hice saber, hablándole de los ganaderos de la localidad de Millau. He de reconocer que admiro mucho a José Bové, y que alguna vez me han advertido de que no debería hablar tanto de él, al menos no a los ganaderos, no vaya a ser que alguno me escuche y actúe (que es, precisamente, lo que estoy deseando). Para quienes no lo sepan, Bové era un ganadero del Macizo Central francés que, cuando en 1999 Estados Unidos decidió aumentar los aranceles del queso Roquefort como respuesta a la prohibición de la Unión Europea de importar carne con hormonas del país americano, reunió a 300 ganaderos en Millau (el municipio más importante de la zona de producción de este tipo de queso) y desmontaron pieza por pieza el McDonald’s del pueblo. Diez de estos ganaderos, entre ellos Jose Bové, fueron condenados a tres meses de cárcel, gracias a lo cual la noticia se extendió por toda Francia, enterándose así todo el país de lo que estaba pasando con el queso Roquefort y decidiendo apoyar a sus paisanos. Por este tipo de protestas, nadie les tose a los ganaderos franceses y consiguen que los políticos les escuchen y que no se firmen acuerdos sin su presencia, además de que son muy conscientes del poder del voto rural en las urnas y saben utilizarlo.

Los ganaderos de vacuno de leche europeos han anunciado para hoy diversas movilizaciones y actos de protesta bajo el lema “Your policy ruins dairy farmers” (Vuestra política arruina a los ganaderos de leche) para denunciar la crisis del sector. Me pregunto si los ganaderos españoles se habrán hartado ya, si harán algo más allá de lo que han hecho hasta ahora, algo que, en vez de provocar la risa en Madrid, provoque respeto. Si sabrán ser conscientes de lo que su voto supone de cara al 20 de diciembre y si sabrán transmitírselo a los políticos. No hace falta desmontar un McDonald’s, pero es necesario llevar a cabo acciones que tengan una mayor repercusión. Es una vergüenza lo que está pasando con la ganadería, pero aún más vergonzoso es que los ganaderos no den un puñetazo sobre la mesa y digan “hasta aquí”.

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