Sobre este blog

Amnistía Internacional es un movimiento global de más de 7 millones de socios, socias, activistas y simpatizantes que se toman la lucha contra las injusticias como algo personal. Combatimos los abusos contra los derechos humanos de víctimas con nombre y apellido a través de la investigación y el activismo.

Estamos presentes en casi todos los países del mundo, y somos independientes de todo Gobierno, ideología política, interés económico o credo religioso.

Dentro del laberinto

Protesta de mujeres contra la nueva ley restrictiva contra el aborto en Polonia

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Laberinto: lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida.

En muchos países, las restricciones al aborto forman un laberinto en el que quedan encerradas las mujeres y sus derechos. Parece como si las autoridades no quisieran que las mujeres y las niñas acertaran con la salida. Así, las opciones que quedan son drásticas e inseguras. Los abortos se siguen realizando, independientemente de lo que dicten las leyes que en distintos lugares del planeta imponen barreras a su acceso: en el mundo el 25% de los embarazos cada año acaban en aborto. La cuestión clave es que, cuando el aborto se realiza de forma legal y segura, es uno de los procedimientos médicos con menos riesgos, mientras que cuando se realiza en situación precaria y de ilegalidad puede tener consecuencias fatales y se convierte en la tercera causa más habitual de muerte materna del mundo.

Muchísimas mujeres siguen exponiéndose a abortos clandestinos porque en sus países el acceso al aborto está, o bien limitado, o bien completamente restringido. En los países en los que el acceso está restringido, las excepciones previstas son reducidas, los trámites y requisitos estigmatizantes. En El Salvador el aborto está absolutamente prohibido, hasta tal punto que incluso las emergencias obstétricas están penadas con cárcel. En Liechtenstein, por ejemplo, las restricciones son tan extremas que el aborto tan sólo está permitido cuando la vida o salud de la mujer está en riesgo o el embarazo es producto de una violación.

En el caso de las excepciones, las que suelen considerarse son malformaciones graves del feto, que exista riesgo importante de salud para la persona embarazada o que el embarazo sea resultado de violación. Sin embargo, la mayoría de los abortos se realizan por motivos distintos a esas excepciones, con lo que muchas mujeres acaban recurriendo a procedimientos que las ponen en peligro. Esto afecta especialmente a mujeres en situación de pobreza y marginalidad: mientras que mujeres de alto nivel adquisitivo podrían procurar servicios legales y seguros por la vía privada o en otros países, para aquellas que no disponen de medios suficientes la única opción restante es someterse a un procedimiento innecesariamente peligroso.

Un primer paso para evitar los abortos clandestinos, aparte de abandonar legislaciones restrictivas y discriminatorias a la hora de acceder a procedimientos legales y seguros, es facilitar el acceso a la educación sexual y a los métodos anticonceptivos: se realizan más abortos en países en los que el acceso a ambos está limitado.

El aborto en tiempos de pandemia

Situaciones externas, ajenas a las legislaciones de un país, pueden agravar estas situaciones de riesgo ya existentes. Momentos como los que ahora vivimos, en medio de una pandemia que ha trastocado todos nuestros esquemas y estructuras y capacidades sanitarias hacen aún más difícil el acceso a estos procedimientos.

En Europa, la mayoría de países en los que el aborto no se encuentra en situación de ilegalidad, no se han tomado medidas para asegurar el acceso seguro y a tiempo a servicios de salud sexual y reproductiva, provisiones médicas e información durante la pandemia. Tampoco han eliminado requisitos médicos innecesarios que dificultan el proceso siempre, pero, especialmente en estos momentos, ni han facilitado que las mujeres que quieran acceder a un aborto farmacológico pudieran hacerlo de forma segura desde sus casas cuando han estado confinadas. En todo caso, hay muchos lugares, hospitales, clínicas, que a causa de la decisión de priorizar el cuidado contra el coronavirus, han reducido a mínimos los servicios de salud sexual y reproductiva, dejando a muchas mujeres en una situación muy vulnerable, más a las que ya antes se encontraban en situación de marginalidad.

E incluso con la dificultad que añade la pandemia, hay gobiernos que quieren poner más trabas a un proceso ya demasiado difícil, como en Polonia o Eslovaquia. El parlamento eslovaco se encuentra en medio de debates acerca de un nuevo proyecto de ley que pretende extender el doble el período obligatorio de espera antes de acceder a un aborto, además de imponer nuevos niveles de autorizaciones médicas e introducir un nuevo requisito que obligaría a las mujeres a declarar el motivo por el que desean acceder a un aborto. Además, también pretende limitar la información que puedan dar los profesionales médicos y reforzar el carácter disuasorio de dicha información. Este proyecto de ley es una violación directa de los derechos de las mujeres a la salud, privacidad, información y dignidad.

A pesar de todos estos obstáculos con los que se encuentran las mujeres en la actualidad y de los empeños de algunas autoridades de que se amplíen todavía más esas dificultades, gracias al trabajo de quienes quieren construir un mundo mejor, incluso ahora hay buenas noticias que celebrar. Recientemente se ha confirmado la sentencia absolutoria a Evelyn Hernández, que había sido injustamente encarcelada por una emergencia obstétrica en El Salvador, país que penaliza el aborto en absolutamente todas las circunstancias, incluso en estas emergencias.

Entre todas conseguiremos salir del laberinto.

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Estamos presentes en casi todos los países del mundo, y somos independientes de todo Gobierno, ideología política, interés económico o credo religioso.

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28 de septiembre de 2020 - 06:00 h

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