La especulación inmobiliaria cierra Pérgamo, la librería más antigua de Madrid: “No nos renuevan el alquiler”
“Ahora lo que queremos es celebrarnos. Venderlo todo y empezar en otro sitio, todavía no sabemos dónde ni cuándo”. Pablo Cerezo mira al futuro sin temor y con algo de resignación, o al menos eso transmite el día en el que han comunicado la noticia que nunca quisieron dar: la librería Pérgamo, la más antigua de Madrid y de la que es responsable desde 2022 junto con María Treviño, cierra sus puertas el próximo 17 de noviembre.
Ubicada en el número 24 de la calle General Oráa, en el pudiente distrito de Salamanca, abrió sus puertas en 1946. No en vano, celebraron el 80º aniversario con un vermut literario el pasado 26 de septiembre. Aquella jornada Pablo y María ya sabían el porvenir que les esperaba, pero solo allegados y clientes habituales del barrio conocían una inminente clausura que han hecho pública este martes con una entrevista en la Cadena SER.
Desde entonces, las llamadas se han sucedido y las visitas tampoco cesan en el local. Este respaldo masivo complica la conservación con Somos Madrid, pero Pablo y María (que sacan adelante el negocio junto a otra empleada, Nicole) siempre acaban encontrando el momento y la manera de transmitir su amor por la literatura en general y por este espacio en particular. Aunque sea para abordar un desenlance, o un punto y aparte, tan descorazonador.
“En estos cuatro años y medios tan intensos que llevamos al frente de Pérgamo las dueñas no nos han aplicado ninguna subida del alquiler, que estaba a precio de mercado, pero ya llegábamos justos a cubrir gastos. Además, el hecho de renovar el contrato año a año nos generaba mucha incertidumbre. Nunca sabes cuándo va a pasar lo que nos acaba de ocurrir”, cuenta Pablo.
Fue a mitad de septiembre cuando recibieron el jarro de agua fría: “Nos comunicaron que no somos las personas más apropiadas para continuar con el local y no nos van a renovar el alquiler”. Pablo vincula la situación a la especulación inmobiliaria, meses después del traumático cierre de Tipos Infames en Malasaña y tras el anuncio de El Aleph, en la calle de Ferraz, sobre su inminente clausura el 28 de diciembre. De hecho, no es que las caseras de Pablo y María busquen otros libreros, de hecho sería difícil que cualquier profesional logre la dedicación o el impacto cultural y en redes de los actuales, sino que previsiblemente se plantean vender el inmueble o alquilarlo con otro uso.
La búsqueda de una alternativa refleja la inaccesibilidad del alquiler para proyectos culturales que necesitan un buen espacio y ciertos recursos
De hecho, tras su primera clausura en 2022, el negocio estuvo a punto de convertirse en una pizzería. Las hermanas Ana y Lourdes Serrano, hijas del catedrático republicano represaliado por el franquismo que fundó la librería en los años más férreos de la censura, pusieron fin a esta etapa poco después de la pandemia. La intervención de un anónimo inversor mexicano-gallego permitió retomar la actividad y mantener la librería, con Pablo y María al frente. “Se dice que en este barrio hay mucho nivel económico, pero es más importante el cultural”, declaraba Lourdes a elDiario.es cuando que parecía la literatura no regresaría ya al establecimiento cuatro años atrás. Ahora, en cambio, han cambiado de opinión.
Su padre, Raúl Serrano, era profesor de Lengua y Literatura en la Universidad Complutense hasta que fue desposeído de la plaza al acabar la Guerra Civil, de la que se libró por su miopía. El académico optó entonces por dedicarse a los libros desde otra perspectiva. Unos familiares asturianos con posibles pusieron el dinero para la aventura, cuando la localización actual era casi el extrarradio de la capital. El profesor librero nunca abdicó de sus ideas. Todos los 14 de abril el negocio cerraba y los empleados recibían un aguinaldo. Con la llegada de la presidencia tambión recuperó su cátedra, otorgada de nuevo por Felipe González en 1982. “Hizo muchas cosas buenas… Pero la pasta es la pasta”, opinaba paradójicamente sobre la trayectoria del expresidente Ana Serrano.
Pablo y María no se amilanan y prometen retomar Pérgamo lo antes posible, “con el mismo nombre y el mismo espíritu”: “No tenemos claro dónde iremos o si continuaremos por la zona, pero sigue el entusiasmo del proyecto, aunque termina la historia en esta ubicación”, dice ella. Admite, eso sí, que la búsqueda para dar con una alternativa “refleja la inaccesibilidad del alquiler para proyectos culturales que necesitan un buen espacio y ciertos recursos”. Por suerte, no pierde la esperanza: “Espero que con este anuncio se levanten manos y alguien o mucha gente nos eche un cable. Somos optimistas”.
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