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ʺNo hay mayor responsabilidad social en una empresa que mantener los puestos de trabajoʺ

En los últimos años, las empresas de capital han redoblado esfuerzos para trasladar a la sociedad su sentido de la responsabilidad, pero en muchos casos solo es un ejercicio estético para fortalecer la imagen de la compañía

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La crisis de Fagor Electrodomésticos ha sido uno de los peores momentos vividos por la Corporación en los últimos años.

La crisis de Fagor Electrodomésticos ha sido uno de los peores momentos vividos por la Corporación en los últimos años.

“No hay un ejercicio mayor de responsabilidad social que el mantenimiento de los puestos de trabajo y las cooperativas en un contexto como el actual debemos impulsar políticas que faciliten ese objetivo”. Carlos Sarabia, responsable de comunicación del Grupo Ulma, engobado en Mondragon Corporación, describe así lo que entiende por Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Un concepto que hace referencia a la contribución activa y voluntaria de la empresa al desarrollo social, económico y ambiental y que, a menudo, no se entiende la misma manera en las cooperativas y en las empresas de capital. En los últimos años, este tipo de compañías han redoblado esfuerzos para trasladar a la sociedad su sentido de la responsabilidad, pero en muchos casos solo es un ejercicio estético para fortalecer la imagen de la compañía

Mondragon Corporación sostiene que las cooperativas son socialmente responsables porque están “comprometidas con el desarrollo socioeconómico de los territorios” en los que nos ubican. Y porque el protagonismo reside en las personas, que toman parte “en la propiedad, en la gestión y en los resultados de la empresa”. “Somos empresas responsables de nuestro destino, que adoptamos decisiones socioempresariales en nuestros órganos de gobierno elegidos democráticamente. Y tenemos un compromiso firme con la generación de empleo estable y de calidad”.

La revista TUlankide, que expone la actualidad de Mondragon Corporación, recoge en su último número el diálogo mantenido entre Carlos Sarabia; el responsable de calidad y modelo de gestión de Laboral Kutxa, Jon Emaldi, y el director de responsabilidad social de Eroski, Alejandro Martínez, sobre la Responsabilidad Social Empresarial y su futuro. Para Emaldi, se trata de mejorar la empresa para mejorar la sociedad. “Eso es básicamente la RSE. Es decir, debemos buscar que los objetivos de la empresa estén alineados con los de la sociedad”.

En opinión de Carlos Sarabia, “no hay un ejercicio mayor de responsabilidad social que el mantenimiento de los puestos de trabajo. Las cooperativas en un contexto como el actual debemos impulsar políticas que faciliten ese objetivo”. Recientemente, la Corporación ha vivido un duro episodio con la caída de Fagor Electrodomésticos, pero ha servido para dar ejemplo de cómo preservar los puestos de trabajo. “En mi opinión, hemos realizado el mayor ejercicio de responsabilidad social de la historia de las cooperativas con la reuibicación de la mayoría de los trabajadores. Eso es claramente RSE. La pregunta es: ¿se entiende como una ventaja competitiva o como una demostración de solidaridad?”.

Arrimar el hombro cuando hace falta

Para Alejandro Martínez, “si se trabaja bien sí es una ventaja competitiva”. En el conjunto de la cultura empresarial, “los elementos diferenciales de la cooperativa deben servir para servir para aportar mayor lealtad y sentido de pertenencia, para sentirse parte de la cooperativa y arrimar el hombro cuando la situación lo requiere. Por tanto, cuando la responsabilidad es sana y bien gestionada es realmente una ventaja competitiva”.

En el futuro, se hablará más de hacer bien las cosas que de hacer cosas buenas. “Creo que la clave”, explica Martínez, “será armonizar el éxito económico con el bienestar social del entorno. Tenemos una gran oportunidad para alcanzar esa conexión con nuestro entorno socio-empresarial aprovechando la palanca de la RSE como activo rentable clave en la gestión global de nuestras cooperativas”.

El problema puede residir en medir las cosas de la misma manera en todas las empresas, utilizando los mismos estándares para que se puedan comparar. “A pesar de que se ajusten a estándares internacionales, las memorias de RSE son ‘novelas’ que cuentan lo que la empresa quiere y callan lo que no quiere decir”, critica Emaldi.

En esa línea, Martínez apunta que hace unos años su cooperativa se propuso calcular la huella de carbono, pero a la hora de consultar la forma en que debía medirla se dio cuenta de que había más de 200 estándares. “En este momento, aunque la normativa europea es una, cada país tiene una legislación propia. Es cierto que la RSE va bastante más allá de lo que recoge la ley. Seguramente lo que hoy es responsabilidad social dentro de unos años será mero cumplimiento legal”.

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