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Ser mujer rural y sobrevivir en el intento

Las desigualdades que sufren las mujeres del medio rural ponen en peligro su permanencia en los pueblos.

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Una mujer en una explotación de vacuno de leche en la costa de Cantabria. | LUCÍA LÓPEZ

Una mujer en una explotación de vacuno de leche en la costa de Cantabria. | LUCÍA LÓPEZ

Son las 5.00 cuando suena el despertador. Desayuna y, con la radio de fondo, se pone la ropa para ir a trabajar. El ordeño empieza a las 6.00, pero antes hay que mover a las vacas para que vayan a la sala. No son muchas, pero las instalaciones están viejas y les cuesta entrar. Cuando termina vuelve a casa, despierta a los críos, les da el desayuno, los viste y los lleva a la escuela. Entonces vuelve a la granja… a seguir trabajando. Hasta que llega el mediodía, que prepara la comida, va a buscar a sus hijos, los vuelve a llevar al colegio, hacen el ordeño de la tarde, y, al acabar, vuelta a por los niños para llevarlos a casa y estar con ellos, hasta que se agotan y consigue que se duerman. A veces piensa que le gustaría cambiar de vida, dedicarse a otro trabajo, menos esclavo y que sea más suyo.

La protagonista de esta historia no tiene un nombre, sino que tiene muchos nombres, porque no es una sola mujer, sino que es la rutina de muchas mujeres que trabajan en el campo, como sus parejas, pero que no gozan de las mismas oportunidades que ellos. En España, a pesar de la importancia del trabajo de las mujeres en las explotaciones agrarias, el 67,31% de los titulares de las mismas son hombres, mientras que las mujeres aparecen generalmente como cónyuges en la categoría de "ayuda familiar", con la desigualdad que ello implica.

En España el 67,31% de los titulares de las explotaciones agrarias son hombres, mientras que las mujeres aparecen generalmente como cónyuges en la categoría de "ayuda familiar".

Para cambiar esta situación, en 2011 se aprobó la Ley de Titularidad Compartida, con el objetivo de visibilizar el trabajo de las mujeres en el campo y mejorar la participación de éstas en las organizaciones. Además, la titularidad compartida supone la administración, representación y responsabilidad sobre la explotación entre ambos titulares, el reparto de rendimientos al 50%, la consideración de los dos titulares como beneficiarios directos de las ayudas y subvenciones de las que sea objeto la explotación y la cotización en la Seguridad Social por parte de los dos miembros. Sin embargo, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, a fecha de 25 de junio de 2015 había registradas en titularidad compartida solo 136 explotaciones, tres de ellas en Cantabria.

Las mujeres representan el 48% de la población rural y son imprescindibles para el desarrollo sostenible de los pueblos, aunque la falta de oportunidades y de acceso en igualdad de condiciones a la propiedad de la tierra, a un empleo o a puestos de toma de decisiones supone que muchas mujeres tengan que abandonar las zonas rurales para buscar mejores condiciones de vida en la ciudad. Son las mujeres quienes fijan población en el medio rural y le dan continuación, y si ellas se van, ¿quién queda?

No basta, por tanto, con redactar leyes que favorezcan la visibilización de la mujer, sino que hay que desarrollar herramientas para implantarlas con éxito. Hay que implicar a los agentes locales en el desarrollo de actividades que permitan que la sociedad rural se de cuenta de que sin mujeres no hay vida en los pueblos. Hay que entender que la desigualdad que sufren las mujeres rurales es también una forma de violencia de género.

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