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Hay que desokupar los ríos

José Luis Gallego

Una vez más el paso de un fuerte temporal de lluvias ha provocado el recrecimiento de los ríos, causando graves daños materiales en las comunidades afectadas por las inundaciones. Y lo que resulta todavía peor, ocasionando de nuevo la pérdida de vidas humanas. Y digo de nuevo porque es lamentable que este tipo de tragedias sigan sucediendo en nuestro país sin que se tome la principal medida para evitarlo: desokupar los ríos.

En España no se respeta el dominio público hidráulico. Decenas de miles de construcciones ilegales se han instalado como okupas en pleno cauce del río, en su ribera, en los cinco metros de zona de servidumbre, en los cien metros de zona de policía o en los márgenes que delimitan la zona inundable.

Son bloques de viviendas, granjas, escuelas, polideportivos, industrias, garajes y todo tipo de infraestructuras y construcciones. Las organizaciones ecologistas llevan años alertando de su existencia y denunciando que su existencia vulnera la ley y supone un grave riesgo para todos en caso de crecidas. Pero no hay manera de retirar todo eso de ahí.

Hace más de diez años Ecologistas en Acción identificó cerca de 40.000 construcciones ilegales en el dominio público hidráulico. Hoy en día son muchas más. Porque en los últimos años se ha seguido construyendo en los dominios del agua. Buena parte de ellas son las que aparecen en los telediarios cuando llegan las inundaciones, que cada vez son más graves.

Calles cubiertas de lodo, con la gente llevándose las manos a la cabeza, los enseres amontonados en la puerta y los coches sumergidos hasta el techo. Calles que en realidad eran una rambla, un torrente, una riera: calles que eran propiedad del agua.

Los informes de los expertos que analizan la evolución del cambio climático en el área del mediterráneo señalan que los episodios de lluvias torrenciales van a ser aquí cada vez más recurrentes y más violentos, por lo que, si no nos retiramos a tiempo de sus dominios, el agua nos desalojará a golpe de inundación con nuevas crecidas y avenidas, y a medida que el cambio climático avance su fuerza será tal que no habrá mota, dique ni muro de contención que logren detenerla.   

En Bruselas hace tiempo que lo saben, por eso la Directiva sobre Gestión de los riesgos de inundación en la Unión Europea establece que “aunque las inundaciones son fenómenos naturales que no se pueden prevenir totalmente, la actividad humana está aumentando la probabilidad de que se produzcan y su impacto y la escala de los daños se incrementarán en el futuro a consecuencia del cambio climático”.

Y el procedimiento correcto para hacer frente a esta situación no pasa por construir más infraestructuras de contención. Porque no se trata de intentar someter al agua, sino de devolver a los ríos la titularidad de los dominios hidráulicos.

Hay que retirar urgentemente las edificaciones e infraestructuras que invaden las zonas inundables para permitir que la dinámica fluvial recupere sus propios mecanismos de autorregulación ante las crecidas. Es urgente un plan nacional de prevención de riesgos que ordene el dominio público hidráulico y libere a los ríos de tantas construcciones okupas. De lo contrario cada vez lamentaremos más daños.

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