Los ataques rusos que intentan congelar a los ucranianos en su peor invierno
Ese frío que penetra hasta abrigada. Ese frío traspasa capa a capa, se cuela por los pies y, hora a hora, se enreda en la garganta. Ese que enrojece la nariz y tensa el cuerpo hasta entumecerlo. Que muerde la mano y la adormila en el minuto que intenta liberarse del guante que le impide responder a un mensaje. Que duele, desgana y enfada. Ese frío húmedo que cala y llega para quedarse; al que un café caliente parece engañar pero no lo suficiente, porque no abandona el cuerpo, no tan fácil, solo se duerme hasta rugir de nuevo con el siguiente contacto con él.
Ese frío; pero sin calefacción, con reiterados apagones y bajo el riesgo constante de bombardeo que arramble de nuevo con la electricidad recuperada. Ese frío enraizado en Kiev en el invierno más duro desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania hace casi cuatro años. Si bien la ola de frío extremo que congeló la capital del país hace unas semanas parece haber remitido, la intensa nevada sufrida
La nieve caía con fuerza en Kiev en las últimas 24 horas, los coches conducían con precaución tras la nueva tormenta y las temperaturas, después de cierto respiro, volvían a descender este lunes en la capital de Ucrania. “Hace más frío, ha nevado, todo nos indica que habrá un nuevo ataque masivo”, avisaba Igor, oficial del Ejército ucraniano en Kiev. Horas después, de madrugada, su pronóstico se cumplía.
Rusia ha lanzado un nuevo ataque contra Ucrania a pocas horas de que se reinicien los contactos para un acuerdo de paz entre ambos bandos en Ginebra, auspiciados por EEUU. Durante la noche, las fuerzas de Moscú han lanzado cerca de 400 drones y 29 misiles de diversos tipos, incluidos balísticos, según ha informado el presidente Volodímir Zelenski, quien ha denunciado que se ha tratado de un “ataque combinado, calculado deliberadamente para causar el mayor daño posible” al sector energético del país.
En total, 12 regiones del país han sido atacadas, según Zelenski, que también indica que más de diez edificios residenciales e infraestructura ferroviaria han resultado dañados. Varias personas han resultado heridas en diversos puntos del país, de Jersón a Járkov, según los diversos balances de las autoridades regionales. En Sumy, una mujer de 68 años ha fallecido, según la Fiscalía, y otros tres trabajadores de la central térmica de Sloviansk, en la región de Donetsk, también han perdido la vida tras el ataque de un dron ruso contra su vehículo, según el Ministerio de Energía.
En la capital, faltaban unos minutos para las 5:00 de la madrugada, cuando las sirenas han comenzado a sonar. Muchos ciudadanos, ya acostumbrados, han abierto un ojo desde la cama, han cogido su móvil y han mirado uno de tantos canales de Telegram donde avisan de los drones o misiles detectados y la dirección aproximada de estos, para, entre sueño y sueño, decidir si merece la pena bajar al sótano o seguir en la cama.
“Tenía mucho sueño. He visto que lo que se dirigía hacia aquí no era algo alarmante y he seguido durmiendo”, dice Yuri, de 36 años. El ucraniano se encuentra en Kiev pero procede de Odesa, una de las regiones más afectadas por este último ataque masivo. Allí se encuentra su mujer y su hijo. A primera hora, confirma que todo está bien en casa. “Mi mujer no se ha despertado, aunque un edificio relativamente cercano ha sido afectado”, dice, mientras comenta la profundidad del sueño de su pareja, evidenciando la normalización por parte de los ucranianos de este tipo de ataques masivos rusos.
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