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Disputarse la izquierda

La política española está en evolución constante desde que estalló la crisis y lo que hace unos meses era de una manera ahora nos dirán que es de otra, estamos aprendiendo a golpes de realidad

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Pensaba escribir sobre otro asunto pero entiendo que debo opinar sobre el acuerdo de Podemos e IU. ¿Es tan importante? ¿Si es tan importante por qué no llegaron a acuerdo hace apenas tres meses? Es evidente que la política española está en evolución constante desde que estalló la crisis y lo que hace unos meses era de una manera ahora nos dirán que es de otra, estamos aprendiendo a golpes de realidad.

Ese pacto es la actualidad esta semana pero no podemos saber si es algo importante o no, aunque ahora haya quien tenga un comprensible entusiasmo eso lo sabremos en tres o cuatro meses. Una encuesta dentro de unos días dirá esto y otra la semana siguiente dirá aquello; es decir, ni siquiera sabemos si esa coalición superará en votos al PSOE.

Lo de Sánchez ya es cruel, lo tienen atado los suyos y no paran de arrearle sopapos, un día le viene una torta de Extremadura y el resto de los días de Andalucía. No le dejan mucho margen, le prohibieron los pactos con la izquierda y entonces centró su estrategia en un sorprendente y absurdo pacto solemne con Ciudadanos, cosa que ahora va a pagar. Por si fuera poco aparece el fantasma de Felipe González, su mentor, arrastrando los sucios harapos de una sábana panameña o iraní, ya ni se sabe. Esa sombra también le va a pesar en los hombros durante la campaña. Sin embargo nada está escrito, como demuestran las elecciones anteriores, y el PSOE sigue siendo una referencia para millones de personas que puede que ahora duden o no se confiesen a si mismas ni a las encuestas su lealtad pero que el día de la votación introducen su papeleta. Con merecimiento o sin el, ese partido demostró en cada elección capacidad de resistencia.

Los momentos más críticos en que la población cuestionó a los partidos ya pasaron, esa crisis creo que se vivió hace meses, superado el trago de las pasadas elecciones las cosas van estabilizándose, para tranquilidad de los partidos tradicionales y desesperación de los que llegaron. O sea, no se puede saber si esa nueva coalición adelantará al PSOE.

Por otro lado, el entusiasmo de quien está movilizado en torno de Podemos y IU es natural, hay unas nuevas expectativas: Podemos vuelve a soñar con adelantar a los socialistas, IU con recuperar un número de diputados que le devuelvan la presencia, o la existencia. Pero es un entusiasmo relativo, un poco revenido y trasteado. Es un pacto razonable, ya lo era hace tres meses, tiene lógica política y creo que será bueno socialmente, pero es un pacto político más entre partidos. Con unos objetivos incluso modestos desde la izquierda y la democracia.

Ese pacto podría haber sido firmado sin problemas serios hace unos meses. Una cosa es el objetivo de unas candidaturas, como la de “Compromís”, que aspiraba a tener grupo parlamentario propio porque era algo consustancial y estratégico a su naturaleza: una organización política o un grupo parlamentario estatal reproduce el actual estado autonómico, mientras que un grupo parlamentario valenciano prefigura soberanía y un pacto federal o confederal. Ese carácter tan trascendente no existe necesariamente en el dilema de presentarse conjuntamente IU y Podemos. Es lógica la aspiración a tener perfil propio, pero dadas las circunstancias dos organizaciones de ámbito estatal que compartan un programa político para, al menos, una legislatura es muy razonable que se unan. La expectativa de Podemos lo impedía, pero la realidad nos enseña a todos.

Podemos ya dejó muy atrás y olvidado aquella acusación contra “la casta” con la que justificaba su existencia, en los últimos meses ya se sentó a negociar no sólo con el PSOE sino incluso con Ciudadanos. Y ahora ese pacto con IU, con quienes fueron los aliados de los socialistas en Andalucía, Madrid…, siempre y en todas partes. Al dejar de lado la dialéctica que hizo de Podemos una expectativa, la contradición lo nuevo /lo viejo, arriba/abajo, y al ser sustituída por la contradición izquierda/ derecha, esta organización entra en una fase nueva. Como estamos en campaña y como llevan evolucionando a mil por hora según las circunstancias, ahora no es momento para reflexionar pero eso tiene un calado político decisivo.

Pero ese pacto puede tener una mayor trascendencia o no. Por ahora cada polo de la alianza, IU y Podemos, tiene su expectativa particular, ¿fraguarán una expectativa que sea compartida? Ahí confluyen dos culturas políticas distintas. Si Podemos e IU no entablan un diálogo político e ideológico profundo ese grupo parlamentario puede romper, será coyuntural. Si hacen un debate político serio entonces puede ser que nazca una nueva izquierda estatal, ésa sería la verdadera novedad.

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