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Perdona, se te ha caído

Vimos detenerse a un coche y en apenas un instante el conductor extrajo el brazo para vaciar el cenicero en la calzada

Quienes entienden que las normas de civismo no van con ellos llevan fatal que se las recordemos

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Una voluntaria recoge unas colillas del suelo

Una voluntaria recoge unas colillas del suelo PROYECTO LIBERA

Ocurrió hace unos meses. Yo creía que este tipo de comportamientos habían quedado sepultados en la Sima de los Huesos de Atapuerca. Pero al parecer todavía hay algunos homínidos que los mantienen, demostrando lo mucho que nos queda por recorrer como especie en el camino de la evolución.

Fue mientras mantenía una conversación con una persona junto a la acera, esperando para cruzar el semáforo. Vimos detenerse a un coche y en apenas un instante el conductor extrajo el brazo para vaciar el cenicero en la calzada. Lo hizo con total naturalidad, dando unos golpecitos en la puerta de modo vacilón: clac, clac, clac. Ahí queda eso. Era un hábito, no un gesto.

Luego nos lanzó una mirada desafiante a todos los que asistimos perplejos a su gesto: ¿Qué miráis? -parecía retarnos mientras cruzábamos- ¿Pasa algo? Y como era de esperar, apenas el semáforo de peatones empezó a parpadear, el tipo arrancó el coche rechinando las ruedas. Lo peor de esta historia es que es cierta, lo mejor es que es cada vez más insólita.

La pregunta que me hice, y que seguramente se formularon el resto de ciudadanos que observamos a aquel comportamiento, es qué habría pasado si se lo hubiera recriminado abiertamente. Si me hubiera acercado con el puñado de colillas que acaba de vaciar en la calle y le hubiera dicho: perdona, se te ha caído. Probablemente la cosa habría acabado mal. Muy mal. Porque quienes entienden que las normas de civismo no van con ellos llevan fatal que se las recordemos.

Una de las mejores campañas en defensa de la naturaleza que se han puesto en marcha en los últimos tiempos es  el Proyecto Libera organizado por SEO/Birdlife en colaboración con Ecoembes. El ambicioso objetivo de esta potente iniciativa es liberar a la naturaleza de la basura que se nos ha ido cayendo ahí fuera a lo largo de los años. Y para conseguirlo cuenta con la colaboración de todos.

De lo que se trata es de salir al campo a liberarlo de nuestras basuras. Pero también de conocerlas mejor. Para ello se están llevando a cabo jornadas específicas de recogida para estudiar su composición y caracterizar cada tipo de residuos para establecer su origen y procedencia y emprender acciones concretas de prevención.

El mes pasado Libera lanzó una acción especialmente dirigida a quienes tienen ese hábito incorporado a su comportamiento: el de que se le caigan las cosas por la calle o por el monte sin agacharse a recogerlas. Vamos a seguir en modo eufemismo para no molestar a nadie. La propuesta es que el resto de los ciudadanos pasemos a la acción para, desde la educación y el respeto, anotarles lo incorrecto de su gesto: perdona, se te ha caído

Sin embargo ya he recibido varios lamentos al respecto. Gente que, animada por la campaña de SEO/Birdlife y Ecoembes, se atrevió a señalarle a alguien que se le había caído el pañuelo de papel, la lata de aluminio o el paquete de cigarros vacío. Y la cosa por supuesto no acabó bien. ¿Por supuesto? 

Es curioso pero resulta que en esos casos, quien acude con la máxima discreción y las mejores formas a defender nuestro mayor patrimonio común, que es la naturaleza, o actúa en defensa de algo tan de todos como la limpieza de las calles, las plazas o los parques y jardines de nuestras ciudades y pueblos, resulta que es un provocador, mientras que el responsable del “descuido” se muestra gravemente ofendido.

Por eso es necesario que este tipo de acciones se conviertan en corriente. No tenemos tiempo para perder más tiempo con los incívicos (se acabaron los eufemismos). Si queremos acabar con el abandono de basuras en las calles y la naturaleza debemos empezar a usar todos el “perdona, se te ha caído” de manera más generalizada, natural e instintiva. Incluso con tipos como el Homo antecessor que vació el cenicero en el semáforo.

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