Los ataques rusos congelan a los ucranianos en su peor invierno: “Sin calefacción, el frío no se va del cuerpo”
Ese frío que penetra hasta el mejor abrigo. Ese frío que atraviesa capa a capa, se cuela por los pies y se enreda en la garganta. Ese que enrojece la nariz, tensa el cuerpo y lo entumece; que muerde la mano en los escasos minutos en que se libera del guante para responder un mensaje. El frío que duele, enfada y desgana. Ese frío húmedo que cala y llega para quedarse; al que un café caliente parece engañar pero no lo suficiente, porque no abandona el cuerpo, solo se duerme hasta rugir de nuevo con el siguiente contacto con el exterior.
Ese frío; pero sin calefacción, con reiterados apagones y bajo la incertidumbre constante de un nuevo bombardeo ruso que arramble con la electricidad recuperada. Ese es el frío enraizado en Kiev en el invierno más duro desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, hace casi cuatro años. Las temperaturas habían regresado a niveles algo más habituales en el país -en torno a menos 10 grados- tras la ola de frío extremo -de hasta menos 20 grados- que congeló la capital hace unas semanas, pero la intensa nevada sufrida este lunes en la ciudad y la crisis energética provocada por los ataques de Rusia sobre las infraestructuras eléctricas impiden entrar en calor a miles de ucranianos de la ciudad que continúan sin calefacción, especialmente en dos distritos de la orilla izquierda del río Dniéper.
Alrededor de 1.500 viviendas siguen sin calefacción en los distritos de Dnipro y Darnytsia, según los últimos datos de la Administración Militar de la Ciudad de Kiev. “Siento que el frío no se va a acabar de irse de mi cuerpo”, dice Victoria, mientras trata de calentarse en una de las tiendas de emergencia desplegadas por el Gobierno ucraniano por distintas zonas de la ciudad, puntos con calefacción y electricidad, donde los ciudadanos pueden calentarse, cargar sus teléfonos y tomar un plato de comida caliente para paliar las temperaturas bajo cero.
Un problema surgido en el suministro del servicio de calefacción del edificio de Oksana fue empeorando aún más tras el descenso de la potencia ligado a los ataques rusos a infraestructuras energéticas y el impacto de un dron en el vecindario, explica la ucraniana. Así, la mujer acumula más de un mes sin calefacción, durante los peores momentos del invierno, cuando las temperaturas han llegado a alcanzar los 20 grados bajo cero.
Como muchos ucranianos, este invierno Victoria se ha convertido en experta en remedios caseros para intentar subir la temperatura de su vivienda durante los repetidos apagones. Agarra su móvil y enseña varias imágenes que lo demuestran: de la pequeña cocina de gas rodeada de ladrillos refractarios, que expanden el calor generado por el fuego; hasta la creación de una suerte de botes de conservas de agua caliente, que introducía en la cama para tratar de calentarla por más tiempo. Acercar su gato a su regazo, cuenta, también le ayuda a disminuir el frío anclado en su cuerpo. Retrasar la ducha todo lo posible para evitar el momento de retirarse la ropa y mojar su cuerpo durante los días en que sus ventanas amanecían congeladas no era una elección.
“Aunque calentemos el agua, si la casa está bajo cero, se enfría y se pasa muy mal”, añade la mujer, que aún no ha recuperado la calefacción pero sí ha logrado obtener un generador que nutre de energía a todo su edificio, lo que le permite calentar parte de su vivienda con calefactores eléctricos. “Ahora sigue haciendo frío en casa, pero se puede gestionar mejor”, añade cubierta en un abrigo rojo en el interior de una de las carpas de emergencia ubicadas frente al bloque de viviendas, que ya deja ver algo de luz detrás de varias de sus ventanas.
Agencias de la ONU y las autoridades locales han alertado de que los cortes de energía en Kiev duran entre 8 y 16 horas diarias, dependiendo de la intensidad de los ataques y la temperatura. A finales de 2025 y principios de 2026, hasta el 50% de los consumidores en Kiev llegaron a quedarse sin energía al mismo tiempo, según el Ministerio de Energía de Ucrania.
Colas en puntos de emergencia
En otro barrio de la orilla este de Kiev, una caseta hinchable naranja, otra de las utilizadas para contrarrestar la crisis energética, contrasta sobre el color de la nieve que baña el distrito de Dnipro. En el exterior apenas algunos vecinos caminan con rapidez, cubiertos con su mejor ropa de abrigo, para evitar entretenerse demasiado. En el interior de la tienda, decenas de personas, la mayoría de edades superiores a 60 años, hacen fila para recibir una comida caliente. A la falta de calor en miles de casas, se suman los cortes constantes de electricidad que vive la ciudad, lo que empuja a los kievitas afectados, aquellos que carecen de generadores, a buscar la manera de calentar alimentos o recargar sus baterías portátiles y teléfonos móviles.
Oksana Koslova, de 61 años, es una de las personas que esperaba el momento de recoger un plato de comida caliente. Lo come enfundada en un gorro de lana rojo, sentada en el interior de la carpa que guarda un calor que no logra generar en su casa. Ni siquiera la vivienda donde duerme es su hogar, pues la suya propia quedó dañada tras “un ataque de un dron ruso” en las proximidades de su edificio, cuenta, que rompió los cristales de sus ventanas. Para huir del frío, se mudó temporalmente a la casa de un familiar.
Aunque sus ventanas sí aíslan del frío exterior, la vivienda tampoco obtiene el calor suficiente, desde el ataque ruso que hace menos de un mes impactó en la central térmica que abastecía a buena parte de esta zona de la ciudad. “Llevo tres semanas sin calefacción y sin agua caliente. Pero tengo al menos agua fría y algunas horas de electricidad”, explica mientras introduce en su boca una nueva cucharada del guiso que templa su cuerpo. “Así vivimos”, dice con resignación.
Cuando se mete en la cama, Oksana no se quita el abrigo. Como no es suficiente para entrar en calor, ha ideado una estrategia para templar la casa antes de dormir. “Cuando me acuesto, enciendo el fuego con el gas y caliento así un poco el piso”, reconoce mientras encoge los hombros, a sabiendas del riesgo que implica dormir con el gas encendido. A las 2 de la madrugada suena una alarma que cada noche programa para recordarse que debe apagar el gas. “Así no estoy toda la noche con ello encendido, porque es muy peligroso, pero necesito calentar la casa de alguna manera”, añade.
“Intento apagarlo antes de dormir pero a veces hace tanto frío que no lo apago. Me duermo pero pongo la alarma para despertarme de noche y apagar el gas”, explica Oksana.
Al trajín nocturno para templar la vivienda se suma el temor a los bombardeos rusos. “Por la noche llegan los demonios”, resume la señora, quien asegura que duerme vestida para estar lista para bajar al sótano y protegerse en caso de que suenen las alarmas de la ciudad. “Cuando recibo la notificación de que ya no hay riesgo, bajo al supermercado para estar allí un rato y calentarme. Luego, vengo a la carpa para recoger la comida que traen los voluntarios y cargar mi teléfono”, detalla la mujer sobre su rutina diaria durante este invierno. A las 18 horas, ya de noche, regresa a casa y enciende las velas colocadas estratégicamente por toda su vivienda.
La misión de Observación de las Naciones Unidas en Ucrania ha llamado la atención sobre algunos de los grupos de personas especialmente afectados por la suspensión prolongada de los servicios básicos. Los cortes de electricidad han obligado a las personas con movilidad reducida o nula a permanecer en sus hogares durante los cortes, cuando los ascensores dejan de funcionar, sostienen en un comunicado reciente.
Los ataques rusos contra infraestructura energética dañaron la planta térmica de Darnitsca (TEC 4 de Kiev). La enorme chimenea que antes abastecía de agua caliente a 300.000 residentes, escuelas y hospitales en los distritos de Dnipro y Darnytsia de Kiev, sigue presentando tres semanas después importantes destrozos, mordiscos provocados por los bombardeos masivos con los que Rusia ha provocado una crisis energética que congela a la población ucraniana.
Último ataque masivo
La nieve caía con fuerza en Kiev en las últimas 24 horas, los coches conducían con precaución tras la nueva tormenta y las temperaturas, después de cierto respiro, volvían a descender este lunes en la capital de Ucrania. “Hace más frío, ha nevado, todo nos indica que habrá un nuevo ataque masivo”, avisaba Igor, oficial del Ejército ucraniano en Kiev. Horas después, de madrugada, su pronóstico se cumplía.
Rusia perpetró un nuevo ataque contra Ucrania a pocas horas de que se reiniciaran los contactos para un acuerdo de paz entre ambos bandos en Ginebra, auspiciados por EEUU. Durante la noche, las fuerzas de Moscú lanzaron cerca de 400 drones y 29 misiles de diversos tipos, incluidos balísticos, según ha informado el presidente Volodímir Zelenski, quien ha denunciado que se ha tratado de un “ataque combinado, calculado deliberadamente para causar el mayor daño posible” al sector energético del país.
En total, 12 regiones del país fueron atacadas este martes, según Zelenski, que también indicó que más de diez edificios residenciales e infraestructura ferroviaria han resultado dañados. Varias personas han resultado heridas en diversos puntos del país, de Jersón a Járkov, según los diversos balances de las autoridades regionales. En Sumy, una mujer de 68 años ha fallecido, según la Fiscalía, y otros tres trabajadores de la central térmica de Sloviansk, en la región de Donetsk, también han perdido la vida tras el ataque de un dron ruso contra su vehículo, según el Ministerio de Energía.
La noche siguiente, durante la madrugada de este miércoles, no han sonado las alarmas de la ciudad. Oksana no ha tenido que bajar al sótano a toda prisa, Victoria no ha corrido hacia el pasillo, lo que sí habrán notado al amanecer es más frío que ayer. Las temperaturas han bajado un poco más y lo seguirán haciendo hasta el fin de semana, según los pronósticos. Y ese frío, además de desganar y agarrotar, también activa la tensión de quienes aseguran conocer la estrategia bélica de Rusia en un invierno en el que las condiciones meteorológicas también se han utilizado como arma de guerra.
“Hace menos grados que ayer. Esta noche puede haber un ataque más fuerte”, vuelve a escucharse por Kiev, mientras miles ciudadanos ucranianos de la orilla este salen de casa un día más en busca de una taza de café caliente para engañar al frío.
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Texto: Gabriela Sánchez.
Fotografía: Jairo Vargas.
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