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El complicado proceso de comprar o no comprar

Dedicar un día a recapacitar sobre nuestro consumo y cuestionarnos su implicación en el desarrollo de la sociedad no es baladí

Los deseos producen consumo, el consumo más producción, la producción más basura y más recursos naturales destruidos. Y así, los límites del planeta quedan superados

Es ineludible preguntarnos cómo se ha fabricado el producto que vamos a adquirir. No basta indignarnos cuando vemos a niños y niñas explotados en fábricas de otros países

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Me sigue sorprendiendo cómo nos lanzamos a la calle en ciertas fechas a comprar de forma compulsiva. Parece que la compra desenfrenada vaya a producir un cambio radical en nuestra vida, haciendo desaparecer nuestras desventuras y problemas del día a día.

Esta semana se celebra el día del no consumo. Es un día que me gusta sobremanera ya que realizar o no una compra puede ser una acción muy revolucionaria. La decisión de compra nos da poder y ese poder es importante porque según lo que compremos podemos determinar lo que se produce. Me gusta también por su ubicación en el calendario, justo antes de la campaña navideña. Campaña que se ceba con los más vulnerables, nuestros hijos e hijas y que pone a prueba nuestras dotes educadoras. En estas fechas darnos un día para la reflexión viene muy bien. El día del no consumo es también un día para la reivindicación de una sociedad diferente y mejor. Dedicar un día a recapacitar sobre nuestro consumo y cuestionarnos su implicación en el desarrollo de la sociedad no es baladí.

La primera pregunta a contestar es si verdaderamente tenemos una necesidad o nos han generado esa necesidad. Si claudicamos ante necesidades que otros crean estaremos insatisfechos permanentemente. La sociedad consumista en la que vivimos, derivada de un capitalismo implacable, no tiene como objetivo satisfacer y cubrir las necesidades de los ciudadanos sino crear deseos que nos hacen cautivos de un círculo perfecto para algunos del que no podemos salir. Los deseos producen consumo, el consumo más producción, la producción más basura y más recursos naturales destruidos. Y así, los límites del planeta quedan superados. El cuidado de nuestro entorno debe situarse en el centro de nuestras prioridades y no los mercados. Seamos egoístas por una vez. Los mercados no cuidan de las personas, la Naturaleza sí lo hace. El crecimiento y el desarrollo de la sociedad no se produce sólo y exclusivamente por el crecimiento económico sino por el crecimiento y el desarrollo de las personas que conviven con el medioambiente.

Una vez establecida la necesidad de compra de un producto tenemos que seguir pensando porque antes de comprar hay otras posibilidades. Reutilizar algo que ya tenemos, repararlo si se ha estropeado, incluso pedirlo prestado si su utilización va a ser puntual pueden ser opciones magníficas antes de decidirnos por la compra. Una vez descartadas esas opciones siempre podemos decantarnos por la compra de segunda mano que alarga la vida de muchos productos.

Pero nuestra reflexión no termina ahí, un día entero dedicado al no consumo da para ahondar más en esta cuestión. Es ineludible preguntarnos cómo se ha fabricado el producto que vamos a adquirir. No basta indignarnos cuando vemos a niños y niñas explotados en fábricas de otros países. Nos tenemos que preocupar en averiguar si estamos adquiriendo productos en los que en su proceso de fabricación se ve perjudicado algún ser humano. Otra pregunta es si su producción o consumo dañan de alguna manera al medioambiente y no olvidarnos de las consecuencias que pueden derivarse de su retirada cuando dejemos de necesitarlo. De poco vale hablar del calentamiento global si seguimos consumiendo inconscientemente cosas que no necesitamos. Lo que hacemos no es consumir, es derrochar y hay que recordar que el planeta es finito. También es importante la manera en la que el producto llega a nosotros, cuánto ha viajado y desde dónde ha venido. Los productos de temporada, locales o de nuestros artesanos son magníficas opciones.

Aunque el cambio de hábitos es urgente, no nos podemos quedar en una acción individual. El problema es global y las actuaciones deben ser coordinadas y globales. Aprovechar este día sin compras para descubrir los grupos de consumo cercanos, los productores locales, los artesanos del territorio, las pequeñas cooperativas o incluso las pequeñas empresas que se distingan por su responsabilidad social, puede ser un interesante ejercicio para aclararnos en este complicado mundo de la compraventa y establecer redes que nos hagan más fuertes ante las manipulaciones. Este día nos permite darnos cuenta de la existencia de distintas y mejores alternativas, más respetuosas con las personas y con el territorio en el que vivimos.

Un consumo responsable puede ser un consumo transformador. Muchos pequeños cambios a nivel micro pueden suponer un cambio a nivel macro, sin embargo, no basta. Este día del no consumo tiene que suponer una reivindicación a la clase política para que se implique en los cambios necesarios.

Hay un verbo en castellano muy bello, chalanear, que hace referencia al que trata en compras y ventas con maña y destreza. Si estos días hemos decidido conscientemente realizar alguna compra hagámoslo chalaneando, es decir, con maña y habilidad. Sin dejarnos engañar y seguros de que con nuestra compra estamos respetando a la naturaleza y a nosotros mismos. Darnos un día para la reflexión es valiente y revolucionario, no olvidemos que nosotros tenemos, en mayor o menor medida, el poder de comprar o no. Lo importante es ejercer adecuadamente ese poder.

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión de la autora

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