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La batalla de Europa

Una candidatura en la que Marina Albiol fuera protagonista tendría la oportunidad de ser una candidatura abierta a la sociedad, muy especialmente a los movimientos que han confrontado con las políticas de la Troika

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Las próximas elecciones europeas son vitales para el futuro de la clase trabajadora europea, pues nos encontramos en un estado de emergencia social y excepción democrática. Desde la izquierda hemos de vivir este proceso electoral como una ocasión para poner en cuestión las reglas que están marcando nuestras vidas, el marco de relaciones sociales y económicas que determinan nuestro presente y condenan nuestro futuro. Para ello hemos de romper con el fondo y las formas del bipartidismo que ha concebido el Parlamento Europeo como un lugar tranquilo apto para el retiro de cargos políticos de dilatada trayectoria y plegado a los dictados de la Troika. Durante los últimos años, el Partido Popular Europeo y el Partido Socialista Europeo han cerrado filas en defensa de la Unión Europea realmente existente: servidora del gran capital financiero, sumisa al imperialismo norteamericano y feroz contra la clase trabajadora europea e inmigrante.

Han sido las instituciones europeas, principalmente la Comisión y el Banco Central, las que junto al FMI han impuesto a los Estados una política de ajuste duro que ha agravado aún más la crisis y ha provocado un enorme sufrimiento social. El precio del rescate a la banca lo ha pagado la gran mayoría social con impuestos regresivos, recortes de derechos y pérdida de servicios públicos. En todo ese proceso, PP y PSOE, el bipartidismo turnista, han vuelto a estar juntos: en España reformando la Constitución sin consulta popular y en Europa votando el Tratado de Estabilidad y cuantos acuerdos se han derivado del mismo. Echar la vista atrás y recordar los discursos de campaña de Mayor Oreja y López Aguilar puede ser un buen ejercicio de memoria: ¡cuánto cinismo, cuánta hipocresía! Ahora hay que aprovechar las elecciones europeas para pasar de la indignación a la acción, castigando a quienes nos han sacrificado en el altar de la troika y dando la oportunidad a una alternativa que se articula a nivel europeo en el Partido de la Izquierda Europea, del que forma parte IU. Para ello es necesario presentar un programa que rompa abiertamente con el modelo neoliberal de construcción europea y unas candidaturas coherentes con esa voluntad de ruptura.

Los eurodiputados del PP y del PSOE no perderán el sueño por votar contra los derechos humanos o por servir a los intereses de los grandes lobbies empresariales. A fin de cuentas se han pasado décadas haciéndolo en el Congreso o en el Consejo de Ministros. Pero quienes combatimos el actual modelo de la UE y luchamos por la construcción política y social de otra Europa –federal, democrática, socialista– no podemos cometer el error de secundar ese mismo planteamiento. Para Izquierda Unida, el Parlamento Europeo no es un cementerio de elefantes sino un campo de batalla –uno más– de la lucha de clases que se libra a escala mundial y que a partir de Maastricht se ha recrudecido en el frente europeo. Por eso necesitamos mujeres y hombres que lleven a Bruselas y a Estrasburgo la voz de los movimientos sociales que resisten al sistema y que representan la esperanza de una transformación real desde abajo.

Sin duda una de esas personas es Marina Albiol, que a sus 31 años ha demostrado sobrada capacidad de trabajo, valentía y coherencia ideológica como diputada en las Cortes Valencianas. Sus intervenciones parlamentarias le han deparado el reconocimento de la gente en la calle y también la animadversión de los diputados del PP –y del PSOE– que no soportan sus aceradas críticas contra el genocidio social que estamos viviendo. Su lucha contra la corrupción le ha valido una querella del mismísimo Carlos Fabra e insultos machistas del primer diputado del PP condenado a prisión, Pedro Hernández Mateo. Su activismo militante la ha llevado a participar en la Flotilla de la Libertad Rumbo a Gaza, a visitar y denunciar los CIE, a levantar la voz –al principio casi en solitario– contra el fracking y, por supuesto, a estar en primera línea de piquete en todas las Huelgas Generales. Por todo ello, la derecha política y mediática la ha intentado criminalizar mientras que para la izquierda social valenciana se ha convertido en un referente de primer orden. Una candidatura en la que Marina Albiol fuera protagonista tendría la oportunidad de ser una candidatura abierta a la sociedad, muy especialmente a los movimientos que han confrontado con las políticas de la Troika. El perfil personal y político de Marina Albiol facilitaría, sin duda, la convergencia con distintos actores políticos, incluidos aquellos que responden al colapso del modelo territorial de la Transición, así como con la pluralidad de movimientos que además de confrontar en la calle con el saqueo y los recortes están demandando la unidad política del movimiento popular entendiendo que ella es imposible sin Izquierda Unida.

Izquierda Unida tiene la responsabilidad de estar a la altura histórica que las circunstancias requieren a quienes luchamos contra el capitalismo. Tenemos la obligación de demostrar que hay alternativa al bipartidismo, al Régimen, a la Troika y lo debemos hacer con un programa y una candidatura que sean rupturistas y hagan nuestro proyecto creíble e ilusionante. Es la hora de las jóvenes que se rebelan contra el patriarcado, contra un régimen corrupto y putrefacto, y contra un sistema que las condena a no tener futuro. Es el momento de empoderar a "las y los de abajo". Son, por tanto, tiempos de combate en los que necesitamos personas dispuestas a luchar sin tregua tanto en la calle como en las instituciones por un mundo más justo e igualitario. Tenemos la obligación de ser audaces porque hemos de enfrentarnos a la ingente tarea de hacer posible lo imposible.   

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