De perderlo todo por la dana de Valencia a triunfar con una tienda en Las Majadas: “Siempre hay una salida”
En Las Majadas, todo el mundo está encantado con Kiara. “Las mujeres mayores enseguida me dicen que se la deje un ratito”, cuenta su madre, Verónica Fernández. La pequeña tiene dos años y medio, empezó a caminar hace poco y en el pueblo ya la conocen todos.
La familia llegó desde Valencia a esta localidad conquense de apenas 200 habitantes hace poco más de un año, después de dejar atrás una vida condicionada por un diagnóstico médico inesperado y un negocio arrasado por la dana en octubre de 2024, justo cuando estaban a punto de abrir. Todos esos factores se sumaron para que tanto Verónica como su marido, Juan Armada, decidieran hacer las maletas para abrir El Rincón de Kiara, una tienda de productos locales y artesanía en plena Serranía de Cuenca.
La idea de cambiar de vida había empezado antes. Juan, de 42 años, había trabajado como albañil y después pasó trece años en la UME, pero un accidente truncó aquella etapa. “Me pusieron titanio en las dos piernas y perdí las aptitudes psicofísicas para el desempeño de mis funciones”, recuerda. Por su parte, Verónica, de 35, trabajaba desde hacía más de una década en una fábrica de alimentación cárnica, donde llegó a ser encargada de línea.
Pero la pareja tenía claro que quería cambiar de vida, un anhelo que se incrementó tras el diagnóstico de Kiara. Con cuatro meses de vida, a la pequeña le detectaron amaurosis congénita de Leber, una enfermedad rara que provoca ceguera.
La dana arrasó con el camping que iban a abrir en Cheste
Fue entonces cuando se animaron a realizar un cambio de rumbo y montaron un camping en Cheste. Lo tenían prácticamente listo para abrir justo antes de las carreras de motociclismo que se iban a celebrar en noviembre de 2024, pero, el mes anterior, llegó la dana que inundó Valencia. “Arrasó con todo lo que teníamos preparado. Estaba listo para abrir”, recuerda Verónica. El agua destruyó el camping y también afectó a parte de su vivienda. “Fue la gota que colmó el vaso”, resume Juan. Esa circunstancia, sumada al diagnóstico de Kiara, fue la que les dio el impulso definitivo.
“Pensamos que allí había mucho ruido, mucha masificación”, recuerda Verónica sobre la vida que tenían en Valencia. El matrimonio consideró que se trataba de un ambiente poco acogedor para criar a una hija con ceguera, en la que el sentido del oído va a jugar un papel fundamental a la hora de relacionarse con el entorno. Por eso, la familia decidió apostar por un lugar “más tranquilo y natural, donde ella pudiera pasear tranquilamente y nosotros estuviéramos seguros de que todo el mundo la iba a conocer”, afirma la madre.
Encontraron ese lugar en la Serranía de Cuenca, donde se instalaron en febrero del año pasado. Primero estuvieron trabajando en unos alojamientos rurales de El Hosquillo y después apareció la oportunidad de instalarse en Las Majadas, donde inauguraron El Rincón de Kiara justo el 30 de octubre, día en que la pequeña cumplió dos años.
Así nació la tienda que hoy gestionan. Se trata de un pequeño supermercado donde venden quesos, embutidos, infusiones artesanas, jabones naturales y velas de cera de abeja, entre otros productos. También tienen un pequeño rincón con productos valencianos, para tener siempre presentes sus raíces. “Apostamos mucho por lo artesano y por los productos naturales, que desgraciadamente cada vez quedan menos”, explica Verónica.
Con el tiempo han aprendido a hacer pan y magdalenas en un horno de leña tradicional que ya existía en la nave. Su 'profesora' fue una panadera de la zona que iba a dejar el oficio por motivos de salud, por lo que Verónica y Juan decidieron tomar el relevo para que el pueblo no perdiera el servicio. Ahora reciben clientes de otros municipios que llegan buscando los productos de su obrador, “porque les han dicho que hacemos unas magdalenas y un pan estupendo”, presume Verónica, que asegura que eso les “inspira” a seguir hacia adelante.
Aparte de a vecinos y vecinas, El rincón de Kiara también recibe a turistas que llegan atraídos por los encantos de esta zona, ya que la mayoría visitan el entorno natural, pero apenas encontraban comercios con gastronomía o artesanía local.
A pesar de que no todo es idílico -no tienen en Las Majadas más familia aparte de ellos tres y los inviernos son duros- los padres de Kiara tienen la sensación de haber encontrado un lugar donde su hija puede crecer de otra manera.
“Kiara necesita escuchar para saber, para ver”, explica su madre. “Su vista entra por los oídos y por el tacto”. En el campo escucha el agua, el aire o los animales. Y eso, dice, cambia completamente su relación con el entorno. “Kiara puede ver la naturaleza aunque no tenga visión”.
La niña todavía no tiene un diagnóstico definitivo sobre el grado exacto de visión que conserva. Sus padres creen que aprecia cambios de luz, aunque las pruebas aún no son concluyentes. Mientras tanto, se mueve sin miedo. “Los vecinos alucinan porque no parece que no vea”, cuenta Verónica. “Es tan aventurera y tirada para adelante que no hay nada que la frene”.
Y a pesar de los prejuicios que recaen a menudo sobre las zonas rurales, Verónica y Juan explican que su hija está bien atendida y que no les faltan servicios. “Hay mucha gente que cree que aquí estás desatendido, pero tenemos escuelas, transporte y médicos. No nos hace falta nada”, aseguran. Kiara acude a un CRA, un colegio rural agrupado, donde comparte clase con solo seis niños. “En Valencia habría estado en un aula con treinta alumnos”, asegura Verónica, que también pone en valor la labor de la ONCE, que trabaja con Kiara dos días a la semana. “Es un trato mucho más familiar y personalizado”.
Hay mucha gente que cree que aquí estás desatendido, pero tenemos escuelas, transporte y médicos. No nos hace falta nada
Así que la familia mira al futuro y se sigue viendo en Las Majadas. Por eso, quieren que El Rincón de Kiara siga creciendo y vaya a más. Ya planean la apertura de una página web para vender productos artesanos. Y quieren también que su historia sirva para otras familias que atraviesan situaciones parecidas. “No se frena la vida con un caso así”, dice Verónica. “Al contrario. Siempre hay una salida para todo”.
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