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Una crisis sin fin: perdedores y ganadores

Olga Salido Cortés

Durante algunos años nuestro país se asemejó al jardín del Edén: vivíamos en un sueño de crecimiento continuo, en el que aumentaba el empleo -si bien no con los niveles deseados de calidad y estabilidad- a un ritmo sin precedentes. La actividad económica era pujante y nos permitía aproximarnos a los valores europeos en riqueza, renta y consumo. España era puesta como ejemplo de economía dinámica, con una alta capacidad para crear empleo, mientras las cifras históricas de desempleo, que no más de una década atrás superaban el 20%, se veían reducidas al 8,5%.

En este contexto, los ciudadanos nos vimos envueltos en una espiral de crecimiento y endeudamiento que, impulsada por un acceso fácil al crédito y los bajos tipos de interés, alimentó la sensación de que la situación económica de las familias -y del conjunto del país- era inmejorable y, lo que es más, continuaría siéndolo indefinidamente. Sin duda había razones para creerlo: por ceñirnos sólo al período inmediato al estallido de la crisis, entre 2004 y 2007 la renta real de los hogares había crecido un 16,2% a precios corrientes (5,9% controlando por la inflación) (INE, Encuesta de Presupuestos Familiares). Cada hogar tenía unos 3600 euros más en media que al inicio del período y, por primera vez, el nivel adquisitivo medio de las familias españolas se situaba por encima de la media de la Unión Europea.

Durante los años de bonanza económica, la sociedad española se hizo más rica en su conjunto sin que las desigualdades aumentaran. En 2004, el 10% más rico atesoraba 8,5 veces la renta de los más pobres, una ratio que apenas había variado en 2007. No es que el paraíso fuera el reino de la equidad, pero cada cual mantenía su posición relativa prácticamente estable. Esto, unido a la sensación de progreso económico a nivel individual y de país, hacía que la desigualdad ocupara un lugar muy lejano en las preocupaciones de la gente. Quizá fuera hiciera frío, pero para otros. Los más desfavorecidos en cuanto a sus oportunidades de empleo y renta, los jóvenes, solventaban el expediente prolongando la permanencia en el hogar paterno hasta que la situación laboral mejorase. Y mientras tanto, participaban de la rueda del consumo... Algo similar ocurría con los inmigrantes, que se unieron a la burbuja de crecimiento, cumpliendo un papel crucial para el círculo virtuoso del “milagro” español.

¿Qué ha ocurrido desde el estallido de la crisis? El sueño desapareció como por encanto. Ya no estamos en el país de la bonanza económica, volvemos a ser el país de las altas cifras de paro y Europa mira con recelo nuestras alegrías durante los años pasados. Mientras tanto, la economía real se desploma. En apenas cuatro años, la renta media de los hogares ha caído un 5,4% a precios corrientes, un 13,4% si descontamos el efecto de la inflación. Además, la situación se vuelve especialmente crítica para los que están más abajo en la escala social. La renta del 10% más pobre pasó del 2,6% al 1,6%, y la ratio entre la primera y última decila de renta pasó de 9 a 15 veces...

Los efectos están siendo más duros para los que se encuentran en edad de trabajar, especialmente entre los más jóvenes, y para los hogares con niños dependientes. Sólo algunas cifras valen como ilustración: de los 835.900 empleos destruidos en el último año, un 81% corresponden a menores de 35 años y algo más de uno de cada 3 hogares encabezados por un menor de 30 años tienen dificultades para llegar a fin de mes. Sólo los hogares encabezados por mayores de 65 años mantienen su capacidad adquisitiva, convirtiéndose en pieza clave del sistema de bienestar familiar y social. Mientras los productos de marcas blancas llenan las neveras de los nuevos consumidores, la incertidumbre sobre el futuro se cierne como un losa sobre los ciudadanos. Todos perdemos, aunque algunos más que otros. ¿Cuándo estas cuestiones pasarán a formar parte de la agenda prioritaria de los políticos?

Recursos relacionados

Economía de guerra familiar, Joaquín Estefanía.

Documento “Los ciudadanos españoles ante la crisis”.

Los ciudadanos españoles frente a la crisis

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